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Concurso literario de cuentos: Nuestra Palabra
 
 
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» Concurso Nuestra Palabra Versión 2004

 
 
 
2º Concurso de Cuentos nuestra palabra 2005
Los cuentos

La iniciación

por Constanza Rojas-Primus

Mención Honrosa en el Concurso de Cuentos nuestra palabra 2005
Toronto, Ontario, Canadá

La iniciaciónPensé que estaba preparada para enfrentar el desafío de mi investigación. La etnografía nunca fue algo fácil para mí, tiendo a involucrarme emocionalmente con aquellos que tienen algo diferente que decir y mostrarle al mundo. Como si fuera una forma de activismo, de rebeldía a este sistema que les ha subordinado por siglos a través de análisis teóricos occidentalistas. Y allí estaba yo, haciendo mi trabajo un tanto paradójico que, al fin y al cabo, siempre vuelca mi experiencia humana a un escrito científico frío y calculador. Sin embargo esta vez, todo fue distinto.

Rosel ya me había advertido del impacto espiritual del ritual de la iniciación en el culto Palo Monte-Mayombe. Desde este credo religioso, el ser humano se encuentra expuesto a la revelación animista de todo lo que nos rodea, siendo nosotros, como todo lo existente, parte de un determinio dictado por las diferentes deidades de la madre tierra. Así, en la iniciación, se renace bajo términos cosmogónicos que comprenden al mundo como una trilogía compuesta de un mundo medio, en el cual se encuentra todo lo existente; un mundo bajo o de todos aquellos espíritus de los ya idos; y un mundo de arriba gobernado por Sambiampungu, el espíritu mayor de los astros y de la naturaleza, así como también la máxima deidad sobre los vaticinios de los caminos de la vida. Incomprensibles separadamente, los tres niveles son un solo mundo, siendo la iniciación, así como otras ceremonias, el vínculo visible entre los miembros del culto, sus muertos y todos los espíritus de la naturaleza.

Ella tenía los ojos vendados. Su cuerpo estaba humedecido por la limpieza previa del humiero, un lavado hecho de plantas, hierbas y matas que, al ser combinadas bajo el canto y la plegaria del tata mayombero, proporcionan sus propiedades naturales a fin de actuar bajo la mano mágico-religiosa del sabio palero.
-Ganga que no cuenda santa hasta campofinda, di si esta enduma va en ralla sea engando sea en quidembo hasta que su quiyumba y su encombe vayan a campofinda un día -oraba el tata.

Sentía que además de los presentes, el cabildo estaba cargado de otras personas. Miré por una ventana pequeña hacia el patio del lugar a fin de encontrarle alguna explicación a mi sensación de más gente. Sin embargo, no había nadie allí. Solo el guardiero quien cuidaba la llegada de curiosos a las aproximaciones del cuarto.

Volví otra vez mi atención a la ceremonia. Tres caídas diferentes de cuatro cáscaras de cocos revelaron el vaticinio de la ganga o fundamento de adoración. La muchacha debía ser jurada directamente como yaya enquisi porque en su cabeza se encuentra Tiembla Tierra, la deidad en palo que se sincretiza con el santo Obatalá del culto de la santería quien, según las creencias, es una deidad superior que determinaría el astral espiritual de la muchacha. En ese momento otro tata, quien asistía al tata mayor o padrino del cabildo, daba de beber una toma preparada con anterioridad a fin de limpiar y proteger el estómago de los presentes. Una condición para que yo pudiera presenciar esta ceremonia secreta fue aceptar ser una observadora-participante. Por lo tanto, recibí la toma mágica como todos allí. Después de unos minutos, la muchacha fue presentada ante la ganga entre limpiezas de humo de tabaco y mojaduras de ron. Mientras la gente cantaba, el palero también escupía ron y humo sobre la ganga. Me impresionó ver que cada uno de estos actos rituales eran sentidos además por alguno de los presentes, como si la ganga fuera un objeto fetichista o de magia simpatética. Mi sensación de otra gente presenciando la ceremonia comenzó a intensificarse. No pasó mucho rato cuando, de pronto, dos de los presentes se tiraron al suelo del cuarto y comenzaron a arrastrarse como serpientes.

-¡Ya llegó!, ¡ya llegó! – vociferaba una mujer palera vestida casi como un varón.
-Mira, – me dijo Rosel en una conversación que en ese momento recordé sostuvimos una vez sobre el culto – los espíritus de nuestros antepasados o de deidades pueden llegar de muchas formas, pero una característica particular es que lleguen como un maja, haciendo que tu cuerpo se arrastre como lo hace la serpiente antes de pararse para imponer su presencia.

