Espejo de Oro
El nuevo trabajo de Esmeralda Enrique pasó por nuestros escenarios dejando a más de uno boquiabierto
Desde el 25 al 28 de noviembre de 2010, el Fleck Dance Theatre, ubicado en el 207 de Queens Quay en Toronto, vibró de emoción gracias a la presentación del último trabajo de Esmeralda Enrique: Espejo de Oro
Del programa, traduzco: “…Una corrida de toros es una actuación visual y emocional de trascendencia social que plantea preguntas [sobre las percepciones y opiniones acerca de las tradiciones que están expuestas a cambios y cómo preservar la integridad de la tradición]. Como artistas de flamenco expresamos la variedad de emociones intensas en nuestra búsqueda de la expresión de arte puro: honor, dignidad, coraje, júbilo y cómo enfrentar a nuestro temor más grande, el miedo a lo desconocido. [En esta actuación examinan] la corrida de toros como una cultura y un espejo de la humanidad.”
Entender lo arriba expresado, que es lo que nos transmite la Compañía de Danzas Españolas de Esmeralda Enrique en esta presentación titulada “Espejo de Oro”, cuesta para el ojo poco entendedor de este género. Lo que no cuesta es admirar, regocijarse y vibrar con lo que pudimos apreciar.
Al inicio, vemos en el escenario oscuro, cuatro caballeros (José Valle Fajardo “Chuscales”, Nicolás Hernández en guitarras y en el canto: Niño de Elche y Manuel Soto) en la parte trasera y un marco dorado con paneles de espejo en el frente como adorno escenográfico. De pronto, el silencio se rompe cuando Kervin Barreto entra al escenario, trompeta en mano, para abrir la “fiesta brava” que estaríamos por vivir con soleás por bulerías, fandangos, alegrías y pasodobles entre otras melodías. El bailarín, Juan Ogalla, se mira en el espejo, modela y zapatea antes los paneles que en imagen gigante aparece reflejado en pedazos como si fuera un vitral de iglesia. Luego las bailarinas (Paloma Cortés, Ángela Del Sol, Ilse Gudiño y Noelia La Morocha) ingresan para bailar a compás de palmas y se arma la fiesta.
A lo largo de la presentación, el colorido vestuario cambiaba frecuentemente. Las 4 bailarinas parecían reflejos de sí mismas, no sólo en los pasos, que al taconear tenían que sonar en fuerte unísono, sino en las manos que elegantemente nos deleitaban. Las imágenes de velas prendidas, de tierra tamizada entre los dedos, combinadas con el metódico zapateo, ya sean al compás de las guitarras, las voces o las palmas, eran un abanico de sonidos y movimientos que el público, en una gran mayoría no hispano, apreció con aplausos, vítores de bravo y olés a lo largo de la noche.
Y por fin en “Querencia”, un fandango de Huelva, entra Esmeralda Enrique quien con Juan Ogalla, nuevamente a la manera de reflejos, ondean sus cuerpos, adornan sus manos, zapatean con los tacones y nos dejan con el sabor ansioso de más y más de ese espectáculo vibrante, lleno de energía y talento.
Luego del intermedio, apreciamos más las voces de los dos cantantes en un encuentro musical único, estupendas voces con una contagiante alegría que hacía que disfrutásemos las líricas de las canciones. Allí apreciábamos la aceptación de tantas personas quienes, sin entender el mensaje de las canciones, cantadas en castellano, igual disfrutaban del espectáculo.
Aquí nuevamente el espejo aparece en el otro costado del escenario para ser movido en el siguiente número donde, una majestuosa Esmeralda, aparece elegantemente ataviada de rojo y cuando baila frente al espejo, éste toma otra forma, ya no es el orden geométrico de los paneles, sino un rompecabezas desordenado y Esmeralda baila pisoteando las imágenes de los pedazos en el suelo. En los números siguientes, las bailarinas en grupo y en solos, bailan frente al espejo también; y esta vez ataviadas de una versión moderna de trajes con las chaquetitas cortas.
Acto seguido, Ogalla, al compás del castañeteo de sus dedos, las palmas y el rasgueo de las guitarras, nos brinda una demostración a lo taurino, de su destreza con los tacos y el movimiento de sus piernas que literalmente vibraban al compás de las guitarras y que tenía a la audiencia ensimismada y sentada en el filo de sus butacas.
Finalmente, la última presentación empieza como en el comienzo: con la trompeta; ahora el espejo ya está partido en dos, en ambas esquinas y de a poco salen lo bailarines, los cantantes finalizando el baile ofreciendo al público, como en las plazas de toros, claveles rojos que parecieron aparecer mágicamente de las manos de las bailarinas.
Después de una cariñosa ovación del público, se armó lo que pareció una fiesta informal, una peña taurina donde el guitarrista zapateó, el cantante tocó la guitarra y todos los artistas zapatearon, por lo que más de uno de los presentes, a la salida, tratábamos de respetuosamente imitarlos luego de haber gozado enormemente las 2 horas que duró el espectáculo.
Torontohispano.com siempre ha apoyado a la Compañía de Danzas Españolas de Esmeralda Enrique y desde estas líneas le envía un sin número de enhorabuenas por una magnífica demostración de arte, tesón, dedicación y sobretodo talento. Felicitaciones a todos los miembros de “Espejo de Oro”.
Publicado: 29 de noviembre, 2010
Reportaje: Lita Gonzalez-Dickey - lita@torontohispano.com
Fotos: Christian Peña.
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