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CONCURSO DE CUENTOS NUESTRA PALABRA Mención Honrosa "El secreto de Marta"
por Claudio Andrés Kuczer
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¿Cómo es que me encontró señor periodista? Debo haberme descuidado por un
instante, porque a mí nunca nadie me ha podido encontrar, si yo no lo
quiero, por más que me busquen y me busquen.
Sí, señor periodista, hoy es mi centésimo cumpleaños y estoy muy emocionada
de que usted venga a entrevistarme; un periodista de La Prensa, ¡imagínese!
Es que yo llevo una vida muy tranquila ahora, cuido mi jardincito y a mis
gatos regalones, Felipe y César. Pero debo confesarle que extraño mucho la
fama, los triunfos, las medallas, el clamor de las multitudes....
Le aseguro, señor periodista que yo nací con un talento natural. Así como
hay gente que tiene talento para la música o la pintura o la poesía, yo nací
con talento para el juego de las escondidas. Cuando yo era tan chica que
hacía las cosas solamente por instinto me solía esconder por largas horas,
sin que mis padres o mis nueve primos, me pudiesen encontrar...no me acuerdo
en verdad si realmente me buscaban o que hayan estado demasiado preocupados
cuando yo desaparecía o muy contentos cuando volvía a aparecer al grito de
¡Acá estoy! A algunas personas, les podría parecer que a nadie le importaba
mucho si yo estaba o no, pero la gente es tan maliciosa, ¿no le parece señor
periodista?
Sí, es cierto que nunca me casé, para poder dedicarme de lleno a mi
vocación. No me faltaron los candidatos, pero nunca me olvidé de mi primer
amor, Juancho, tan lindo que era. Nos quisimos mucho pero cuando yo me di
cuenta que él no se tomaba El Juego de una manera seria, puse fin a la
relación de una forma totalmente implacable y él nunca más me pudo encontrar
por más que me busco por años. Hace poco escuché de boca de unos vecinos
que Juancho había pasado el resto de sus años jugando juegos donde no había
reglamentos y ¡las reglas se iban improvisando a medida que el juego
avanzaba! ¡Se me pone la carne de gallina de sólo pensarlo! Se imagina que
hubiera pasado si me hubiera casado con alguien tan irresponsable, tan
inmaduro y sobretodo tan egoísta. Que me importa si, como dijeron los
vecinos, él se haya vuelto un neurocirujano de renombre mundial, si nunca
pudo hacer lo que es realmente importante en la vida.
A pesar de que yo quería tener una buena educación, mis maestras se negaban
a buscarme y encontrarme para darme clases, ya que en esa época las escuelas
eran muy estrictas y los maestros exigían absoluta sumisión de sus alumnos.
Así que, tristemente, debí abandonar el colegio de monjas, acusada
injustamente de esconderme para evitar las clases de matemáticas y
castellano. Las monjas, que sabían detectar la vocación religiosa, eran
inútiles para alentar a las niñas como yo, que teníamos aptitudes diferentes
de la mayoría.
Mi talento fue finalmente descubierto en 1920, cuando ya tenía 18 años y me
podía esconder en cualquier lugar y permanecer allí sin moverme - como
mandan los Reglamentos Oficiales del Juego de las Escondidas - por el tiempo
que fuera necesario para salir victoriosa. Mis perseguidores, ¡pobres!, a
menudo corrían detrás de mi imagen y desaparecían, a veces para siempre, en
lo mas profundo de espejos donde ellos creían haberme visto. Otros, que
sabían que yo me había escondido en una playa rocosa cerca de casa, me
buscaban debajo de cada piedra, de cada roca, por muchas, muchas horas. Yo
siempre estaba escondida debajo de la única piedra donde yo sabía que ellos
no iban a buscarme. En 1922, por un largo tiempo no me molestaba siquiera
en esconderme y ni aún así me podían encontrar, ya que mis perseguidores no
esperaban verme y nunca me veían o escuchaban aunque yo estuviera enfrente
de ellos, hablándoles y acariciándoles el pelo.
