En una noche primaveral se dió inicio al Festival de Jazz 2004, en el tan conocido y agradable ámbito de la Destilería "The Destillery" , en el Edificio de piedra del Cabaret Glenlivet.
Un público heterogéneo de todas las edades, se dió cita para escuchar nuevamente en Toronto, a uno de los grandes pianistas cubanos: Hilario Durán.
El tan esperado Hilario Durán, esta vez acompañado excelentes músicos supo deleitar al público asistente con su primera pieza de ritmos cubanos: "El Manicero". El color a recuerdos del mar dejado en cada nota, hacía vibrar de emoción a su público. Los cálidos aplausos fueron testimonio del reconocimiento de su público.
Seguidamente, dos canciones cantadas por Yaillén Durán, quien sorprendió con su voz de altos y bajos al escoger, poniéndole a cada palabra el sabor cubano.
Sus canciones, tanto de ritmo afro-cubano como románticas, fueron acompañadas del ritmo que ella misma lleva consigo. Con su voz y figura - ambas imponentes - rápidamente supo entregar el calor cubano. Sus largos brazos y manos desplazándose por el aire, haciendo imágenes femeninas que alternaban con el movimiento y el ritmo de sus caderas. Unos pasos por aquí, otros lentos por allá; una mano en alto y otra deslizando un ángulo de su vestido con toda su cabellera cubriéndola hasta por debajo de la cintura, hizo que con su baile cautivara al público, mientras su canto seguía el ritmo de sus músicos acompañantes; y más aún, el ritmo seguido de cerca por el piano de Hilario Durán.
Una noche de triunfo del ritmo cubano y del piano de Hilario Durán ; pero más aún una noche inolvidable para sus "fans" de Toronto.