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CONCURSO DE CUENTOS NUESTRA PALABRA Mención Honrosa "El navegante"
por Antonio Echeverry Uribe
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Un día en el año 1552 de nuestra era, un navegante de una aldea del norte de
la península ibérica se preparaba a zarpar en su pequeño barco hacia unas
tierras del sur, a algún puerto en el mar Mediterráneo a pescar, recoger
provisiones y especias venidas del lejano oriente. Cuando levó anclas, el
cielo era de un claro azul y soplaban vientos cálidos. Súbitamente, la
inmensidad se tornó gris de un profundo incierto y la mar extrañamente
comenzó a agitarse y a arrojar olas cual lenguas gigantescas que parecían
devorar la pequeña embarcación, las nubes rugían con truenos y fuegos
centelleantes que parecían electrizar el todo. Una sensación inexplicable se
apoderó del navegante perdiendo el sentido.
Transcurrieron días y despertó el navegante en medio de la zozobra y la
confusión. Su mente perpleja tan sólo pudo notar que un viento que parecía
soplado por los dioses de la inmensidad arrastraba su embarcación hacia
algún destino que él ignoraba. Le sorprendía notar que aquél viento parecía
no detenerse y lo llevaba hacia el oeste. Si el navegante intentaba cambiar
las velas, el viento tomaba otra dirección, siempre dirigiendo la nave lejos
de las tormentas y con dirección al poniente. Para este navegante experto,
conocedor de los astros, era una situación inexplicable cuanto ocurría, así
pues decidió dejarse llevar por este viento sagrado. Cuando el hambre
empezaba por debilitar al navegante, el viento elevaba olas de donde
saltaban peces y criaturas marinas. Cuando la sed quemaba, el viento atraía
una nube que llovía únicamente sobre su embarcación dejando caer agua
fresca, en tanto que el resto del horizonte aparecía despejado. El navegante
entendía este fenómeno como algo que parecía transmitirle un mensaje.
Un atardecer pudo observar tierra a lo lejos. El navegante maravillado
contempló la belleza que se abría a sus ojos hipnotizado ante aquel
espectáculo de pureza inmaculada. El cielo se dibujaba con mil aves de
colores que lo surcaban y cubrían de norte a sur en una sola estela que
cubría el horizonte. Los bosques respiraban y entonaban cánticos al compás
de las olas del mar que atraían al navegante a internarse en él. El
navegante encontró a unos hombres que portaban brazaletes, coronas de oro y
esmeraldas; cubrían la desnudez de sus cuerpos con piedras preciosas y
bañados con escamas de oro sus cuerpos brillaban al contacto con los rayos
del sol. El navegante parecía no entender, era como un sueño salido de los
cuentos de fantasía del medioevo. Los hombres acogieron amistosamente al
navegante y lo invitaron a acompañarlos a un lugar en las profundidades de
la selva: Una ciudad construida en oro, plata, esmeraldas, zafiros y rubíes.
Un hombre anciano se dirigió al navegante en idioma castellano: "Bienvenido
navegante de tierras lejanas, aguardábamos vuestra llegada".
El navegante no lograba entender que los hombres dorados hablaran su misma
lengua castellana.
"Esta tierra se denomina Pachamama en nuestra lengua, que significa Madre
Tierra. Para vosotros se conoce como las Indias", respondió el Shamán.
"Ahora comprendo - interrumpió el navegante - a estas tierras llegaron unos
conquistadores de la corona".
"Así es - asintió el Shamán- son hombres valerosos y de arrojo. Admiro el
que hayan cruzado el gran mar internándose en estas tierras de selvas y ríos
caudalosos. Pero no comprendo su ansia de oro y la avaricia que los
enceguece".
