Hablar dos idiomas con fluidez es una ventaja indiscutible, pero no equivale a ser traductor profesional. El bilingüismo permite la comunicación, mientras que la traducción exige precisión, análisis, conocimientos técnicos y una formación especializada. La diferencia entre ambos perfiles es significativa, especialmente cuando se trata de interpretar documentos técnicos, literarios, legales o especializados sin perder el sentido, el estilo ni la intención del original.
Karina Azanza, traductora certificada en Ontario y otras provincias canadienses, destaca que traducir va mucho más allá de saber dos lenguas: implica comprender contextos culturales, adaptar registros lingüísticos y garantizar que el mensaje mantenga su integridad en ambos idiomas. Esta labor requiere formación académica, práctica continua y un alto nivel de responsabilidad profesional.
Para ser traductor se necesita más que ser bilingüe
Una investigación realizada por Angélica Povea y Pablo Flores, egresados de la carrera de Traducción Inglés-Español en INACAP, demostró que las personas bilingües sin formación formal en traducción cometen errores más graves y frecuentes que quienes han recibido entrenamiento académico. Estos errores afectan el sentido original del texto, especialmente cuando se trata de temas técnicos o especializados.
La tesis —que comparó el trabajo de traductores amateurs con el de estudiantes profesionales— concluyó que saber dos idiomas es apenas una de las muchas competencias necesarias. El estudio destaca que ser traductor exige dominio de áreas como terminología, documentación, técnica, gramática, estrategia de traducción, y más.
Además, se requiere una preparación académica que forme en aspectos culturales, éticos y comunicacionales, fundamentales para entregar un trabajo preciso y profesional.
