En un estanque lleno de troncos, hojas y arbustos en una zona tropical
donde todo huele a humedad nací, mi nombre es Matilda y tengo más de mil
quinientos hermanitos, al igual que yo son renacuajos. Nosotros los
renacuajos no nos parecemos a nuestros padres ya que no tenemos patas, en
lugar de eso tenemos una cola y pasamos aproximadamente tres meses en este
lugar hasta que nos llegue un cambio en nuestros cuerpecitos llamado
metamorfosis donde más adelante nos transformaremos en ranas.
Pero yo soy diferente a mis hermanos, soy muy curiosa y soñadora y siempre
he tenido un deseo, mi pasión es observar el cielo tan inmenso con nubes y
sobre todo esos lindos animalitos que tienen la dicha de tener alas tan
grandes para volar. Una noche en nuestro estanque se reflejaba como un globo
blanco la luna y en un instante diminuto en el tiempo le pedí un deseo, mi
sueño era ser un ave, volar y tener la dicha de ir muy lejos y muy alto. Mi
deseo fue tan grande que, sin darme cuenta, en lugar de cola me salieron dos
lindas y enormes alas azules como el cielo y en lugar de dar saltos alcé el
vuelo hacia la rama más cercana. Me fue muy difícil los primeros días
adaptarme, pero una vez que practiqué, solo me la pasaba volando, volaba de
árbol en árbol, de pueblo en pueblo, de nube en nube, hasta el grado de
olvidarme de las ranas.
Todos me conocían como Matilda el ave azul. Volé lejos entre el transparente
y azul profundo del cielo, nadie me detenía, quedaba claro mi significado,
volar con las alas muy abiertas, recorriendo otros cielos, sintiendo otros
sentimientos. Caí muchas veces perdiendo la brújula de mi destino pero me
levantaba más fuerte y con más ganas de seguir entre las nubes. Conocí las
montañas, me deleité de los campos, me divertí entre los trigales y me
aburrí del verde y del azul de los paisajes. Lloré entre las nubes blancas y
recé entre las ramas de algunos árboles. Volé y volaron entre mis alas los
años.
Hasta que un atardecer decidí descansar, pero algo llamó mi atención, un
enorme y lindo estanque rodeado de ramas y arbustos donde jugaban renacuajos
y saltaba un grupo de ranas y decidí bajar. Mi sorpresa fue tan grande
cuando observe cómo convivían tan alegres y unidas así que decidí quedarme
callada e ir a observarlas todos los días. Día a día iba creciendo mi
curiosidad por ellas, cuantas cosas tan lindas pude haber tenido, el
convivir con mis hermanos y mis padres y el resto del grupo, ¿se habrían
olvidado de mi?
Las admiraba y me acercaba aún más, pero un croar desvió mi vista, era una
rana que cantaba tan lindo, colocada en una hoja de una planta, verde de
distintos matices, ojos grandes y una larga lengua pegajosa me hizo sentir
lo que nunca había sentido cuando volaba en el cielo.
Me acerqué tanto que brincó del susto pero en lugar de huir con una gran
sonrisa me dijo "Hola ¿cómo te llamas? Con mucha pena por haberlo asustado
le dije me llamo Matilda. Ese día empezó una linda amistad entre Pedro y yo.
Pedro es muy amigable y curioso, él me hizo despertar sentimientos que tenía
dentro de mí, escondidos en mi alma. Me contó en una ocasión que estuvo a
punto de morir en un gran hoyo y que en ese momento pensó en ser como yo y
tener alas muy grandes para salir volando de ese agujero, pero que gracias a
ese par de ancas traseras tan fuertes pudo saltar tan alto que no necesitó
de las alas. En ese momento valoré sus palabras y me di cuenta de todo el
tiempo que había perdido creyendo ser alguien que no era. Nuestra amistad
creció día con día, todo el tiempo nos veían juntos hasta el punto que yo no
volaba, sino saltaba. Todos los días aprendía algo de Pedro, y sin darme
cuenta todos mis pensamientos eran sobre él, lo que más me gustaba de él era
su humildad y su sencillez.
Todas las experiencias que viví con Pedro me hicieron reflexionar, yo había
nacido renacuajo pero siempre quise ser ave, ahora que soy ave deseaba ser
rana, formar una familia tener renacuajos y vivir siempre rodeada de los
míos, pero era demasiado tarde.
Una noche llorando en un tronco de un árbol, en un instante diminuto en el
tiempo cerré mis ojitos y le pedí a la luna que me diera la oportunidad de
regresar a la normalidad, ser rana, la luna me respondió "Matilda nunca es
tarde para aprender una lección, todos nacemos en esta vida con un
propósito, yo nací Luna y mi vida es la noche y cuido de todos ustedes
mientras el Sol ilumina al otro lado del mundo, la vida del Sol es el día,
cuida de ustedes y nunca ha deseado nada más que iluminar, los peces viven
en el agua, las aves tienen alas para volar pero las ranas son increíbles,
son las únicas que tienen doble vida gracias a la metamorfosis, ellas pueden
nadar sin ser peces, saltar muy alto, cantan sin ser pájaros y pueden
enterrarse en la tierra. Me he dado cuenta que quieres regresar con los
tuyos, pero antes tienes que demostrar con hechos que realmente te
interesan. Solo así serás rana nuevamente."
Al siguiente día Pedro me dijo, toda mi gente y yo nos mudaremos de lugar,
este charco se ha secado y viene la época de reproducción tenemos que ir en
busca de un estanque nuevo. Me contó que tenían mucho que recorrer porque
donde había agua quedaba como tres días de camino y solo él podía dirigir el
clan, ya que él saltaba alto. Quiero ayudarte e ir contigo pero no volaré
sino saltaré tan alto como tú y encontraremos ese lugar que buscan.
Pedro estuvo de acuerdo y emprendimos el viaje, pero sin darme cuenta mi
cuerpo se fue poniendo verde, ovalado algo rechoncho con verrugas, la cabeza
ancha con dos manchas marrones y los ojos prominentes de iris dorado y Pedro
se quedó sin aliento, y con mucho temor de lo que él pensara de mí le dije
toda la verdad, que yo había nacido renacuajo pero que siempre quise ser
ave, que solo conocí la libertad pero no la felicidad, la felicidad la
conocí el día que me di cuenta de lo que valen las ranas. Pedro me dijo,
cuando te conocí me parecías fea. Ahora que sé la verdad creo que eres la
rana más hermosa que jamás hayan visto mis ojos. Lloré tanto de felicidad de
ver como Pedro me había comprendido que mis lágrimas formaron un lindo
estanque, rodeado de vegetación. Todo el clan se mudó y estaban muy felices,
unos nadaban, y otros saltaban de alegría. Pedro y yo esperamos la
primavera y procreamos una linda familia, ahora tengo mil quinientos
renacuajos y les enseñamos día con día el orgullo de ser una de las especies
más lindas, animalitos de dos mundos: el agua y la tierra.
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Mariana Reynoso Villegas
Mexicana, nació en 1976, estudió Arquitectura y se recibió en 2000. Le gusta
escribir y pintar, se casó en 2001 y vino a Canadá con su esposo con quien
tiene un hijo. Vinieron con el deseo de tener una mejor calidad de vida
para su familia.
Quiere reanudar sus estudios de Arquitectura le gustaría poder demostrar y
expresar a la sociedad canadiense sus inquietudes en la pintura y
literatura. Le encanta Canadá por ser un país pluricultural tan lleno de
oportunidades como es el concurso "Nuestra palabra".
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