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CONCURSO DE CUENTOS NUESTRA PALABRA Mención Honrosa "El cantante"
por Leonardo Faundez
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¡Con permiso, joven!- le dijo al muchacho que recién había entrado al
mismo baño público de aquel restaurante. Se disculpaba ya que estaba
aplicándose las últimas pasadas de su barra de desodorante, alistándose así
para comenzar su trabajo. Su profesión, por lo menos los fines de semana,
era cantar y deleitar a la muchedumbre que llegaba a disfrutar de las
especialidades de ese restaurante popular. Revisaba su vestimenta,
verificando que no hubiese ninguna mancha que provocara alguna mueca de
reclamo. Vestía camisa azul con sus mangas arremangadas, pantalones negros,
zapatos negros y lustrados. Su fiel guitarra lo esperaba apoyada contra la
muralla esperando ansiosamente que él tocara otra vez sus cuerdas,
convirtiéndola así en la estrella del "show". ¡Cuantas veces habían cantado
los dos! Un dúo inseparable que podrían llenar muchos capítulos de un libro
contando su vida juntos. La gente que lo ve llegar le sonríe anticipando la
entretención que este humilde hombre trabajador les trae. Los clientes,
mientras comen, lo escuchan y van tarareando sus tonadas; ellos ven al
cantante pero no ven al hombre detrás del cantante. Se le ve alegre
cantando, pero su alma está triste. Es que su vida no ha sido fácil,
trabajando por aquí y por allá, ganando una porquería con la que debe
alimentar a su familia, viviendo muy limitado toda su vida, esperando,
siempre optimista, que algún día las cosas cambien para mejor.
-Por lo menos estamos juntos, vieja- le dice a su esposa en los momentos
difíciles, los cuales lamentablemente son muchos. Miedo siente a lo inseguro
que se ve el futuro, dependiendo de su voz para obtener el pan de cada día.
En su rostro están reflejadas todas estas cosas, pero tiene que aparentar
por que el cliente no está ahí para sentir lástima por él.
La música comienza y su voz se entrelaza con su guitarra en una combinación
maravillosa. Un silencio se escucha al empezar la canción, pero a medida que
avanza, la gente vuelve a su conversación y a saborear los manjares en sus
platos. Su rutina es ir de mesa en mesa tocando canciones, algunas elegidas
por él y otras pedidas por su público, y así espera la mano benevolente de
alguno que esté sentado en esa mesa que le pase unos pocos pesos como
recompensa a sus líricas. Ha tenido como público a muchas familias, los
padres con sus niños, los abuelos, los tíos, los primos, y otros parientes.
Los ve reír y disfrutar del almuerzo del domingo y piensa si algún día va a
poder darle ese gusto a su vieja y a sus chiquillos.
Entre las tantas familias almorzando ese día, conoce a una que no se ven
comúnmente. Son paisanos suyos, pero que viven en el extranjero y andan
paseando por su tierra. Les empieza a ofrecer su mejor repertorio mientras
el hijo mayor de esa familia se levanta para captar ese momento inolvidable
con su videograbadora. Y así empieza a existir una extraña convivencia entre
la familia y el cantante. Este último sabe que esta familia, al estar lejos,
no ha tenido la oportunidad de escuchar música de su tierra y se da cuenta
que esta familia le brinda una atención exclusiva e incondicional. A su vez,
los integrantes de esta familia ven en el cantante a uno de esos personajes
tan típicos de su tierra que tanto añoran y que les entrega ese pedazo de su
cultura que no han experimentado por tantos años. El cantante era la pieza
que les faltaba para completar esa escena familiar. Al terminar su primera
canción, el cantante les pregunta acerca de su vida en el extranjero y él
trataba de imaginarse cómo debe ser el vivir en otro país, de esos que
llaman "desarrollados", donde todo es, supuestamente, lindo, limpio, y los
trabajos y el dinero abundan. Se pregunta por qué, a algunos les toca esa
oportunidad y a otros no. Pero no siente envidia, sino alegría y se siente
importante, porque llena de gozo a esta familia, haciéndolos sentir parte de
esa tierra otra vez.
Le pregunta al con la videograbadora si lo grabado demora para poder verse.
El muchacho desprende una pequeña pantalla de la videograbadora, retrocede
la cinta y le muestra al cantante, el cual queda atónito al verse y
escucharse con guitarra en mano entonando canciones. En su perra vida se iba
a imaginar que un día se vería en la "televisión". Encontraba fascinante esa
maquinita maravillosa. Conversó un poco más con ellos y preguntó si alguien
quería escuchar alguna canción en especial, y le pidieron más de una. El
cantante los hizo participar en los estribillos, todos cantaban con él y así
pasaron los minutos hasta llegar el momento de partir al comedor siguiente.
Él hubiera preferido quedarse para compartir más con esa familia, pero se
tuvo que despedir, les deseo un buen viaje y que volvieran algún día no muy
lejano. Como era de esperar por su gran trabajo recibió su remuneración y
junto con su guitarra agradecieron al despedirse. Cada integrante de esa
familia seguía tarareando las canciones en sus mentes mientras terminaban de
comer y para el muchacho de la grabadora, ese cantante quedaría grabado en
su mente como uno de los momentos más especiales de su viaje, porque pudo
percibir cuanto júbilo el cantante sintió al verse en aquella pantallita, y
darse cuenta cuanta alegría puede causar algo tan simple que para otros
puede pasar tan inadvertido.
Los últimos clientes comenzaron a marcharse y el cantante pudo retirarse a
buscar sus pertenencias para partir a su siguiente parada en su camino, un
salón de té, donde la actividad comenzaba dentro de unas horas. El dueño del
restaurante, satisfecho por el trabajo hecho, le pagó sus honorarios y le
ofreció dos días más durante la semana para que fuera a entretener a su
clientela. También le dijo que ya había hablado con un amigo empresario de
restaurantes el cual necesitaba a alguien que fuera a cantar. El cantante
muy agradecidamente le dio la mano a su patrón y se despidió rápidamente
para no revelar las lágrimas de alegría al saber que tendría más trabajo. No
aguantaba las ganas de llegar a casa con esta gran noticia, quería ver la
sonrisa en la cara de su vieja y sus chiquillos. A lo mejor ahora iban a
poder planear comprar esa lavadora nueva que su mujer tanto necesita para
que sus manos no siguieran restregando tanto. Mientras se alejaba del
restaurante caminando con su guitarra a la espalda sentía que las cosas
estaban cambiando para mejor, y hasta fantaseaba pensando en la grabación
que le había hecho aquel muchacho esa tarde y se decía "a lo mejor uno de
estos días uno de esos productores gringos me descubre".
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Leonardo Faundez
Leonardo Faundez nació en Chile y llegó a Canadá hace 15 años. Es Tecnólogo
en Ultrasonido de profesión y además tiene dos licenciaturas (Bachelor
degrees): una en Biología de la Universidad de York, y otra en Educación de
Adultos de la Universidad de Brock.
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Publicado 17 de Enero de 2005
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