Publicado: 26 de mayo de 2006
Carta a los Inmigrantes
Estimados lectores:
En el pasado, el fin de los movimientos del ser humano se encontraba en las barreras naturales de la Tierra: montañas, mares, ríos o desiertos. Hoy, el hombre ya no tiene obstáculos naturales, ni siquiera el cielo es un impedimento para desplazarse. En la actualidad, la gran barrera del ser humano es el propio ser humano.
Esta barrera, trazada con el nombre de frontera, nos hace extranjeros al cruzarla, al dejar el pedazo del mundo que nos vio nacer, donde nos entendemos al hablar y donde tenemos muchos familiares y conocidos. Del otro lado hay bonanza, futuro; de este lado solo hay pasado. Es la historia de millones de personas que cada día es más amplia. El inmigrante es aquel que se deshereda de su tierra porque quiere ver y hacer suyo el destino.
Una cantidad millonaria de hispanos en Estados Unidos, argelinos en Francia, turcos en Alemania; la lista es interminable. Hay cantidades enormes de seres humanos que buscan una nueva vida cruzando “la línea invisible”, como Colon cruzó al Atlántico. Es la historia de hoy, una de las más comunes, el cliché de las calles de Estados Unidos y de Europa.
Las economías más fuertes del mundo han requerido de un sustento para mantenerse arriba. Ese sustento existe en aquellos que no hablan su idioma y que no se parecen a su gente, en todos aquellos que se convertirán en extranjeros para hacer más nacional el bienestar.
Por ejemplo, Los Ángeles es la tercera ciudad con mayor número de hispanohablantes en el mundo. Un latinoamericano encuentra familiaridad en los nombres de las ciudades californianas, en las que alguna vez se hablo español y en donde lo que separa a Estados Unidos del resto de América, no es tanto una frontera, sino una herida que no cicatriza. y
Por ello, en todo el norte de América, los altos edificios escuchan palabras que la tierra ya había escuchado con anterioridad. Sus rascacielos hablan inglés, pero tienen el español y otros idiomas en sus venas, en sus sanitarios, cafeterías y servicios; los mismos idiomas que hay en el aire y, sobre todo, en sus cimientos.
La inmigración es un fenómeno que está ligado a una disparidad latente sobre la faz de la tierra, pero que no es tan simple como decir que millones de personas transgreden una limitante política para invadir la bonanza. La responsabilidad recae más bien sobre las potencias mundiales que borraron un poco de frontera en busca de mano de obra barata y que hoy son los mismos que la han clasificado como un mal.
Pero si todos regresaran a su tierra natal, el mundo podría tener otros engranajes. Por ejemplo: sin ilegales o incluso sin inmigrantes legales, Estados Unidos no habría sobrevivido a la economía de paz que dejo el fin de la Guerra Fría. Y todavía más claro, los trabajos indeseables de hoy los tendrían que hacer ellos mismos.
La historia también registra otros tipos de inmigración. México es un país que vive en gran parte de los dólares frescos que vienen de Estados Unidos, pero se le ve como un país que además ha recibido a exiliados políticos de todas partes del planeta, ya sea por la guerra civil española o por las dictaduras latinoamericanas. Hay personas que abandonan sus raíces para evitar la persecución y el terror ideológico, son personas que encuentran más libertad como extranjeros que como nacionales.
Estos exilios han traído a México a mucha gente preparada y con niveles altos de educación. Es un tipo de inmigrantes que se atomiza mucho más fácil en la sociedad que un trabajador latino en Estados Unidos, uno que pertenece con quién no lo considera extranjero. Dichos exiliados llegan en periodos de la historia muy singulares, y su número no se compara con los 500 mil que cada año dejan una América y entran a otra.
Este artículo nace al leer lo que esta pasando en Estados Unidos en donde se perfilan cambios radicales en todo lo que es inmigración. Yo espero que todo salga bien para todos.
Y como casi todos lo saben, éste es MI PUNTO DE VISTA® 137
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