La palera comenzó a rociar ron en las cabezas de los caídos mientras que otras dos personas les ponían sus manos en la cara para protegerlos de golpes a causa de sus convulsiones. De pronto, la muchacha que estaba siendo iniciada comenzó también a convulsionarse, pero lo hacía en frente de la ganga y del tata. Éste le puso la mano en la cabeza y comenzó a hablarle con otra voz, otro acento, otras palabras como africanas. Fue como si su español se hubiera convertido en otra lengua hablada por otra persona. Y así fue, no era el tata mayombero quien hablaba sino su perro enganga, el espíritu del muerto que se encuentra en el fundamento de adoración quien había llegado a proceder, junto al palero, con los servicios ceremoniales.

Por primera vez, el trance se me presentaba como la posibilidad directa y visible de acceder a la inmortalidad, una propiedad importante del espíritu según ciertas teorías teológicas. Sin entender cómo y por qué, obvié su análisis científico en tanto forma de enajenación religiosa que, bajo determinadas influencias psicosociales, se sucede en la esfera psíquica generando un estado alterado de la conciencia. Lo recibía en cambio, como una epifanía sobre un ordenamiento no lineal del mundo, del cosmos, cuyos elementos no son entidades aisladas, sino que devienen algo donde todo lo demás influye, estableciéndose así, una relación con el todo y viceversa. Desde esta perspectiva no es difícil comprender la trilogía Palo Monte que subyace la visión de mundo de los paleros. Mas tampoco la de otros grupos étnico-culturales que no separan la esfera espiritual o religiosa de la vida material.

-Niña, niña – me dijo de pronto un palero mientras sacudía mi brazo izquierdo a fin de despertarme de mi epifanía – toma esta chamba y deja que tus espíritus lleguen. Ellos están en ti, en cada esfera de tu vida y actúan junto a ti en los caminos de la vida.
Tomé la chamba, una bebida de agua ardiente, picante, elaborada con los botánicos secretos de la religión Palo Monte. Sentí cómo el fuego quemaba mi garganta, mi esófago y luego se asentaba en mi estómago por muchos minutos a venir. Me sacó del fuego de mi estómago un canto que hizo volcar mi atención a la muchacha que estaba siendo iniciada.

–Rállala tata rállala como ralla tu ganga rállala – cantaron de pronto todos en el cabildo mientras el tata rallaba con una aguja ciertas partes del cuerpo de la muchacha provocando incisiones lo suficientemente profundas para hacerlas sangrar.
Fueron veintiuno los cortes que conté que luego el tata selló con un polvo secreto que protegería a la muchacha de los vaticinios de la vida.

Si viví un trance o una epifanía sobre el ordenamiento del mundo no lo sé aún. Todavía puedo escuchar claramente los tambores que marcaban el ritmo del baile de todos allí. Espíritus de antepasados, animales, de deidades, todos parecían sincretizarse en el cuerpo de los presentes para recibir y festejar a la nueva yaya enquisi. Ella ya no era la misma muchacha que había llegado a iniciarse, sino que era una nueva persona, con otro nombre, hija de Tiembla Tierra, del tata del cabildo, de su muerto, de su ganga.

La guagua paró de súbito lo que hizo que me evadiera de mi recuerdo de la iniciación, de mi trabajo en el centro de investigaciones culturales de Montreal. Me pregunto si aún esperan mi regreso, mi escrito científico. Me imagino sus caras al saber que ya no soy la misma ni tengo el mismo nombre, y que dicto los caminos de mi vida desde mis espíritus, mi muerto, mi ganga.

 

***



Constanza Rojas-Primus,
nació en Santiago de Chile en 1972. Se graduó de profesora de francés de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, antes Pedagógico de la Universidad de Chile, en 1995. Al año siguiente viaja a Edmonton, Canadá, para seguir estudios de graduados. En 2000 obtiene su título de Máster en Arte con una especialización en sociolingüística del departamento de lenguas modernas y estudios culturales de la Universidad de Alberta. En ese mismo año, y en la misma universidad, comienza sus estudios de doctorado en estudios hispanos y latinoamericanos. En 2002, viaja a Halifax a trabajar como profesora de español en la Universidad Mount Saint Vincent. Vive allí desde entonces y actualmente escribe su tesis final de doctorado.

“La iniciación” es el primer cuento que Constanza Rojas-Primus escribe para un concurso y el primero en ganar una mención honrosa desde la provincia de Nova Scotia.



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Publicado 17 de abril de 2006
 
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