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La salsa de la vida
por Guillermo Rose
Un día de mi vida
Publicado: 09/01/2004
No sé cómo será la vida del resto del mundo ya que no sé ni leer, pero la mía no es tan mala después de todo Para que el lector se haga una idea, creo que lo mejor sería narrar sucintamente lo que sucede en un día de mi vida.

Me despierto normalmente golpe de seis y media de la mañana. Esa es la hora en que mi papá se levanta. Hace tanto ruido desde que abre la ducha, mientras se viste y baja las escaleras, que me despierta completamente. Lamentablemente, como tengo un sueño tan ligero, cada vez que él o mi mamá se levantan durante la noche para ir al baño, también me despierto. No importa. Puedo recuperar esas despertadas durante el día. A las seis y media veo pasar a mi papá hacia el baño y espero que regrese a vestirse. Finalmente regresa, se pone su reloj, su aro de matrimonio, la sortija de su promoción, sus anteojos, se viste completamente, excepto por los zapatos, y se va del cuarto. Yo lo miro de reojo, pero me hago el dormido, ya que es muy temprano para que me levante. Si se me ocurre bajar con él, estoy frito ya que seguro que me hace salir al patio de atrás de la casa. Hace mucho frío en esta época del año, así que prefiero hacerme el dormido. Se va. Aprovecho entonces para subirme a la cama. Justamente me voy hacia el lugar que él ha dejado vacío. Todavía conserva un poco de calor, así que me acomodo y duermo un rato más.

Mi mami se levanta a una hora mucho más decente, a eso de las nueve y media de la mañana, creo que también se va a trabajar ya que marcha hacia el baño con la misma velocidad que papi. Mami me gusta, ya que ella jamás me grita ni me apura para nada. Regresa del baño, termina de vestirse, me habla un poco, me dice "Machimuchi ¿cómo estás?". Me imagino que Machimuchi es un término cariñoso ya que siempre lo acompaña con una caricia en mi cabeza. Pero yo estoy muy remolón, tengo un poquito de sueño, así que la miro y vuelvo a cerrar mis ojos, esperando que termine de vestirse. Cuando ella termina apaga la luz del cuarto. Siempre se olvida de apagar la luz del baño, que yo sé que le molesta a papi, pero como no hablo todavía, no sé como avisarle a mami de su olvido. Ella baja las escaleras y yo bajo con ella rapidito ya que no me gusta quedarme solo. En la cocina ella sigue hacia la puerta que da al patio trasero y la abre, pero no sale. Me imagino que quiere que salga yo solito, así que, para qué hacerla esperar, me enrumbo hacia el patio. Hace frío ahorita ya que estoy escribiendo sobre un día de mi vida y resulta que estamos en diciembre, que como se sabe, es una época de mucho frío. No sé en cuanto estará la temperatura pero que está cerca de cero grados, está. Salgo pues, mientras ella cierra la puerta tras de sí. Tengo que hacer algunas cosas que no vale la pena relatar aquí, pero que mi mamá aplaude con entusiasmo, la veo por la ventana de la puerta muy contenta. Regreso rapidito ya que el frío me molesta. Entro a la casa y tomó mi desayuno, al mismo tiempo que mi mamá toma su café muy apurada.

Se va ella también. No sé en qué trabaja, pero no se va todos los días, solamente unas cuatro veces por semana. Me habla, siempre con su voz cariñosa, que cuide la casa, que ya viene, que baje a acompañar a Allan. Allan es mi hermano. Él duerme en el sótano, "basement" que le llaman. La verdad que, en cuanto mamá se va, me voy corriendo a meterme a la cama de Allan. Él no se da ni cuenta. Duermo hasta las once de la mañana con él. Luego me aburro, así que subo hasta la mitad de la escalera que domina la casa. Me ubico en un escalón desde el que veo la entrada a la casa, la ventana que da a la calle, la puerta y las grandes ventanas que van a dar al patio de atrás. Desde ahí puedo ver todo lo que sucede alrededor de la casa. Generalmente, a eso de las once y media, viene algún fulano a dejar algo en la caja del correo, así que aprovecho para hacer su presencia conocida y notoria en la casa y, espero que también, en todo el vecindario.

