La salsa de la vida por Guillermo Rose
Dos perlas de la Guerra del Pacífico
Hace un tiempo escribí sobre el origen del pisco y los líos que el delicioso licor causa y seguirá causando a chilenos y peruanos. Y es que esto del pisco no es sino la continuación de una rivalidad territorial que tuvo su máxima y tristísima expresión en la Guerra del Pacifico de 1879. Esa guerra ha marcado a varias generaciones que hemos tenido que superar el dolor de ese enfrentamiento de nuestros antepasados.
Dentro de las brutales y dolorosas acciones de la guerra, también aparecen escasas algunas nobles virtudes sobre las que debemos pensar a fin de cultivar la amistad entre pueblos hermanos.
21 de Mayo de 1879, la corbeta Esmeralda al mando del capitán de fragata Arturo Prat, la goleta Covadonga y el transporte Lamar, barcos chilenos, bloquean el puerto de Iquique. El monitor Huáscar, bajo el mando del comandante Miguel Grau y la Independencia con la dirección del comandante Moore, naves peruanas, llegan a las ocho de la mañana con la misión de romper el bloqueo chileno y capturar o destruir las naves de ese país. La descripción del combate entre estas fuerzas se caracteriza por el valor de todos los que participaron, de aquellos que perdieron sus vidas y de los que sobrevivieron para relatar los actos de caballerosidad y de sacrificio por sus respectivas patrias.
Las arengas de Prat y Grau son cortas, emotivas y sencillas. Prat, a bordo de la corbeta Esmeralda, indica a sus hombres que la contienda es desigual, pero que la bandera chilena nunca se arrió ante el enemigo y que, mientras él viva, la bandera flameará en su mástil y que si él muriera, sus oficiales cumplirán su deber. Grau exhorta a los tripulantes del Huáscar indicando que ha llegado la hora de castigar a los enemigos de la patria y que está seguro que cosecharán nuevos laureles y glorias dignas de brillar al lado de Junín, Ayacucho, Abtao y 2 de Mayo. Termina dando fuertes vivas al Perú. Gritan unos y otros ¡Viva el Perú! y ¡Viva Chile!, alistándose para lo que para muchos, serían las últimas tres horas de sus jóvenes vidas.
Luego de treinta minutos de combate huye la Covadonga, yendo la Independencia a perseguirla.
El encarnizado combate entre el Huáscar y la Esmeralda no termina pese a la superioridad del Huáscar. Grau ordena fuego por elevación pidiendo la rendición del enemigo, pero Prat no se rinde. El Huáscar embiste con su espolón y falla. Al segundo espolonazo, Prat intenta heroicamente abordar el Huáscar, y es entonces que, pese a la desesperación de Grau por impedir la muerte de su enemigo, éste cae abatido en el fragor de la batalla.
Dos semanas después del combate, el máximo héroe naval peruano, Miguel Grau, envía a la viuda de Prat una carta junto con la espada y prendas del marino chileno. En agosto de ese año la viuda de Prat responde a la misiva y a la acción caballeresca.
A continuación ambas cartas, dos perlas en medio de tantas piedras sin valor de ese doloroso collar llamado guerra.
Carta del Comandante Miguel Grau a Doña Carmela Carvajal viuda de Prat
"Monitor "Huáscar", Pisagua, Junio 2 de 1879
Dignísima señora:
Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a usted y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy, justamente, debe dominarla.
En el combate naval del 21 próximo pasado, que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el Capitán de Fragata don Arturo Prat, Comandante de la "Esmeralda", fue, como usted no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su Patria.
Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las, para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su gran desgracia, y para eso me he anticipado a remitírselas.
Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor."
Respuesta de Doña Carmela Carvajal a la carta del Comandante Miguel Grau
"Valparaíso, 1° de Agosto de 1879
Señor don Miguel Grau.
Distinguido Señor:
Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del "Huáscar", en 2 de Junio del corriente año. En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted a acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraron sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable, por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos de mi familia, o consagradas por su martirio, como la espada que lleva su adorado nombre.
Al proferir la palabra martirio, no crea usted, señor, que sea mi intento inculpar al jefe del "Huáscar" de la muerte de mi esposo.
Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones, sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo, poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, a haberlo podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su Patria como desastroso para mi corazón.
A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.
Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona, y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta y affma. S.S.
Carmela Carvajal de Prat."
Al encallar la nave Independencia, en persecución de la Covadonga, el destino ofreció a Grau la solitaria oportunidad de continuar el jaque a la marina chilena hasta pasar a la inmortalidad el 8 de octubre de 1879 en el combate de Angamos, donde en otro desigual encuentro, sucumbe ante el fuego enemigo. Una placa de bronce colocada por la marina chilena en el camarote que perteneció al almirante Grau señala: "Comandante peruano Miguel Grau. Héroe y caballero que murió en el combate de Angamos".
Prat y Grau simbolizan el valor y la caballerosidad de dos grandes pueblos.
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