"El continente de donde provienen se denomina Europa - le respondió el
navegante - en donde el éxito se mide en términos de cuánto oro y riquezas
se posea; en una era mercantilista que no tiene en cuenta la sabiduría ni el
corazón de los hombres. Es una tierra que ha estado sacudida durante los
últimos siete siglos por invasiones que se suceden sin cesar, pestes y
guerras que han diezmado poblaciones enteras... razas que inventan
artefactos más sofisticados para someter a los otros..."
"En cambio en estas tierras - prosiguió el Shamán - vivimos en armonía con
la Naturaleza y en paz desde que nuestra memoria recuerda. Tenemos los ríos
que nos proveen de agua pura, de peces, de oro y piedras preciosas; la
tierra fértil y generosa que nos alimenta; las plantas que nos proveen la
medicina; el Dios Sol que nos brinda su luz, calor y la vida; y la Diosa
Luna que atrae el agua de las nubes".
"Sí Maestro - continuaba el navegante - no comprendo por qué la naturaleza
creadora brindó un destino distinto a esas naciones de allende la mar. Por
ejemplo las armas de fuego y el acero forjado han sido resultado de tantas
guerras que han azotado desde la lejana China hasta la península Ibérica.
Invenciones monstruosas que el hombre ha desarrollado para defenderse y
dominar al mismo hombre".
"En estas tierras - decía el Shamán - todo nos lo ha suministrado la
Naturaleza. Nuestra fuerza no radica en las armas ni en las invenciones
materiales, sino en la contemplación espiritual y mental. El oro y todo
cuanto empleamos es de la Naturaleza y lo portamos para alabar al Creador,
no para adueñarnos de aquello. Protegemos los bosques y los ríos porque son
manifestaciones maravillosas del Cosmos. Nuestra felicidad no consiste en
acumular y monopolizar".
"Entonces - preguntó el navegante - ¿cuál será el resultado de esta mezcla
de razas, naciones, visiones, costumbres y culturas que se está sucediendo
en estos tiempos?"
El Shamán cerró los ojos y en estado de profunda reflexión respondió:
"Vendrán años de formación... algo nuevo que surge de dos vertientes
diversas: el Oriente y el Occidente, lo material y lo espiritual, la quietud
y el movimiento, la creación y la destrucción... Será un nuevo ser creado a
partir de la transformación continua, pasando por estados de choque y
ajuste, de flujo y reflujo, de caos y luz, de paz y guerra... Serán siglos
en que los hijos de los hombres que cruzaron el mar Atlántico desde el
Occidente y los hijos que cruzaron el mar Pacífico desde el Oriente crearán
una raza única, poseedora de valor, sabiduría, entendimiento; sangre
vibrante, sabia y creadora. La Historia será el crisol que pondrá todos esos
elementos en movimiento hasta alcanzar un estado de equilibrio y armonía."
"¿Cuánto tiempo tardará dicho proceso? - preguntó el navegante".
"Calculado en términos del tiempo de Occidente, tomará siglos. Serán épocas
en que las naciones nuevas irán a la deriva en medio de la confusión y el
desconcierto; sin identidad, ni claridad respecto al nuevo mundo creado.
Odio y guerras se sucederán, hasta que un día una Nueva Nación orientará al
mundo gracias a un conocimiento que superará cualquier tecnología material
que se halla o se logre implantar."
"Una pregunta Maestro: - inquirió el navegante - ¿porqué fui traído a estas
tierras por una fuerza inexplicable?".
A lo cual respondió el Maestro: "Nuestro calendario solar nos anuncia que
uno de tus descendientes será el portador de ese nuevo conocimiento, la
nueva sabiduría que transformará la conciencia de los hombres y las
naciones. Puedes retornar a tu tierra si lo deseas."
El navegante decidió quedarse y aceptar su destino al lado de estas tribus.
Forjó su conocimiento y procreó una descendencia nueva, llena de vigor,
sabiduría y fortaleza... el padre de una nueva religión, un pueblo nuevo y
único: Los hombres y mujeres de la América del Sur.
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Publicado 01 de noviembre de 2004
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