El Cascanueces:
Idilio entre Cuba y Canadá
Fenomenal Actuación de los Niños de Dos Naciones en el Gran Teatro de La Habana.
Sería un momento inolvidable. Con mayor razón por lo inesperado del encuentro. Maravilloso. Genuino. Encantador. Sobrecargado de emoción.
A lo largo del gigantesco vestíbulo del elegante hotel Meliá Cohiba los niños cubanos, acompañados de sus padres, habían formado dos líneas de recepción. Parecían una guardia de honor protocolar a la expectativa de dignatarios extranjeros. No era ése el motivo. Los chicos simplemente anticipaban ansiosos el arribo de los niños canadienses y de sus padres.
Cada uno de los niños cubanos sostenía en sus manos una rosa fresca. Cada quien estaba inusualmente quieto. Daba la impresión de que los pequeñitos de la Cátedra de Danza de Cuba o se sentían nerviosos o eran muy disciplinados o les excitaba tanto la perspectiva de encontrarse por primera vez con sus invitados como para articular palabra. Quizás contemplaban la trascendencia del histórico evento en marcha. Quizás la inusual serenidad respondía a todo lo antes mencionado.
Mientras transcurría esto, los niños miembros del Elenco Juvenil del Ballet de Canadá, descendían de los autobuses que les habían transportado del aeropuerto internacional José Martí al Meliá Cohiba.
Al instante de entrar al vestíbulo los bailarines canadienses, en bulliciosa algarabía minutos antes, se quedaron estupefactos. Prácticamente congelados. En silencio absoluto. Por un breve instante se podría escuchar el ruido de un alfiler al dar contra el piso. Como era de esperarse, el silencio no duró mucho. Una ensordecedora ovación y el aplauso de los anfitriones y de los huéspedes del hotel finalmente rompieron la tensión. Sobrecogidos ante semejante recepción, los visitantes apenas atinaban a reaccionar.
A medida que caminaban entre las dos filas, cada niño canadiense recibió una rosa que le entregaban cariñosamente sus pequeños anfitriones cubanos. Superando rápidamente la timidez inicial, las sonrisas de ambos grupos de niños rompieron el hielo. Siguieron los abrazos, besos y el parloteo normalmente asociados con los niños de todo el mundo. No importó que ambos grupos se expresaran en diferentes idiomas. Los niños se entienden perfectamente bien sin necesidad de reparar en diferencias lingüísticas o culturales.
Como para enfatizar las circunstancias, los niños cubanos tomaron de la mano a sus nuevos amiguitos canadienses guiándoles a un enorme salón en donde los bailarines cubanos les habían preparado una espectacular actuación de música, bailes y canciones tradicionales de Cuba. Apenas concluyó la dinámica presentación se disipó la cohibición. Los pequeños anfitriones y huéspedes se lanzaron a bailar y reír con el abandono característico de antiguos amigos.
La actividad marcó el inicio de una semana de actividades que permanecerá en los corazones y en la mente de los niños por el resto de sus vidas. Era la primera vez en la historia que una compañía canadiense había sido invitada a actuar en el Gran Teatro, el monumental centro artístico de La Habana, Cuba y le correspondía el honor al Elenco Juvenil de Ballet de Canadá.
Durante tres días consecutivos, entre el 4 y 11 de enero del 2010, los bailarines canadienses actuarían en el ballet clásico El Cascanueces compartiendo el escenario con los niños de la Cátedra de Danza de La Habana y con las súper estrellas internacionales del Ballet Nacional de Cuba, aclamado por los críticos como una de las cinco mejores compañías de ballet del mundo.
Cada una de las tres presentaciones de El Cascanueces se había vendido por completo días antes del evento. Cada una de las brillantes actuaciones fue recompensada por el conocedor público cubano con grandes ovaciones en pie. Cada actuación representó un triunfo fenomenal del verdadero espíritu de amistad y de cooperación entre Cuba y Canadá. Cada actuación sirvió de fuente de inspiración para los niños canadienses y cubanos.
De hecho, la actuación final, la despedida, merece mención especial. Por lo hermoso. Por lo conmovedor. Por lo brillante. En esa oportunidad los bailarines de ambas naciones dedicaron El Cascanueces a los niños de Cuba. Más de 1500 niños colmaron la capacidad del Gran Teatro. Al concluir la función, el público juvenil no pudo contener su entusiasmo. Vitoreaba, gritaba y bailaba en los pasillos a más no poder. Manifestaban su entusiasmo y su aprecio como solamente los niños lo suelen y saben hacer cuando de verdad disfrutan del momento. Fue algo realmente sobrecogedor. En ambos lados del escenario.
La puesta en escena del extraordinario evento fue concebido por la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso, fundadora y directora artística del Ballet Nacional de Cuba en
colaboración con Belma Gurdil-Diamante, directora ejecutiva del Elenco Juvenil del Ballet de Canadá. Su visión, su determinación y su compromiso en la promoción y desarrollo del ballet a todos los niveles de las sociedades del mundo superan cuantos obstáculos se les presentan y continúan sorprendiendo gratamente al público y a los críticos con cada espectacular éxito de sus ofertas.
Tanto Cuba como Hamilton, sede del Elenco Juvenil del Ballet de Canadá, auspiciaron en grande el evento y deben sentirse sumamente orgullosos de la participación de los niños canadienses junto con sus coleguitas cubanos en el Gran Teatro de La Habana. Para nuestros niños la oportunidad de representar El Cascanueces en tan extraordinaria compañía ha sido más que una maravillosa experiencia o una oportunidad de viajar al exterior. La gira por Cuba ha dejado muy en alto el nombre de Canadá en el mundo del ballet convirtiéndose a la vez en un magnífico y permanente símbolo de una positiva contribución a las relaciones entre Cuba y Canadá.
Lucy Stawiarski, presidenta del Elenco Juvenil del Ballet de Canadá quien coordinara exitosamente la logística involucrada en la producción de semejante empresa y la transportación de las 147 personas que acompañaron a los jóvenes bailarines canadienses a Cuba, resumió los logros señalando que “estamos absolutamente emocionados con la actuación de los niños y sumamente agradecidos por la generosa, calurosa recepción que recibimos de parte de las instituciones de Cuba y particularmente del público cubano. Lo pasamos de maravilla. Yo sé que muchos de los padres y amigos que acompañaron a nuestros niños en la gira regresarán a visitar esa bella nación. Definitivamente yo lo haré.”
Obviamente que además del rotundo éxito, la actuación sirvió para estrechar más aún los profundos, fuertes lazos de cariño y de respeto entre Cuba y Canadá. Los niños de ambas naciones lo lograron. ¿Se repetirá la experiencia? ¡Ojalá! Los jóvenes bailarines de Hamilton lo esperan con ansias.
Publicado: 19 de enero, 2010
Reportaje y Fotos: Pastor Valle-Garay, Senior Scholar, Universidad de York
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