FlamenTango Una magnífica jornada entre la melancolía y el éxtasis
La belleza del tango flamenco y del flamenco hecho tango...
Son las ocho menos diez de un viernes como cualquier otro y en la esquina de Danforth y Broadview se observa como grupos de transeúntes caminan presurosos en dirección del Danforth Music Hall. En el pequeño lobby del teatro, que a cada minuto parece reducirse un poco más debido a toda la gente que va llegando para retirar sus boletos y pasar a sus asientos, se vive un ambiente de alegre expectativa.
¿Qué es lo que está causando toda está agitación? Pues se trata de FlamenTango, el nuevo espectáculo de María Serrano y su compañía que directamente desde Sevilla, y gracias al auspicio de Embrujo Flamenco Tapas Restaurant, se presentó en Toronto el viernes 20 y sábado 21 de octubre.
Una propuesta quizá un tanto diferente a lo que los amantes de estos dos expresivos y sensuales géneros musicales estarán acostumbrados, pero no por ello menos interesante o carente de belleza y pasión.
Ya son más de las ocho, suenan los aplausos del público, quizá con algo de impaciencia. Se apagan finalmente las luces, y comienzan a escucharse los primeros acordes de la guitarra, el zapateo, las palmas y las cálidas voces del "cante", junto con el seco sonido del cajón peruano y el bajo eléctrico que de forma tan natural han sido incorporados en el flamenco contemporáneo. Enseguida a la música se une el baile y María Serrano con la calidad, pasión, expresividad, fuerza y sentimiento que la han hecho famosa en todo el mundo, y acompañada de dos magníficos "bailadores" (Antonio Granjero y Javier Soriano), nos transporta hasta Andalucía y nos muestra con su inspirada representación toda la belleza cultural de su gente y de su tierra natal.
Los aplausos emocionados de los presentes no se hacen esperar ante este primer acto, que todavía no se ha ido de las retinas del público cuando, de la mano de los compases del bandoneón, nuevamente emprendemos viaje, esta vez a los arrabales del gran Buenos Aires, a los "boliches de la calle Necochea de La Boca" y tantos otros míticos lugares de la tradición tanguera Argentina. Ahora es una pareja (Romina Godoy y Milton Homann) la que con una magnífica ejecución, toda la cadencia y musicalidad, vértigo, pausa y atrevidos movimientos, conmueve nuevamente a la audiencia que estalla en aplausos.
Así comienza este relato en el que la música, el baile, la sensualidad y la pasión de estos "poemas y sentimientos tristes" que se pueden bailar, son los relatores que nos llevan por un viaje musical en tiempo y espacio. Acompañamos a una pareja que viaja de Buenos Aires a Andalucía en busca de un sueño, con las reminiscencias de una "bailadora" que muchos años antes hiciera en sentido opuesto la misma travesía buscando un nuevo futuro en Argentina, historias que se entrelazan y nos llevan de la mano por toda la variedad musical del flamenco y del tango y los profundos sentimientos que los mueven.
Una sucesión de música, baile y hasta canto a capela, desde las más puras y tradicionales representaciones a las formas modernas de ambos géneros. Dos corrientes musicales que en esta extraordinaria obra se encuentran, bailan y se entrelazan en un abrazo y finalmente se fusionan para cantarnos y estremecernos a un solo compás, mostrándonos cuan diferentes y cuan cercanas son a la vez.
No contentos con el magnífico espectáculo, dejándose llevar por la emoción del ambiente y tras una larga ovación, los artistas salen nuevamente para agradecer el cariño recibido del público presente, a su manera, al compás de la guitarra, las palmas y el zapateo, bailando y cantando para divertirse, con "cantadores" que bailan al ritmo de las palmas de los que antes hicieran de "bailadores", como si se tratase de una reunión familiar o de amigos en alguno de los tradicionales barrios sevillanos.
Flamentango: Una amalgama musical que una vez terminada la noche ya no suena tan peculiar, sino más bien natural y hasta lógica. Quizá sea por sus raíces comunes o la naturaleza misma de ambos ritmos, que nacieron de varios ancestros y no han dejado de evolucionar desde sus orígenes. O por el mismo hecho que, como algunos afirman, la misma palabra "tango" fuera inspirada por un palo flamenco del siglo XIX.
Todos se dirigen hacia la calle, ya son cerca de las once. El teatro se queda vacío. Todos parten, comentando sobre el show con una sonrisa en su rostro. No importa el frío de la noche. Fue realmente una noche especial, una noche en la que el tango se bailó como flamenco y el flamenco como tango. Una noche muy propia de Toronto con su mosaico de su gente amable, ricas culturas y diversas tradiciones.