La salsa de la vida por Guillermo Rose
Cómo Eva Ayllón llegó a cantar en el Toronto Centre for the Arts
Publicado: 30/Setiembre/2004
La presentación de Eva Ayllón en el Toronto Centre for the Arts no puede y no debería pasar desapercibida para los habitantes de nuestra ciudad.
En julio de 1995 me pidieron que la presentara en su primera actuación en
Toronto. La entrevisté para El Popular donde publicamos el artículo “Eva
Ayllón, Voz y Orgullo del Perú, se presenta mañana en Toronto”. También la
presenté, leyendo un poema que escribí para la ocasión. Los que estuvimos
esa noche en el sitio sabemos que el lugar era una porquería. Cometí el
error de pasarle la voz a varios amigos, ir con mi esposa y llevar a mi
mamá. Fue un desastre. No Eva, que estuvo fabulosa. Me refiero a un local
estrecho, abarrotado, donde se vendió licor y comida desde las 6 hasta las
11 de la noche, donde los borrachos de siempre armaban pequeños líos de
cantina, donde los conchudos de siempre, un minuto antes que saliera a
cantar ella, jalaron sillas y las clavaron en el mejor sitio. Recuerdo
haberle preguntado durante la entrevista si sabía dónde iba a cantar. Me
dijo que todavía no había visto el local. Ese sitio era peligroso. Por lo
menos se deben haber infringido unas cuatro o cinco leyes de seguridad esa
noche. Un amago de incendio y ya estaría en compañía de Lucifer.
Eva volvió a Toronto creo que en el 97, no estoy seguro porque no fui a
verla. Me contaron que se presentó en el Ukranian Hall, que salió a actuar
cerca de las 11 y media de la noche, que mucha gente ya se había ido a su
casa. A los pocos días el rumor en Toronto fue que la empresaria que llevaba
a Eva al teatro se había perdido y por eso había llegado tan tarde a la
sala. Claro, y los chanchos vuelan.
El año pasado tuve la oportunidad de entrevistarla por segunda vez y con mi
esposa e hija viajar a verla a Montreal. A raíz de esto escribí dos
artículos que aparecieron en esta columna bajo los títulos “Eva triunfa, se
va del Perú en 2004” y “Por la cola se les conoce”. El problema con la
actuación en Montreal fue que se presentaba en un teatrín tipo cabaret,
donde la gente no tiene asientos numerados y donde hicimos una cola de
horas, donde los conchudos de siempre se zampaban adelante nuestro, donde
casi nos tuvimos que agarrar de las mechas para sentarnos en un sitio
aceptable. En esa oportunidad establecí contactos con los promotores de Eva.
Este año me contactó el promotor de Montreal para avisarme que venía ella a
Toronto. Trabajamos juntos por unas seis semanas hasta que decidí alejarme
de la organización del evento debido a que la forma de trabajo me pareció
muy riesgosa para lo que estoy acostumbrado. Sin embargo, durante esas seis
semanas, convencí al promotor de Montreal de que Eva solamente debería
venir si le conseguíamos un teatro de categoría, no un salón de iglesia, no
un cuchitril encima de una arena de hockey, no un teatrín de quinta
categoría. Buscando y buscando, llamando y llamando, emails van, emails
vienen, conseguí la Sala de Recitales George Weston del Toronto Centre for
the Arts. Fui con el promotor de Montreal a verla, vimos los camarines de
primera, vimos desde el escenario cómo vería ella al público, conversamos
del sistema acústico, uno de los mejores del mundo e hicimos el trato.
Salvo una mujercita que gritó unas cuantas lisuras en medio del jolgorio
general, y que sonaba a profundamente borracha, la noche se caracterizó por
la voz, la presencia y el baile de la Ayllón, quien mostró no solamente lo
fabuloso de su voz sino que cuenta con una chispa y una gracia que contagian
al público. Habla un poco de inglés y nos prometió hablar mucho más el
próximo año. Está promoviendo un disco compacto llamado “Eva, leyenda
peruana”, del cual nos regaló muchas interpretaciones. Excelentes las nuevas
canciones, extrañamos sus valses de antaño. Menos mal que los escuché el año
pasado en Montreal.
Pocas veces durante su gira, tienen estos músicos la oportunidad de contar
con un piano acústico de cola como el de esa noche. Generalmente tienen que
usar su piano eléctrico portátil, lo cual -me lo contó Eva el año pasado en
medio de la gira-, induce a críticas injustas de periodistas puristas que
quieren valses con pianos sin cordón, como si el grupo pudiera andar por el
mundo con un piano a cuestas. Por eso, cuando Eva, durante el show,
dijo que estaba feliz con el piano acústico, que estaba contenta de estar en
un teatro como ese, que luego de 34 años los artistas merecen buenos
escenarios, y cuando al final se dirigió al promotor diciéndole que le toma
trabajo a la gente acostumbrarse a ver a los artistas peruanos como ella en
un buen teatro, no pude menos que sonreírme satisfecho.
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