Mi momento de mayor gloria fue sin duda alguna cuando debí de haber recibido
la medalla de oro en las Olimpíadas de París en 1924. La multitud en el
Estadio Olímpico se enloqueció totalmente, aunque yo era el único competidor
en la Competencia de las Escondidas, como se llamaba en esa época, “Le Jeu
de Cache-Cache”. Permanecí escondida por seis semanas y seis horas. Aún
oigo a la multitud clamando: “¡Dónde esta Marta!, ¡Queremos ver a Marta!”.
Me quedé escondida durante tanto tiempo sin ser descubierta que, cuando por
fin me dejé ver, los Juegos Olímpicos se había terminado y no había nadie
para darme la medalla de oro que había ganado con tanto esfuerzo. Fue una
victoria un poco decepcionante aunque muy merecida
¿Cómo me arreglé para comer y beber durante largos periodos de ocultamiento,
me pregunta señor periodista? Yo soy de poco comer, y nunca necesité
demasiado. Y no, no me aburría de estar siempre en el mismo lugar, en la
misma posición. Pensaba en el valor de lo que estaba haciendo, en la
gloria y la fama cada vez más grande que me esperaban y sobretodo en mi
contribución a la humanidad.
Después de las Olimpiadas, yo triunfé en cada uno de los torneos de los
cuales tomé parte. Yo era siempre el único competidor pues todos sabían que
yo era imbatible, y mi reputación crecía día a día... Como usted seguramente
sabe, yo fui declarada la mejor competidora de todos los tiempos en mi
especialidad cuando a la edad de 30 anos, en los Juegos Mundiales, me
escondí durante 65 anos sin ser encontrada. Le puedo asegurar que debían
haber miles y miles de personas buscándome todos esos años...pero nunca
nadie siquiera me llegó cerca...fueron 65 años de... triunfo...pero cuando
volví de mi escondite, en 1995 yo ya era una anciana, sin mucho por delante
y a veces me pregunto si no le he dado demasiado a mi vocación. Pero, muy
dentro mío yo sé que hice lo que debía haber hecho...que he cumplido mi
deber con la humanidad y que no le debo nada a nadie.
No me pregunte señor periodista donde estuve escondida todos esos anos de
triunfo y gloria. Es mi secreto, el fruto de toda una vida de riguroso
perfeccionamiento y constante entrenamiento, No le puedo revelar aunque sea
usted muy simpático y tenga una sonrisa irresistible.
Se esta haciendo un poco tarde y me siento un poco cansada señor periodista.
Cierre los ojos y cuente hasta 22.......después búsqueme, no se
demore........
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Claudio Andrés Kuczer

Nació en Buenos Aires, Argentina en 1942. Se graduó con el título de Ingeniero Electrónico en la Universidad de Buenos Aires en 1968 y el año siguiente emigró a Toronto, Canadá, donde vive desde ese entonces. En Canadá hizo estudios de graduado y obtuvo los títulos de Maestría en Ingeniería (M.Eng.) en la Universidad McMaster en Hamilton y de Maestría en Administración de Empresas (MBA) en la Universidad de Toronto. Es ciudadano canadiense desde 1975.
Ha tomado cursos de Escritura Creativa (Creative Writing) en la Universidad de Toronto y desde hace tres años asiste a los talleres literarios de la Celebración Cultural del Idioma Español. Ha escrito cuentos cortos en inglés y en español, que no fueron publicados antes del concurso. Recientemente ha escrito poemas, un género que es nuevo para él y que le gustaría explorar más.
Le interesa la literatura latinoamericana. Sus autores favoritos son Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Marques, Julio Cortázar y Ariel Dorfman. Sus poetas favoritos son Federico García Lorca y Pablo Neruda.
En Canada trabajó como ingeniero en varias firmas de telecomunicaciones y después de graduarse con el MBA en 1978 trabajó como consultor privado en marketing industrial. Desde 1987 hasta la fecha ha estado empleado por el Gobierno de la Provincia de Ontario como Asesor Económico en el Ministerio de Comercio y Desarrollo Económico, Ministry of Economic Development and Trade.
Kuczer presentó cuatro cuentos: El enigma, El secreto de Marta (Mención Honrosa), Yo adivino el parpadeo.(Segundo Premio) y El origen del universo (Tercer Premio).
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Publicado 27 de diciembre de 2004
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