Por: Lucas Rosatto
Twitter: @lrosattoho88
Toronto Maple Leafs volvió a fallar en casa y cerró su seguidilla como local sin respuesta. La derrota por 7-4 ante Buffalo Sabres profundizó un momento crítico y dejó al equipo cada vez más lejos de la zona de clasificación.
Toronto cerró su tramo en Scotiabank Arena con un récord de 0-4-1, sumando su quinta derrota consecutiva y quedando a ocho puntos de los puestos de Wild Card. Un balance que expone no solo los resultados, sino también la falta de reacción en un contexto donde el margen de error empieza a agotarse.
El quiebre definitivo llegó apenas iniciado el tercer período. Alex Tuch necesitó solo 16 segundos tras asistencias de Tage Thompson y Mattias Samuelsson, para marcar el 5-3 que terminó de sentenciar el partido. Fue el golpe final en un encuentro donde Leafs nunca logró imponer ritmo ni intensidad, una constante que se repitió a lo largo de toda la serie de juegos como local.
Las estadísticas reflejaron esa diferencia. Buffalo dominó en tiros al arco (31-23) y fue claramente superior en los dos primeros períodos, con 10 y 16 remates, frente a 6 y 7 de Toronto. Recién en el tercer parcial, empujado por la urgencia de recortar el marcador, Leafs reaccionó con 10 tiros, pero ya sin lograr cambiar la historia.
En el juego sin puck también hubo contrastes. Toronto ejerció menos presión que el visitante, forzando 11 giveaways y recuperando 8 pucks, con un forecheck contenido. Sabres, en cambio, fue más agresivo: cometió 24 giveaways y solo logró 5 takeaways, asumiendo riesgos que, pese a la desprolijidad, terminaron siendo suficientes para quedarse con el triunfo.
La postemporada, cada vez más lejos
Buffalo llegó a Toronto con el momentum a tope: 19-3-1 en sus últimos 23 partidos, una racha que impresiona y que ayuda a explicar las diferencias vistas sobre el hielo ante los dirigidos por Craig Berube. Para Maple Leafs, la derrota fue la quinta consecutiva, todas ante equipos ubicados top 3 en sus respectivas divisiones: Minnesota Wild, Detroit Red Wings, Vegas Golden Knights, Colorado Avalanche y ahora Sabres.
El límite empieza a ser evidente. Toronto no está al mismo nivel que los equipos de postemporada, y el contexto obliga a pensar en decisiones de roster de cara al parate por los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina. La lógica que sostuvo al equipo durante casi una década —con nueve clasificaciones consecutivas a playoffs— parece llegar a su fin, y el rol histórico de buyer empieza a virar peligrosamente hacia el de seller de cara al trade deadline.
La frustración también se reflejó puertas adentro. “No estamos jugando nuestro mejor hockey. Tenemos buenos pasajes, pero no podemos permitirnos recibir tantos goles”, reconoció Matthew Knies. “Es inaceptable y no se ganan partidos. Tenemos que controlar los primeros y últimos cinco minutos de cada período y jugar hockey sólido durante 60 minutos”.
Berube fue todavía más directo tras el partido. “Hasta que no hagamos las cosas bien y mantengamos el puck fuera de nuestra red —incluyendo a los arqueros— esto es lo que va a pasar”, sentenció. “Marcamos goles suficientes en esta serie de partidos en casa como para ganar, pero no cuidamos nuestra propia red”.

