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Concurso literario de cuentos: Nuestra Palabra
 
 
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» Concurso Nuestra Palabra Versión 2004

 
 
 
2º Concurso de Cuentos nuestra palabra 2005
Los cuentos

Catástrofe

por Fernando Lobaina

Mención Honrosa en el Concurso de Cuentos nuestra palabra 2005
Toronto, Ontario, Canadá

A mi querida abuela Francisca.

Catástrofe, Cuento Nuestra Palabra 2006. Toronto

Génesis

Decía mi abuela, que en el principio Dios creó los cielos y la tierra. Y con su verbo como herramienta realizó su obra infinita e imperfecta, pues ni él, para entonces, tenía el don completo de la palabra precisa. Según ella, Dios, ser todo poderoso, en el momento de la creación era reciente; no había vivido lo suficiente para ser adulto. Por eso quería la luz, pues para los infantes ésta tiene un significado especial, y procedió a decir con su voz de niño “Hágase la luz”. Entonces llegó a haber luz. Y llamó a la luz día y a la oscuridad noche, y sintió miedo de su soledad en las noches y surgió el miedo infantil a la oscuridad. Y amó a los días y odió a las noches. Para entretenerse durante el día, comenzó la creación del Universo y del Sistema Solar, y realizó los planetas en forma de bolitas sencillas e imperfectas; abultadas en unas partes y achatadas en otras. No hay dudas, era sencillamente un niño. De haber sido adulto, los planetas serían enormes y tendrían formas perfectas y raras, quizás piramidales, cuadradas, hexagonales,... Hoy, aún Dios es un niño, y vaga por el espacio tratando de atenuar los efectos negativos de su inmensa e imperfecta creación.


La enfermedad

Todo lo existente es fruto de la obra y gracia del Señor. Las enfermedades son creaciones divinas. Recuerdo que cuando era pequeño, me orinaba en la cama y en todas partes. Esa incontinencia urinaria me convirtió en un ser muy singular. Todo el barrio se burlaba de mí, pues siempre estaba envuelto en unas nubes de olores penetrantes que años después me recordaban al amoníaco. Llegué a ser desplazado de todo grupo, y hasta mi familia me rechazaba. Mi abuela, sólo mi abuela, me aceptaba y me explicaba con toda razón que el Dios Todopoderoso también era un niño, y padecía de incontinencia urinaria, que se orinaba en todas partes y a cualquier hora. Que toda esa lluvia caída del cielo era su orina. Todo el barrio la tildaba de loca, al igual que mi familia, pero sus consuelos me sirvieron de mucho. Con aquellos argumentos, llegué a ser un niño normal y hasta conocí el orgullo, pues padecía una enfermedad divina, celestial. “Quizás algún día llegue a ser un verdadero Dios”, me decía en secreto todas las mañanas, al levantarme envuelto en el efluvio de los dioses.


La cura

Me encariñé tanto con aquella enfermedad que a veces no me lavaba el cuerpo para conservar aquel olor penetrante, que era el aroma que emanaban de los dioses, y deseé ser un niño meón para siempre. Un día, de manera repentina, todo cambió. Aún no sé por qué mi abuela quiso curarme. “Si lo que es del Señor es bueno”, repuse. No te preocupes mi nieto, decía con su voz calmada, creo que es momento de curarte, para que sea aceptado como hombre normal en la familia y en la sociedad. La cura no es dolorosa, sólo tiene que orinar en una piedra caliente. Deposita tu chorro sobre ella y la orina se evapora, se volatiliza, se escapa para siempre. Abuela, ¿y por qué Dios no se cura? No te preocupes mi nieto, cuando él lo desee entonces se curará. Y me curé de mi padecimiento celestial. Con aquella cura primitiva, sin fundamento científico alguno, se reafirmó en mí la convicción de que mi abuela era una persona muy sabia y que siempre tenía la razón.


Los recuerdos

Después de la muerte de mi abuela, siempre me han acompañado sus locuras, y cuando veo llover, me imagino al Dios Todopoderoso, vertiendo sus residuos sobre la humanidad. Hoy, al escuchar los aportes científicos sobre la Orinoterapia, entonces reconozco que mi abuela tenía razón, que toda esa orina celestial, es un procedimiento divino, utilizado como purga temporal, para todos los males que se generan a diario en la Tierra.


El sueño

Dios, tierna criatura divina, ya cansado de tanta humedad, pues llevaba cuarenta días con incontinencia crónica e indetenible, y dotado de su travesura infantil; sacó sus genitales adimensionales y se nubló el día, pues interpuso nubes oscuras para que no fueran vistos desde la tierra. Lleno de deseos, orientó su chorro hacia una de esas bolitas calientes que abundan en el espacio. El impacto fue certero, intenso, y la orina comenzó a evaporarse en su totalidad. Terminado el chorro, la bolita incandescente quedó totalmente apagada, y su incontinencia se detuvo, se escapó para siempre. Y así, como contado por mi abuela, se curaba el Dios de aquel padecimiento que nos unía con orgullo.


La realidad

Desperté. Soñaba con mi abuela. Miré el reloj y eran pasadas las nueve de la mañana, pero todo estaba tan oscuro que no se podía divisar nada. No había electricidad. Miré a la calle mas poco podía ver. Se escuchaban ruidos, algarabías; algo extraño estaba sucediendo. Busqué la radio de baterías para escuchar lo ocurrido. Quedé petrificado.

… después de cuarenta días de intensas lluvias en varias regiones del planeta, provocadas por el fenómeno de “El Niño”, causando inundaciones y pérdidas humanas y materiales incalculables; se ha producido un raro fenómeno astronómico que podría provocar el fin de la vida en la Tierra. Un desconocido cuerpo líquido, gigantesco e inesperado, se impactó contra el Sol y ha privado de luz y energía a todo nuestro Sistema Solar…

 

***



Fernando Lobaina Quiala,

nació en Guantánamo, Cuba en agosto de 1963. Graduado de Ingeniería Industrial en la Universidad Central de Las Villas, Cuba, 1988. Graduado de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Matanzas, Cuba, 1996. Graduado de Master en Marketing y Gestión Empresarial, ESEM, España, 1999. Residente en Toronto desde 2003. Dos de sus cuentos obtuvieron menciones honrosas en el concurso Nuestra Palabra 2004 en Toronto, Canadá. Tiene escrito dos libros de cuentos: “Pueblo Bendito” y “Cuentos Sencillos”, ambos inéditos. Algunas de sus narraciones han sido publicadas en la revista Luna Zeta, publicación cultural de Oaxaca, México. Participó como jurado del concurso Karma Sensual, en España. Ha sido Director de la Universidad CNCI, Plantel Oaxaca y catedrático en la Universidad Regional del Sureste URSE en Oaxaca, México.




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Publicado 08 de Septiembre de 2006
 
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