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| Pundonor y gracia en la conmemoración de la Independencia de Colombia |
Por : David Palmer
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Al ritmo de joropos y Sanjuaneros, guabinas y torbellinos, trajes típicos,
lo mejor y mas selecto de la comida criolla colombiana, de sus pintores,
cantores, artesanos y lideres de la comunidad agrupados en la ampliamente
conocida Casa Cultural Colombiana, se llevó a cabo la conmemoración del
Grito de Independencia de un 20 de Julio de 1810.
Huéspedes de variadas comunidades hermanas, especialmente Ecuatoriana, Mexicana, Rumana, Portorriqueña, Salvadoreña, Hondureña y Canadiense, dieron el condimento multiétnica que ha hecho de la Casa Cultural Colombiana la Institución mas representativa de la tradición Colombiana en Norteamérica.
El acto dio inicio en el "Resurrection Banquet Hall" el Sábado 19 de Julio a las doce del día, precedido por la celebración de una misa al más clásico estilo Colombiano, realizada por el R. Padre Juan Triviño, la cual incluyó reminiscencias musicales de antigua usanza. El protocolo dio paso en el salón principal a "Oh Canadá", seguido por las ondas marciales del Himno Nacional de Colombia. Emocionadas voces de añoranza acompañaron las estrofas del himno considerado como el mas bello del mundo y seguidamente se dejó sentir la cascada de artistas, espontaneaos, voluntarios y colombianistas de todas las latitudes.
La Coral "Aires de mi tierra", dirigida por Roberto Valencia hizo los deleites del publico con un añejo sabor de aires de meseta y montaña, de llanura y romance. Club Caribe Colombia dirigido por Betty Llinás, con sus movimientos frenéticos y eróticos, con saltos, caídas, contorsiones, espasmos, zarandeos y arrastradas, encuentros y fugas, enfrentamiento entre hombres y mujeres, como siempre impresionó, seguido por la dulce presencia de las "Chapoleras", pequeñas bailarina de entre siete y 10 años, trabajadoras del ritmo colombiano bajo la dirección de Carmen Tulia Peláez, quien además sorprendió con la presentación de su nueva creación: "Ritmo Latino", tres preciosas adolescentes quienes ataviadas bajo los colores del tricolor nacional fusionaron el prestigio de la música bailable de Colombia, con el rap y el Hip-Hop Canadiense.
Artesanos y orfebres, artistas, cómicos, bailarines e invitados internacionales pusieron su ovo de amor a Colombia desde la distancia polar Canadiense, dejando una huella imborrable de un trabajo profesional y delicado que con esmero produce la Casa Cultural Colombiana, decano de la cultura de ese país en Canadá. Se debe destacar la nutrida participación infantil en el evento, la unidad familiar y la alegría generalizada al son de lo mejor de la música bailable hasta las dos de la madrugada. Una fecha inolvidable, un día para enmarcar y una promesa de sus antiguos organizadores Casa Cultural Colombiana, quienes solo prometen que cada vez será: mejor, mejor y mejor.
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