Publicado: 22 de setiembre de 2005
Carta Sobre Educación para la Vida.
Estimados lectores :
Cuentan que había un hombre joven que acababa de tener un hijo y recién
sentía la experiencia de ser papá, en su corazón reinaba la alegría y
grandes sentimientos de amor. Decidió ir a un bosque a agradecerle al
Señor rodeado de la naturaleza.
Venía caminando cuando vio posada en una rama a un águila, la que lo dejó
extasiado por la belleza de su plumaje. El águila también había tenido la
alegría de recibir polluelos y estaba tratando de conseguir comida para
alimentarlos, pues sabía que esa era su responsabilidad.
El águila al notar la presencia del joven lo miro fijamente y le preguntó:
¿A dónde te diriges buen hombre?, veo en tus ojos mucha alegría. "Si,
contesto el joven, acaba de nacer mi primer hijo y he venido a dar gracias
a Dios".
El águila repregunto, ¿y que piensas hacer con él?, el joven le contestó:
"desde ahora y hasta siempre lo voy a proteger, le daré de comer y jamás
permitiré que pase frío y me encargaré también de que tenga todo lo que
necesite, lo defenderé de los enemigos que pudiera tener y nunca dejare
que pase necesidades de ningún tipo, porque para eso estoy yo aquí".
El águila no salía de su asombro, atónita lo escuchaba y no daba crédito a
lo que había oído. Entonces, respirando muy hondo y sacudiendo su plumaje
lo miro fijamente y le dijo : "Cuando recibí el mandato de la naturaleza
para empollar a mis hijos, construí un nido confortable, seguro, a buen
resguardo de los depredadores. Cuando aprendan a volar, destruiré el nido
con todo su confort y todo el valle será para ellos, siempre y cuando
realicen su propio esfuerzo y tengan aspiración para conquistarlo, con
todo y sus montañas, sus ríos llenos de peces y praderas llenas de
conejos, quiero decir que alcanzada la edad prudente, si no los dejo vivir
como quieren, reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos,
destruiría irremisiblemente su individualidad y haría de ellos individuos
indolentes, sin ánimo de luchar, ni alegría de vivir. Tarde o temprano
lloraría mi error, pues ver a mis aguiluchos convertidos en ridículos
representantes de su especie, me llenaría de remordimiento y gran
vergüenza, pues tendría que cosechar la impertinencia de mis actos, viendo
a mi descendencia imposibilitada para tener sus propios triunfos, fracasos
y errores, porque yo quise resolver todos sus problemas. Yo, amigo mío,
podría jurarte que después de Dios he de amar a mis hijos, por sobre todas
las cosas, pero también he de prometer que nunca seré su cómplice en la
superficialidad de su inmadurez, he de entender su juventud, pero no
participaré de sus excesos, me he de esmerar en conocer sus cualidades,
pero también de sus defectos y nunca permitiré que abusen de mí en aras de
este amor que les profeso".
El águila calló y el joven no supo qué decir, pues seguía confundido y
mientras entraba en una profunda reflexión, el águila, con gran
majestuosidad levantó el vuelo y se perdió en el horizonte.
El joven empezó a caminar, mientras miraba fijamente el follaje seco
disperso en el suelo, sólo pensaba en lo equivocado que estaba y el
terrible error que iba cometer si no cambiaba la actitud hacia su hijo
cuan éste tuviera una edad prudente. Llegó a su casa abrazó a su hijo y
pensó que por ahora lo que le tocaba era prepararse para a su vez preparar
a su hijo a que aprenda a vivir su vida.
Pienso que esta es una buena experiencia que algunos deberíamos haber
conocido mucho tiempo antes y que los jóvenes de ahora están en la
obligación de aprender para prepararse para ser los mejores padres del
mundo.
Y como todos ustedes lo saben, éste es MI PUNTO DE VISTA® (184 )
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