La salsa de la vida por Guillermo Rose
Los cincuenta años de Eduardito
Publicado: 01/Mar/2004
La noche pasada, con ocasión del cumpleaños de mi amigo Eduardito, y gracias a la amable invitación de su esposa, preparé un discurso sobre lo que significa el cumplir cincuenta años. El tema: "?¿Cómo reconocer a alguien de 50 años o más, sin saber si los tiene?" Consignamos algunos detalles de dicho discurso.
1. La madurez
El cincuentón, como es un hombre maduro, cuando maneja y ve un chinito haciendo una mala maniobra, no se le ocurren cosas como meterlo al oriental éste en un microondas para nuclearlo en unos mil pedazos. No. El hombre maduro piensa: "Oh, es tan solo una coincidencia que otro simpático descendiente de la dinastía Ming haya parado intempestivamente delante de mí cuando la luz estaba recién cambiando a ámbar e íbamos ambos vehículos a 115 kilómetros por hora, estando yo 12 centímetros detrás de su parachoques. Será mejor que simplemente me sobe la frente y la nariz y continúe mezclado en el tránsito vehicular de esta nuestra tan multiculturalmente armónica ciudad. Y ojalá que el tarado éste choque unos metros mas allá"..
2. La memoria ya no es la misma
Uno se acuerda de cosas tan estúpidas como la letra de "Los patrulleros del oeste", así, si yo digo "Este es un rural de Texas", todos los cincuentones saben que sigue "Jace Pearson se llama él", o de comerciales de hace 35 años como ese que decía:
"Contenta, contenta, aún en esos días.
Contenta, contenta,
Usando Alidol".
El cerebro masculino -que anda en una condenada y millonaria pérdida de neuronas diaria, iniciada cuando el jovencito ve la primera mujer que le gustó en su vida y las hormonas le explosionan cual dispositivo nuclear- se convierte en un archivo de idioteces. Las zonzeras más grandes uno las recuerda con nitidez. Por ejemplo me acuerdo con pelos y señales de todas las jugadas y otras cosas mucho más entretenidas que hizo Roberto Challe en el partido que empatamos con los argentinos en Buenos Aires en el 69, lo cual no es muy útil que se diga, y cosas importantes como sacar las llaves del carro antes de cerrarlo, o saber a quién le pertenecen esos "panties" que aparecieron en el maletín junto a unos cuadros estadísticos de la ofi, uno no las recuerda.
3. Ya no se ve bien de cerca
El cincuentón ve lo más bien de lejos. Incluso mejor que a los 40, pero lo que es de cerca ya ni él mismo se ve bien en el espejo y para leer quisiera que le crecieran los brazos, cosa por demás imposible ya que a esa edad -verdad terrible- en vez de crecer, todo se comienza a achicar.
4. Dormir ya no es lo mismo
Los jóvenes duermen a veces hasta las 2 de la tarde. A los 50, la mayoría se despierta a las 7 y 5, sin alarma. Los sábados y domingos a las 9 y cuarto a más tardar. Y, caricho, no hay forma de volverse a dormir, tan rico que era esto.
5. Viejo verde
Perfeccionas el arte de observar a las chicas de 20 años, sin siquiera mover la cabeza, bastándote un movimiento de ojos, los cuales, gracias a años de práctica, se salen de sus órbitas, y se mueven cual pequeños periscopios, solitos, de izquierda a derecha o viceversa según la dirección en que se mueve el lomo.
6. El espejo de la vida
En la ducha te das cuenta de algo horripilante: que tu cuerpo se parece más al de Don Francisco que al tuyo. Para algunos, la cabeza se ha convertido en un helipuerto para zancudos, así que se dejan crecer pelo de un lado y se lo jalan por encima de la calva hasta el otro lado, lo que hace ver a su cráneo cual huevo de avestruz atrapado por una tarántula. Te das cuenta que suena ridículo que tú llames "señor" a alguien, ya que, salvo al Papa, ahorita puedes tutear a cualquier persona que conoces.
7. Cambio de hábitos
En la ducha, en vez de canciones de Los Beatles, ahora cantas antigüedades tradicionales y machistas como:
"Con dinero y sin dinero
yo hago siempre lo que quiero
pues ¡mi palabra es la ley!"
A la misma hora que años atrás te preparabas para salir a la calle, ahora te pones tu pijama, y te metes a la cama... a dormir, lo cual te ocurre 3 segundos después de que tu cabeza hace contacto con la almohada, como si te hubiera fulminado un rayo. Tienes una amante con la que pasas interminables horas de horas en la noche y en el día, amante insaciable a quien llaman la Internet. Nuevas palabras, antes jamás pronunciadas, pasan a formar parte de tu vocabulario: Periodoncia, postizos, fibra, liposucción, RRSPs, geriatría, Preparation H, la bombita y próstata.
8. Cambios de ritmo y de frecuencia
Cada vez que escuchas la palabra "imponente" reaccionas diciendo:
- ¿Impotente? ¿Quién dijo impotente?
A los 20, hablabas de cuantas veces al día podías hacer el amor. A los 30 de cuantas veces por semana. A los 40, de cuantas veces al mes. Ahora te parece que es un tema totalmente personal, así que ¿para qué hablar de cuantas veces al año?
Con estos alegres pensamientos celebramos el medio siglo de Eduardito. Muchas gracias.
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