La salsa de la vida por Guillermo Rose
Ser peruanos, ser latinoamericanos
Publicado: 02/Agosto/2005
El sábado 28 de julio de 1821, en la Plaza Mayor de Lima, seguramente bajo
una fina garúa y un olorcito a tierra mojada, el General argentino Don José
de San Martín, junto con un grupo de gente notable del Perú, pronunció en la
Plaza Mayor de Lima la proclamación de la independencia del Perú. Los
peruanos la sabemos de memoria, ya que la aprendimos de niños en el colegio,
así que no es necesario repetirla hoy.
Lamentablemente la declaración de independencia no fue suficiente, desde un
punto de vista realista, valga la ironía, para que efectivamente el suelo
peruano quedara liberado. No bastaron las victorias anteriores del insigne
argentino, ni bastó que acabaran de librarse las batallas de Chacabuco y
Maipú para independizar a Chile, no importó que se hubiera consolidado como
gran estratega militar al llegar al Perú por el mar y no por tierra como se
había intentado en anteriores intentos fallidos. San Martín había
desembarcado con su ejército libertador en Pisco, al surcito de Lima. Parece
que el Libertador quería que nunca olvidáramos ese pequeño puerto, con un
nombre tan hermoso como sencillo, en la desembocadura del río del mismo
nombre.
La independencia del Perú parece tardía ya que el grito de libertad del
continente venía resonando por más de cuarenta años. Pero sucede que siendo
el Perú por más de 300 años el país favorito de la monarquía, las fuerzas
realistas se habían concentrado en el país más importante de Latinoamérica.
Perdido el resto, aún quedaban en territorio peruano más de veinte mil
hombres dispuestos a respaldar a su lejano rey.
Pero cómo no estar orgullosos de ser peruanos, cómo no estar orgullosos de
ser latinoamericanos, cuando contamos con compatriotas de la talla de José
Gabriel Condorcanqui, llamado Túpac Amaru II, el primer prócer de la
independencia de Sudamérica, de su esposa Micaela Bastidas, de María Parado
de Bellido, la sencilla pero noble analfabeta en conocimiento pero doctorada
en valor, cómo no mencionar hoy a José Olaya, pescador chorrillano cuyo
espíritu indomable sigue cruzando el mar a nado en las frías aguas del
invierno limeño, de Chorrillos al Callao y del Callao a Chorrillos llevando
correspondencia sobre la ocupación española de Lima. Esto en Junio de 1823,
dos años después de la declaración de Independencia. Dijo Olaya a sus
captores antes de ser fusilado: "si tuviera mil vidas, gustoso las perdería
antes de denunciar a los patriotas o traicionar a mi patria". El 29 de junio
de 1823, día de San Pedro, patrón de Chorrillos, a las 11 de la mañana,
Olaya fue ejecutado en el Callejón de Petateros de la Plaza Mayor, hoy
Pasaje Olaya.
Tiene que llegar el ejército libertador del norte, tiene que llegar ese otro
gran estratega de la libertad latinoamericana, el venezolano don Simón
Bolívar. Y cuando San Martín se retira y le cede el paso, tenemos que
esperar tres años después de la declaración de independencia para presenciar
asombrados las dos grandes últimas batallas por la libertad del continente
americano.
El 6 de agosto de 1824 en la pampa de Junín se lleva a cabo en menos de una
hora una gran batalla de caballería. Cuando parecía que las tropas realistas
se llevarían la victoria, aparece por la retaguardia el regimiento Húsares
del Perú, un grupo de centauros que con valor, conocimiento y sapiencia,
destruyen a punta de caballo, sable y lanza al ejército invasor. Se
reagrupan los patriotas y derrotan sin atenuantes a los españoles. Los
Húsares del Perú se convierten gracias a su coraje, en los gloriosos Húsares
de Junín y tienen para siempre el honor de ser hasta hoy el regimiento
escolta del Presidente de la República.
Los españoles se marchan a reunirse con los suyos en el Cuzco, pero, antes
de que lleguen, los patriotas los obligan a una batalla en la Pampa de la
Quinua, en el departamento de Huamanga, en un lugar llamado Ayacucho, el
Rincón de los Muertos. El 9 de diciembre de 1824 ganan los patriotas otra
vez pese a su desigualdad numérica y gracias a la superioridad de su razón.
Esa victoria sella la independencia del Perú y la de toda América. Es la
batalla de Ayacucho que le cambia el nombre al departamento de Huamanga, que
hace Mariscal a Antonio José de Sucre y que marca una hora imborrable en el
destino de todos los pueblos de América.
No nos llegó, pues, gratuita la libertad. No se obtuvo mediante el uso de la
palabra ni del tratado, sentados cómodamente en una mesa de reuniones. La
libertad del Perú, la libertad de América se logró con la sangre y las vidas
de los que nos precedieron. Y, digo yo, 180 años después: Estas épicas
batallas, estos sacrificios, con los que se fueron muchas vidas en la flor
de la juventud, por la libertad del Perú y por la libertad de América, ¿se
lucharon por gusto?
Tenemos una responsabilidad. Está bien celebrar la independencia, pero la
independencia del Perú es algo más que tres palabras aprendidas y repetidas
de memoria una vez al año. La independencia del Perú es un ejemplo que nos
deja la historia de lo que los latinoamericanos unidos podemos lograr.
Porque en la Pampa de Junín y en la de la Quinua en Ayacucho, peleamos
juntos argentinos, bolivianos, chilenos, colombianos, ecuatorianos,
paraguayos, peruanos, uruguayos y venezolanos. Y ganamos. Y si hubiéramos
seguido juntos durante los muchos años que siguieron , juntos seríamos ahora
una región líder del mundo.
Perú es un país clave en el desarrollo sudamericano, y ni Sudamérica puede
progresar si el Perú no progresa ni el Perú puede progresar si Sudamérica no
progresa. Trabajemos juntos.
Una pequeña muestra de lo mucho que se puede hacer a nivel continental lo
podemos lograr a nivel ciudad. Toronto nos da la oportunidad doble de seguir
trabajando para dejar el nombre del Perú en la parte superior de la balanza,
de unirnos como nación bajo la bandera de nuestros padres y, a la vez,
abrazar a nuestros hermanos para demostrar al mundo que la gran nación
latinoamericana es, qué duda cabe, una sola.
Gracias a Canadá por permitirnos desarrollarnos acá y por contribuir a su
fabuloso modelo multicultural, económico, pacífico y humanitario. Gracias
Latinoamérica por constituir un hermoso grupo humano que ha tomado el camino
de la esperanza, del trabajo y del amor.
Podemos seguir siendo peruanos pese a vivir fuera del Perú. Para ser peruano
simplemente se necesita tener el corazón dispuesto a seguir amando y
recordando los valores de sacrificio, familiares y religiosos que dieron
vida a nuestra gran nación. Mientras pensemos en el Perú, mientras
resaltemos los grandes valores culturales y las riquezas de nuestro país con
orgullo, seguiremos teniendo la suerte de ser peruanos, ya que llevamos
siempre debajo de cada una de nuestras pisadas un querido pedazo de nuestra
hermosa patria.
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