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La salsa de la vida
por Guillermo Rose
Si manejas no tomes agua
por: Johnny Canuvian
Escritor invitado de La salsa de la vida.

Publicado: 05/Abr/2004
Oe compadre, quería contarte que la Mosca Rivero, uno de mis patas del colegio, me ha mandao un mensaje con el título de "¿Agua o Coca Cola?" onde se avienta a hablar bien del agua y mal de la Coca Cola. ¡Cómo es eso, pez oe? Yo que toda la vida he tomao Coca Cola de chiquito, se me han parao los pelos, pues compadre. Dice que todos los policías de caminos de Estados Unidos llevan en sus carros dos galones de Coca Cola. Para limpiar la sangre de la pista, luego de los accidentes. No puede ser. Nunca he visto con qué limpian las pistas, pero no puedo creer que sea con gaseosa, pe. Estos creen que uno es zonzo. Dice que para remover las manchas de óxido de los parachoques de los carros sufi con frotar un pedacito de aluminio con Coca Cola y que las manchas, van a desapadecer, como lo oyes oe, desaparecer al friccionar el parachoques. Primero que si el parachoques ya tiene tantas manchas de óxido, es hora que uno se compre otro carrito, pe compadre. Segundo, que el aluminio araña. ¿Quién va a ser tan mongo de echarle Coca Cola al aluminio? Se chorrea pue todito. Yo hice la prueba para ver qué pasaba.

Y lo último. El colmo los colmos. Dice el mensaje de la Mosca Rivero que con un poquito de Coca Cola ¡se puede desaparecer un clavo en cuatro días!

Esto sí que me loqueó ah...así que preso de una duda febril, y con ese afán investigador de querer saber la verdad de la mermelada que me inculcaron de chiquío en las aulas ugartinas, decidí hacer un pequeño experimento. Me conseguí un par de tornillos exactamente iguales y un par de copas de pisco peruano. Dentro de cada una de las copas de pisco peruano he colocado sendos clavos. Nota cómo uso tan adecuadamente la palabra "sendos" ah, que en este caso quiere decir un tornillo en cada copa. He llenado una de las copas de pisco peruano con Coca Cola de dieta (Dayecouk) y la otra con agua potable.

A continuación, he tomado nota del día y la hora y he colocado en un lugar completamente alejado del comedor y de la cocina las dos copas de pisco peruano, no vaya a ser que mi hijo Shane o mi señora, la Bebe, en un momento fatal de sé y distracción se endilguen el tornillo cual si fuera un pisquito, seco y volteao al estilo del Callao. Oe, esperé paciente ah, los cuatro días ah, hasta que retorné al lugar de las copas a fin de examinar los tornillos. Los resultados fueron sorprendentes. Me quedé totalmente cojinova. El tornillo que estaba en la copa de pisco peruano con el agua, se había ocsidado, como lo oyes, oc, sí, dado, y el agua estaba casi anaranjada, llena de ócsido. El otro tornillo, el que se quedó dentro de la copa de pisco peruano con Dayecouk, lo vi más delgado, pensé, claro si es Coca Cola de dieta, pero lo más sorpresivo es que estaba reluciente, ¡como si le hubieran tirado una lavada en el lavaplatos automático! ¡Que bestia! pensé. Oe compadre, tú saca tus propias conclusiones, pero para mí que la Coca Cola de Dieta te debe tirar una lavada a los intestinos de la patada, pero si quieres oxidarte, tómate tu agua.

Yo me acuerdo que, de chiquío, cuando tenía unos quince o dieciséis añitos, y todavía era joven y bello, digo, me acuerdo que para broncearme barato en La Herradura, ya que por si acaso yo no me bañaba en Agua Dulce, en vez de bronceador a veces nos echábamos Coca Cola. Con la Coca Cola agarraba un bronceado monstro, aparte que quedaba recontradulce. No pasaba nada, no me disolvía, como cuando Drácula entra en contacto con el sol.

Desde que me he venido a vivir a Toronto, que dicho sea de paso es una ciudad bien paja, he observado que acá, pa los canadienses es casi una religión y un asunto de cultura general tomar agua. Todo el mundo toma agua. En la oficina, el que menos anda de mitin en mitin con su rejodida botellita de agua. Y allí en la oficina es bien cara el agua, ah. En las máquinas venden botellas de agua por un luni y cuora ¡y la botella grande por un tuni!!! Y eso que acá Canadá tiene más lagos y más agua que todo el resto del mundo. Fíjate tú, si agarras tu carro y te vas al norte de Toronto, te encuentras con más lagos que tierra firme.

La cosa es que, tratando de no consumir azúcar, de bajar un poco de peso y de estar a la moda con el ambiente tan saludable en el que vivimos, de un tiempo a esta parte, me tomo mínimo de tres a cinco botellitas de agua embotellada al día, en la casa, en el carro, cuando saco a pasear al perro, en la oficina y luego de hacer el amor. Antes hacía el amor, me fumaba mi cigarrito y me tomaba un cafecito. Malo pa la salú. Ahora me tomo una botellita de agua.

Todo eso está muy bien digo yo, si es que hay baños cerca. Cuando manejo, y por eso el título de este artículo, la cosa se vuelve peligrosa. ¿O no?. Salgo de la oficina contento, luego de un día de reuniones con una tira de pesados, al fin me voy a mi casita, pongo mi mochila en la maletera, saco un par de botellitas de agua de la mochila, cierro la maletera y me subo a mi carrito. Una peinadita, pongo un ratito radio 680 para saber de todos los embotellamientos de tráfico que son impajaritables todos los días de trabajo y ¡listo!, enrumbo a la Allen hacia mi casita.

Con la lentitud del tráfico, empiezo a tomar traguito por traguito, hasta que, pasada media hora, sin darme cuenta, me termino botella y media y todavía estoy en medio de la 401 a 7 kilómetros por hora, y me falta todavía una media hora para llegar a mi destino. Yo creo compadre que, con el paso y el peso de los años a uno se le va reduciendo la vejiga de tamaño, ya que ahora, no pasa mucho rato sin que me vengan ganas de hacer el uno. Mientras tanto, la tira de idiotas que se han olvidado de cómo manejar, siguen yendo a paso de tortuga. No ayuda casi nada si mongamente me pongo en el carril de la izquierda, que dicen que es -¡ mejor será que me ría- el de "Alta Velocidad". Ya. Claro. En vez de 7 puedo ir a 12 kilómetros por hora. La tentación de meterme al "shoulder", que no es precisamente el hombro, sino el carril de emergencia, cuadrarme y llamar a la Ci Ey Ey para que me saquen del lío es tremenda, pero me resisto, ya que hacer pila en la 401 no solamente está penado con cárcel, sino que lo peor es que puede ser dañino para la salud, ya que si te ampaya uno de esos camioneros que van en su Mack, fijo que te lleva de encuentro cual piuma al viento. Y después, cómo explicarle a la policía o a San Pedro porqué paraste en plena 401.

En fin, por eso te digo pues oe, si manejas no tomes agua.


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