Publicado: 31 de agosto de 2006
Carta a la Felicidad
Estimados lectores:
Muchas veces nos desesperamos por la cantidad de problemas que tenemos que afrontar diariamente: en el trabajo, en la casa o en cualquier otro lado. Parecería que fuéramos de problema en problema; no terminamos de salir de uno cuando ya aparece otro.
En esos momentos solemos decir: "Que feliz sería si no tuviera tantos problemas", sin embargo, éste es un enfoque equivocado. Mientras vivamos, la vida nos presentará inevitablemente problemas para resolver, y el hecho de ser feliz no está relacionado con la existencia o no de problemas, sino con la manera en que los enfrentamos.
Pensemos un poco en qué es una situación problemática. Se dice que tenemos un problema cuando algo no se produce de la manera que nos gustaría, sin pensar, muchas veces, que lo que es un beneficio para uno, pueda ser un perjuicio para otros.
Vemos entonces que los problemas son una parte ineludible de la vida. Si queremos vivir bien, tenemos que enfrentar problemas, pero debemos verlo no como un mal irremediable, sino como una oportunidad para superarnos.
Recordemos, cada problema es una oportunidad para ejercer nuestro razonamiento, que es la verdadera forma de crecer. Ejercer nuestro razonamiento con un problema, no significa necesariamente que lo tengamos que resolver, de repente lo que debemos hacer es ignorarlo.
Vemos pues, que con cada problema que se nos presenta, tenemos dos opciones: resolverlo o ignorarlo. Sabemos que existen distintos tipos de problemas, y a menudo se presentan varios simultáneamente, sería una cuestión sin sentido, tratar de resolver todos sin que falte ninguno.
Cuando tenemos que enfrentar varios problemas al mismo tiempo, lo primero que tenemos que hacer es jerarquizar los mismos, habrá algunos más importantes y otros lo serán menos. Nuestros recursos no son ilimitados, y es probable que al tratar de dar solución a los menos importantes, comprometamos la solución de los más urgentes, entonces sería una decisión sabia ignorar aquellos problemas que en el momento no nos son tan importantes.
Una vez establecida la jerarquía de los problemas y determinado cuáles vamos a tratar de resolver y cuantos vamos a dejar para después o para nunca, no nos quedará otra alternativa que comenzar a tratar de resolverlos, es en ese momento cuando realmente estará en juego la posibilidad de ser feliz. La diferencia entre ser feliz o no radicará en la actitud con que afrontemos nuestros problemas.
Hay tres actitudes con las que podemos encarar la resolución de los problemas: "Soy incapaz de solucionar nada", "Nada es demasiado para mí" y "Algunas cosas podré resolver y otras no". Esta última opción es la única que nos puede ayudar a tener más felicidad en nuestra vida.
Si desde el comienzo suponemos que somos incapaces de resolver cualquier problema que se presente, estaremos constantemente dependiendo de alguna otra persona para poder vivir. Llevar una vida dependiente, no es la manera de vivir feliz. Para poder serlo debemos tratar de ser tan autónomos como nos sea posible, dentro de los limites que implica seguir siendo un ser humano. Vivir "encadenados" a otros para que nos solucionen los problemas, es condenarnos a la infelicidad.
Si partimos de la base de que no hay nada que esté más allá de nuestras posibilidades, también vamos camino a la infelicidad, sencillamente porque esa afirmación no es cierta.
No existe ningún ser humano todopoderoso, todos tenemos nuestras limitaciones. Si pensamos que todo lo podemos, estaremos equivocados y en algún momento, la realidad se encargará de demostrarlo. Cuando ello ocurra, el golpe puede ser muy fuerte y ciertamente no seremos personas felices.
Si tenemos una apreciación realista de nuestras posibilidades y reconocemos que algunas cosas podríamos resolver y otras no, estaremos mejor preparados para ser felices. Es importante darse cuenta de que hay hechos que escapan a nuestra decisión y que, por más buena intención que pongamos no lograremos cambiarlos, esto no significa que dejemos de hacer todo lo que podamos, si no para solucionar, al menos para tratar de mejorar en lo que se pueda la situación. Siempre tenemos que ponderar hasta donde llegan nuestras posibilidades y tratar de llegar hasta el límite de las mismas, pero no pretender ir más allá.
Si eternamente tratamos de hacer lo que "no" podemos, eternamente seremos infelices. Para que los problemas no nos impidan tener toda la felicidad que podamos obtener, debemos tener fe en nuestra capacidad para resolverlos, pero tampoco creernos omnipotentes.
Debemos alegrarnos por lo que hemos podido resolver y no amargarnos por aquellos que quedaron sin solución, descansando siempre en la tranquilidad que nos da el saber que hemos hecho todo lo que hemos podido.
Y como casi todos lo saben, éste es MI PUNTO DE VISTA® 512
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