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La salsa de la vida
por Guillermo Rose
Bien bacán
Publicado: 12/Mayo/2004
A veces uno habla con otros latinoamericanos y se queda en la luna con lo que dicen, a pesar de que se supone que todos hablamos el mismo idioma. Es que, pese a que las palabras son las mismas, muchas de ellas tienen un significado diferente para los que las emitimos, dependiendo del país y, en algunos casos, de la región del país de donde venimos. No me sucede eso si hablo con otros peruanos, excepto, claro, si son muy jóvenes, en cuyo caso es probable que algunas de sus expresiones no me sean familiares.

- Me gusta el chile - dice un mexicano refiriéndose al ají. En Guatemala, chile es una mentira.

Mi esposa y una amiga, peruanas ambas, viajaron a Chile cuando tenían unos 23 añitos, muy jovencitas y guapetonas ellas. En el aeropuerto, en plena época de Allende, les revisaron íntegramente el equipaje, incluido el de mano. Durante la cena en casa de una tía, Olga, la amiga de mi esposa, relató, delante de un grupo de chilenos y chilenas, cómo le había molestado la revisión exhaustiva del equipaje en Pudahuel.
El tipo era un tarado. La verdad que me estaba revisando tanto que me empecé a calentar. La tía de mi esposa tuvo que aclararle que en Chile "calentarse" no solamente significa molestarse como en el Perú, sino estar excitada, sexualmente hablando. Lo mismo le sucedería en el Perú a un venezolano que diga que está arrecho, tratando de decir que está molesto.

Si un mexicano dice "pásame la goma" en Lima, esperando que le den un borrador, lo más probable es que le alcancen una botellita con líquido para pegar. Si pide lo mismo en Argentina, le van a dar un neumático. De repente alguien por ahí le da una golosina. En Lima se almuerza al mediodía, hora en que los mexicanos comen, mientras que los peruanos comemos cuando los mexicanos cenan. Y no se trata de decir quien tiene la razón o quien habla mejor el castellano. El punto es que la evolución de nuestro idioma y la voz popular han creado una cantidad de palabras y significados que hay que ser un experto para entendernos bien entre todos. Por eso es que a veces, los que escribimos y hablamos para audiencias multinacionales tratamos de hacerlo en un lenguaje neutro que todos puedan comprender. Este ejercicio me resulta a veces infructuoso ya que los peruanismos aparecen a menudo sin querer ya que es mi forma natural de expresión. La chuchumeca estaba calatita y zampada- podría no tener sentido para los no peruanos. Quiere decir que la prostituta estaba desnuda y borracha.

En Ecuador y Perú, ser lechero es ser suertudo ya que leche es sinónimo de suerte. Y no comemos frijoles, sino frejoles. Los que se dan golpes de pecho religiosamente en público son curuchapas en Ecuador y cucufatos en el Perú. Sin embargo mientras que en Ecuador cachar es entender, en México es atrapar o agarrar a alguien sorprendiéndolo, en el Perú es una lisura groserísima que quiere decir tener relaciones sexuales. Por la televisión mexicana propalan el programa "Te caché", lo cual suena horrible y es inaudito a oídos peruanos.

A los niños se les llama de diversas formas. Cabros les dicen los chilenos, mientras que para los peruanos cabros son los homosexuales. En Argentina los niños son pibes y pibas. Pucho es la colilla del cigarro y sobre el pucho quiere decir ahorita mismo. En el Perú nos subimos al ómnibus, mientras los mexicanos se trepan al camión y los cubanos a la guagua. Guagua en Chile es un crío. Y los chilenos son guatones mientras los peruanos somos panzones o pipones. En Latinoamérica a los gays los llaman de muchísimas formas, marica, maricón, maricueca, mariposa, mariposón, ñoco, cabro, rosquete y rosquetón, pero pato es una de las formas más comunes. Maricón también puede referirse a ser cobarde.

Las casacas peruanas son las camperas argentinas y las chamarras mexicanas. Nuestras camisetas son remeras en la Argentina. En Bolivia una chulupi es una cucaracha, y si le piden a uno un mango no se trata de la fruta sino de un bolígrafo. El mango es manga. En Perú y Bolivia un paco es un policía. El dinero tiene muchos nombres: guita, guía, mosca, plata, molido, machucante, marmaja, Villegas. Un quilombo en Brasil era una comunidad de esclavos negros escapados, en la Argentina es un lío de la patada. La mayoría de los latinos llamamos Bolívar a Bolívar, mientras los venezolanos, compatriotas del Libertador, a veces lo llaman Bolo. En Venezuela y Puerto Rico, los amigos son panas, en el Perú son patas, carretas y en México somos cuates.

Del inglés provienen las birras que son cervezas, y los chuzos que son zapatos, faites que son bien vestidos (de "fighter", los boxeadores elegantes de hace 50 años), y los guachimanes (de "watchman") que son los guardianes.

Mientras los gringos se refieren a los testículos como las nueces, para nosotros es sabido que las nueces son nueces y que lo que hay que tener en la vida son huevos. De huevo vienen muchísimas acepciones como huevón, huevo frito, hueverto, huamán. Es huevo quiere decir es fácil. Desahuevina es lo que necesita la gente para dejarse de tonterías. El término huevón ha sido oficialmente reconocido por los de la Real Academia de la Lengua Española. Para confundir a los académicos, usamos ahora una variante corta, que viene a ser simplemente "on". Los peruanos, que también usamos el término con gran entusiasmo para referirnos a cualquier otra persona que no nos caiga bien, últimamente tuvimos la versión del exPresidente Alan García Pérez, quien comentó que Toledo (actual Presidente del Perú) lo había estado ´hueveando´. Huevear a alguien quiere decir engañarlo. Últimamente se usa mecer para referirse a lo mismo. Creo que te están meciendo, le advierte uno a un amigo, cuando cree que lo están engañando. Para mí que es equivalente a mangonear o cojudear a alguien, no sé.

Antes la gente renunciaba a sus cargos, ¡ahora dan un paso al costado! Paja era mala palabra pero ahora se usa como si nada para referirse a algo muy bueno, firme, algo bien bacán.

Debemos ver los regionalismos como formas únicas, a veces muy folclóricas, de expresión de cada región de Latinoamérica pero también debemos evitar usar expresiones que, siendo inocentes para nosotros, pueden ser ofensivas para nuestros hermanos.


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