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Concurso literario de cuentos: Nuestra Palabra
 
 
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» Concurso Nuestra Palabra Versión 2004

 
 
 
2º Concurso de Cuentos nuestra palabra 2005
Se anunciaron los ganadores

Cierre del concurso con ceremonia oficial de premiación

El concurso de cuentos “Nuestra palabra”, organizado por Guillermo Rose y TorontoHispano.com, culminó exitosamente el martes 8 de noviembre con el anuncio público de los nombres de los autores y cuentos ganadores de esta segunda edición. El jurado conformado por Margarita Feliciano, Ramón de Elía, Alex Zisman y Jorge Etcheverry, mediante calificación individual, en dos rondas eliminatorias, determinó los cuentos que obtuvieron menciones honrosas, así como aquellos que merecieron los tres primeros lugares.

Yoel Isaac: Ganador del primer premio El ganador del primer premio es Yoel Isaac Díaz León, quien con el seudónimo Old Man, presentó el cuento “Miedo viejo”. El cuento ganador transcurre en La Habana y narra una visita a dos viejos amigos, una invitación a almorzar y las sensaciones encontradas y apasionadas del visitante. Díaz León es cubano, reside en Toronto desde noviembre del año pasado. Yoel, quien ha obtenido algunos premios y menciones honrosas literarias en Cuba, se hizo acreedor al Primer Premio y a $500.

El segundo premio fue para Angel Fernández “Gélico”, por el cuento Marte Idilia. En “Marte Idilia” recorremos dos momentos en la vida de una mujer, uno esplendoroso y apasionado, el otro triste y decadente. Gélico, también cubano, ha estado involucrado en el mundo artístico desde muy temprana edad. Además de un excelente narrador, es dibujante humorístico, diseñador gráfico y caricaturista. Se encuentra en proceso de edición de tres libros. Reside en Toronto.

El tercer premio es para Luis Nieto, venezolano, residente en Toronto, por su cuento “El ahogado del Río Tocuyo”. Se desarrolla en 1967, cuando un jovencito realiza una visita familiar a un pueblo alejado para pasar unos días y se ven envuelto en una aventura juvenil peligrosa, emocionante y policial, que marca su vida. Nieto es Ingeniero, gerente de Ciencias Ambientales que alterna sus actividades gerenciales con artículos para la prensa canadiense y estadounidense y, ahora, para que lo podamos disfrutar, con emocionantes cuentos de los que esperamos ver más.

Un total de quince menciones honrosas se otorgaron a los siguientes autores por sus cuentos, en orden alfabético por nombre del autor: Alejandro Saravia, por “Los osos de Port Churchill”; Alejandro Segura Loarte por “Ingrid”; Angel Fernández “Gélico” por “La dama del Chat Jaune”; dos menciones honrosas para Claudio Kuczer, por “El ascensorista” y “El descarte”; Constanza Rojas-Primus por “La iniciación”; Fernando Lobaina por “Catástrofe”; Herley Ramirez por “Un común presentimiento”; Irania Ledesma por “La canalla”; Luis Casuso por “En la habitación”; Luz Marina Ortiz por “El desenlace”; María del Rocío Acosta de Zupanc por “La puerta abierta”; Orestes Puente por “El peso de un letrero que no debí leer”; Pastor Valle-Garay por “Mi arce en arce” y Ramón Sepúlveda por “La leona en el museo”.

A partir de esta semana, los cuentos se publicarán semanalmente en TorontoHispano.com en la sección especial de Nuestra Palabra. Visite constantemente esa sección para leer los excelentes cuentos que participaron este año en el concurso. Así mismo, en la primavera 2006 se anunciará el lanzamiento del próximo concurso. Para información sobre el concurso, por favor contactar a Guillermo Rose al (905) 472-4205 o a guillermo@torontohispano.com

 

A continuación presentamos el cuento ganador:


Miedo viejo

por Yoel Isaac Díaz León

PRIMER PREMIO en el Concurso de Cuentos nuestra palabra 2005

Otra vez he estado a unas cuadras de la casa de mis amigos, cerca de la Calzada de Infanta. Otra vez no he llegado a verlos. Uno de ellos ya cumplió 65 años; el otro 68. Cada diciembre cuando regreso a la Habana siento el impulso de pasar a saludarlos, pero en el último momento no voy más lejos de la parada del ómnibus. Allí me quedo mientras mi mirada sigue la calzada hasta San Miguel, derecha, izquierda, luego derecha de nuevo. Me detengo ante el edificio y miro hacia arriba. Subo las escaleras y toco la puerta.

