La salsa de la vida por Guillermo Rose
En un barrio muy lejano
Publicado: 08/Mar/2004
Curioso el proceso tan diferente por el que los latinos que vivimos en Canadá pasamos durante el transcurso de nuestras vidas en este país.
Algunos, ridículos ellos, a los pocos meses de haber llegado al Gran Norte Blanco, quisieran haber nacido acá. No quieren juntarse con otros latinos porque dicen que "para juntarnos con latinos no hemos venido", adquieren un acento falso cuando hablan castellano y se dedican a canadienizarse a más no poder, tratando infructuosamente de olvidarse de dónde vienen. De tanto tratar de hablar inglés, no lo terminan de aprender nunca y, para colmo de males, se "olvidan" del poco castellano que saben. Pretenden agringarse groseramente y negar su origen, ya que probablemente les avergüenza.
Otros, pese a los años de años que llevan viviendo acá, quisieran jamás haber salido del país que los vio nacer y se engañan tratando de convencerse que están acá de pasadita nomás y que en cualquier momento se regresan. Se resisten a aprender el inglés, buscan desesperadamente y se acoplan con otros latinos en la misma situación, ven solamente canales como Telelatino, escuchan únicamente Ondas Hispanas Canal 2, leen únicamente El Popular y, en cuanto juntan suficiente dinero, se consiguen un disco satélite lo más ilegal posible, para poder ver las noticias, las telenovelas y los programas que nos regalan Telemundo y Univisión, en ese castellano tan mal hablado que caracteriza en los últimos veinte años a la televisión y radio en castellano, incluida la que viene de Latinoamérica. Estos latinos viven pendientes de todas las manifestaciones musicales hispanas que la ciudad les brinda. Siguen viviendo en el barrio de donde vinieron. Un barrio muy lejano, pero barrio al fin.
Hay un término medio. Es el grupo de latinos que vive una vida doble, una vida compartida entre ser canadiense y ser latino. Es el latino que siempre supo o que aprendió el inglés, que tiene un trabajo donde el inglés reina y donde el castellano no sirve para nada. Es la gente que sabe lo que está pasando en su país de nacimiento, pero que vive con los pies en Canadá. Es el que se entera de las noticias del mundo gracias al Toronto Star, al Globe and Mail, o a los noticieros de la CBC o de CTV. Es el que sigue gustando de la deliciosa comida latinoamericana y va con cierta frecuencia a restaurantes de su país de origen, pero que puede disfrutar, sin vergüenza, de las delicias de un buen barbecue en su backyard.
Cada uno de nosotros podemos escoger a cual de estos tres grupos queremos pertenecer.
La opción de aprender el inglés está presente todos los días, el gobierno facilita esta posibilidad con cursos gratuitos, el ambiente favorece el aprendizaje del idioma inglés. Cuando un extranjero se va a vivir a uno de nuestros países y, por poner un ejemplo, entra a la universidad, al colegio o a un restaurante, esperamos que hable castellano. ¿Tenemos acaso alguna corona por la cual no tenemos que hablar inglés acá? Si tenemos hijos que han nacido o venido muy pequeños a vivir acá, ellos serán canadienses. El idioma que ellos van a preferir es el inglés. No importa que hablemos castellano en el hogar. Sus amigos, sus enamorados o enamoradas, sus héroes, sus estrellas, todos son norteamericanos. El deporte de su preferencia no va a ser el fútbol. Obviamente, los hijos de latinos van a estar orgullosos de su origen, lo cual es fabuloso, pero se engaña el latino que cree que sus hijos "sienten" ese cariño por el terruño que hace llorar al padre en silencio. Los chicos tienen orgullo de su origen latino, pero piensan, sienten y están acostumbrados a lo canadiense.
Si los padres quieren poner una gran barrera entre ellos y sus hijos, deben seguir viviendo en el engaño del barrio lejano. Tarde o temprano se darán cuenta que sus hijos no son latinos. Sorry.
El que se quiere agringar y negar su origen tendrá que padecer su vida entera la penuria de no ser cien por ciento ni de allá ni de acá. Rechazado por sus coterráneos por su ridiculez y su traición y observado por los canadienses por ser un inmigrante, creo que vive la peor de las situaciones.
Sin ser perfecta, la posición mita-mita, mitad canadiense, mitad latino, es probablemente la menos infeliz. Aceptar la realidad de la forma de ser y de sentir de nuestros hijos, seguir saboreando la fabulosa cultura latina, entendiendo lo excelente de los valores canadienses, disfrutando no solamente del baile latino y al mismo tiempo entendiendo una obra musical en inglés, riéndonos en voz alta con las antiguas películas de Cantinflas y disfrutando de los chistes de Billy Crystal en la ceremonia de entrega del Oscar, comentando con nuestros hijos cómo les va a los Maple Leafs de Toronto, sin perdernos los partidos de clasificación para el Mundial de Fútbol en La Pupusa Loca, es vivir en el mejor de los mundos.
Si usted vive en un barrio lejano, considere terminar de mudarse a Canadá, Va a ser más feliz.
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