Mi mamá me deja siempre prendido el televisor de la cocina, con la idea de que no me sienta solo, así que escucho muchas sandeces que dicen unas señoras muy chillonas, otras de voz azucarada, pero igual, sandeces, estupidez y media, se podría decir. Ella lo hace con buena intención, pero la verdad que preferiría que apague el televisor cuando se va. Es otra de las cosas que, en cuanto aprenda a hablar, le voy a pedir. Le quiero decir que prefiero quedarme todo el día en silencio que tener que soplarme ese culto a la imbecilidad que sale por el aparatito.

Como otra vez. Luego Allan, a eso de las tres de la tarde se va a trabajar. Me quedo solo, totalmente solo. Esta parte del día no me gusta nadita. La verdad que a mí me encanta estar con alguien, no importa quién sea. Para que se pase rápido ese tiempo, aprovecho para dormirme. Siempre me da la impresión que me voy a quedar solo para siempre. Que mi papi no va a regresar, que mi mami no va a regresar y que Allan tampoco va a regresar. Todos los días es lo mismo y todos los días regresan los tres.

El primero es mi papi. ¡Me da tanto gusto verlo! Él viene por la puerta de atrás, me abre la puerta así que salgo disparado al patio y corro por todas partes, lo que parece que a él le gusta mucho ya que a veces se pone a jugar conmigo, me hace fintas, mientras yo corro por encima de las plantas en el jardín atropellando todo, sin darme cuenta de nada, la verdad que a esta edad no me puedo controlar. A veces escucho a mis padres hablar entre ellos sobre mí, y dicen que ya estoy más tranquilo, que ya estoy creciendo, que ya no estoy tan loco. La verdad que a mí me divierte correr. Me gustaría poderlo hacer más a menudo.

Luego llega mami. Ella parece cansada, ¡pero siempre se pone tan contenta de verme! Yo también me siento tan feliz todas y cada una de las veces que regresa de trabajar. Es una hora muy feliz para mí ya que estamos los tres juntos. Ellos hablan entre sí y deciden lo que hay que comer. Lo malo es que a mí siempre me sirven lo mismo, y es una comida, ¿cómo decirlo sin sonar quejoso? Siempre la misma, un poco seca y todos los días lo mismo. La verdad que trato que me cambien un poco la rutina, que me den de lo que ellos comen pero parece imposible, aunque a veces, solamente de vez en cuando, me liga algo de la deliciosa comida que ellos comen.

A las ocho y media de la noche me llevan a pasear. Me ponen un abrigo lindo que me compraron hace unas semanas. Me queda muy bien. Ellos están muy orgullosos de mí. A veces nos encontramos con otras gentes que pasean por las calles en la noche. Y ellos hablan sobre nosotros. El frío no lo siento tan fuerte, caminamos y caminamos y caminamos. Menos mal que él nunca se olvida de llevar una botellita de agua que la comparte conmigo. Al regresar, no veo las horas de llegar a la casa, de lo cansado que estoy.

Se ponen a ver televisión y yo con ellos, descansando, hasta que llega Allan pasadas las once de la noche. Lo saludo tan contento que otra vez me hacen salir al patio de atrás a correr y correr. Regresamos a la casa.

Cuando termina el programa de las noticias nos vamos a dormir. Siempre me subo a la cama de papi y mami, hasta que se ponen sus piyamas y se acuestan. En ese momento, salto hacia la cama mientras mi mami dice "¡Good boy, Máximus, you are a good boy!". Me duermo lueguito, con una sonrisa en el alma, hasta que suena el despertador en la mañana y comienza un nuevo día.


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