Uno de los dos abre. El otro está sentado en el butacón de la sala y se levanta al verme. Ambos me abrazan. Amigos..., es tan bueno verlos bien. Me emociona la manera sencilla en que me quieren. Sé de sus miserias, de sus luchas y golpes bajos por sobrevivir en este mundo hostil. De cierta forma me alegra encontrar aún en ellos esa reserva de maldad imprescindible, subyacente y algo ingenua, que esgrimen ante mí como carta de triunfo. En otro tiempo yo también pude ser víctima de su mala fe y sus jugarretas, pero acaso logré hechizarlos con mi forma y me gané su cariño, casi ajeno al mundo existente de la puerta para afuera. Mi victoria me hizo amarlos.

Me invitan a almorzar y acepto, aún cuando sus calduchos me dan asco, sospecho de los vasos en que me brindan el agua, también sospechosa y no me fío del olor que sale del fregadero. Pero por nada del mundo rehusaría a darles la felicidad reflejada en sus rostros cuando me sirven y me ven comer a su lado. Nuestras conversaciones son las mismas de siempre: lo inaguantable de la situación y la conclusión inexorable de que hice bien en irme al menos yo; ellos para qué...

Al terminar el almuerzo me acuesto, en una de las camas. Antes me quito la camisa y los zapatos con ademanes casi pícaros. Cierro los ojos y no me importa sentir mi cuerpo recorrido por sus miradas o la mano deslizándose por mi espalda mientras me cuentan alguna nimiedad que probablemente ni recuerde luego. Tampoco me importa, desde hace ya mucho tiempo, ese destello de deseo presentible desde el principio. Quizás hasta me alegre de que puedan saciarlo evocando sensaciones ya tenues, imposibles de dominar con la visión de mi cuerpo, joven todavía.

Ya al marcharme reparo en los frascos de medicamentos en la mesita de noche, encima de recetas e indicaciones para análisis. Alcanzo a leer algo sobre la fecha de una intervención quirúrgica y entonces siento de nuevo esa sensación fría de la que me salva la llegada del ómnibus, que me esfuerzo en tomar. La tensión de la gente, sus groserías y violencias, el calor insoportable dentro de la guagua me hacen olvidarlos mientras viajo.

...Pero sólo mientras viajo, en los demás momentos se me hacen una obsesión que llega a aturdirme. Agradezco entonces el estado inservible de los teléfonos públicos en esta ciudad, la ausencia de la vecina de enfrente, que por utilizar el suyo me cobra un dólar por cada llamada. Me justifico con la marejada de cosas por hacer en este viaje antes de volver, el poco tiempo, cualquier pretexto es bueno...Luego, mirando el televisor o tirado en la cama, me pregunto por qué.

Sólo me preguntó y juego a no contestarme. Me resisto a reconocer el miedo. Miedo de llegar a la casa, llamar a la puerta y que uno abra y el otro no esté en el butacón. Miedo de que nadie abra la puerta y en cambio la vecina de al lado me mire misteriosamente y no diga nada. O el miedo mayor. El miedo a llamar por teléfono y que cuando alguien levante el auricular yo diga, Hola amigos, soy Yoel, estoy aquí otra vez... Y recibir como respuesta el silencio, pesado como los siglos, que apagará mi voz y me hará sentir esa pausa interminable que lo dirá todo.

***



Yoel Isaac Díaz

León obtuvo el Primer Premio del concurso este año, usando el seudónimo Old Man, con el cuento “Miedo viejo”. Nacido en Cuba, Yoel vive en Toronto desde Noviembre de 2004.

En 1998 se graduó en Ingeniería Química de la Universidad Central de las Villas, en Santa Clara, Cuba. Obtuvo un Premio en el Encuentro Debate Provincial de Talleres Literarios Villa Clara. Cuba. Fue finalista del Concurso de Narrativa Joven Reina del Mar, Editores. Cienfuegos en Cuba el año 2003. Egresó del Curso Taller de Técnicas Narrativas, del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en La Habana, en 2004. Ese mismo año obtuvo una Mención en el Concurso César Galeano, también de La Habana.





Gracias al gentil auspicio de:

Juan Carlos Orellana, Mortgage Specialist   Ilac, escuela de Inglés   Jorge Giraldo, Especialista en Bienes Raices  


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Publicado 09 de Noviembre de 2005
 
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