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La salsa de la vida
por Guillermo Rose
Experiencia Canadiense Capítulo II

Primera carta de Lucho Latrafé a Sor Giovanna
Lucho Latrafé se acomodó para dormir su sétima noche en Canadá. Estaba cansado, no tanto por una semana que había empezado con su viaje Lima-Toronto sino por la tensión nerviosa que había significado dejar a sus dos hijas y a su esposa en su natal Chesumarca, un pueblito al sur de Lima. Claro que su amigo Johnny Canuvian era una ayuda del Cielo, ya que tener alguien peruano ya establecido en Canadá significaba que sus posibilidades de quedarse a vivir en Toronto y traer a su familia en cuanto pudiera eran grandes. No estaba muy seguro de qué tan bien le había caído a la Bebe, la esposa de Johnny. Por un par de cosas que ella dijo esa noche y una mirada muy inquisidora, pensó que a ella no le convencía su historia de ser perseguido por Sendero. Descartó esas ideas negativas cuando recordó que, toda la semana, la Bebe se había mostrado muy interesada en las fotos de su familia y en cuándo podrían venir sus hijitas.

No habían venido todos juntos -le había explicado- porque si pedían todos la visa, seguramente no se la daban. Él había maquinado que a él solo sí le darían la visa, se declaraba refugiado, conseguía la visa, traía a su mujer e hijas y luego se iban a vivir a Estados Unidos, el gran final.

Prendió la luz de la mesita de noche y buscó su librito "English, a piece of cake", pensando repasar algunas lecciones de inglés, pero cambió rápidamente de idea, cerró el libro y buscó en su maleta el bloc de papeles carta en blanco que había traído, se sentó en el escritorito que había en la habitación y se puso a escribir.


"Toronto, 28 de Agosto de 1985

Querida Sor Giovanna,

Le escribo desde Toronto, a la semana de haber llegado. Ya le escribí a mi esposa Juanita, y a mis dos hijitas. Madre Giovanna, no sabe cómo le agradezco que me ayudara tanto con el asunto de la visa. Al llegar me declaré refugiado y acá estoy en esa condición, hospedado en la casa de mi amigo Johnny Canuvian. No sé si se acuerda de Johnny, él fue una vez a Chesumarca hace dos años, de visita un día y nos encontramos con usted en la Bodega de Don Leuro, no sé si usted se acordará, Johnny es muy buena gente y me ha dicho que me quedé por todo el tiempo que yo quiera, siempre y cuando no exceda dos meses.

Le agradezco infinitamente todo lo que usted me ha ayudado. Pero como usted siempre tiene tanta influencia y conoce a todo el mundo importante en Chesumarca quiero pedirle un favorcito, Madre Giovanna. Avísele al Mayor Pendejimedio que ya estoy acá, no le dé mucho relleno ya que a veces hace honor a su apellido y puede querer sacar partido. También al gordo Silvio Potechancho que fue el que tuvo la idea de que yo dijera que había recibido amenazas de muerte, por teléfono en las que me decían "Vas a morir, soplón chesurnei". La verdad que estoy orgulloso de ser Chesumarquino, ya que todos mis amigos de Chesumarca me han apoyado mucho en este proyecto.

Las cosas acá son muy diferentes Madre a lo que estamos acostumbrados en Chesumarca y en la misma Lima. Para comenzar que las pistas no tienen un solo bache y todos, pero todos los buzones tienen tapa, con lo que no hay peligro de ir caminando y romperse una pata o caerse enterito adentro de un hueco para no volver a salir jamás, como le pasó, no sé si se acuerda, a la comadre de la gorda Clotilde, una señora Feijooó creo que era, de Piura que me llamó la atención hace años porque me contaron que le decían "La Mealargo", un apodo inolvidable. La señora Feijooó que en paz descanse se había ido a vivir a Lima y en no sé que Pueblo Joven por distraída se cayó enterita dentro de un buzón desagüe. Tuvo mala suerte porque dicen que nadie la escuchó gritar y que cuando finalmente logró sacar la cabeza a la superficie, justo pasó una Combi asesina que le llevó la cabeza de encuentro. Salada la señora porque si hubiera sido un Tico, no le pasaba nada. Una cosa horrible, de las que ocurren a diario en la Gran Lima. Acá en Toronto es imposible que pasé algo así porque como le digo, es increíble pero todos los buzones conservan sus tapas y a nadie se le ocurre robárselas. También llama la atención que el sueldo promedio de los policías sea, escúcheme bien Mader Giovanna,¡cuarenta y cuatro mil dólares al año!!!! Un policía de tránsito promedio, Madre. Yo creía que eso ganaba el Jefe de la Policía, pero la hijita de Johnny que tira cualquier cantidad de inglés me dijo no tío, ese es el sueldo de cualquier policía. Si cuando salí de Chesumarca, en la ladrillera, yo estaba sacando cincuenta dólares a la semana y estaba recontra bien comparando con otros patas pues madre. Acá un policía cualquiera gana unos ochocientos a la semana pues madre! Con razón me dijo Johnny, no se me vaya a ocurrir sobornar un tombo porque me tiran la plata por la cara y encima me guardan por soborno.

La gente parece muy educada muy respetuosa. Todo el mundo para diciendo "Pardon mi", "Excius mi" "Hay sorry" y "ups"constantemente. Si alguien estornuda, no sé porqué le dicen "pléchur" que quiere decir "placer". Y el que estornuda tiene que decir "Hay sorry"antes que le digan "salud", aparte que acá no le dicen salud sino placer como le digo.

Lo único que me parece raro es que a las mujeres no les gusta que les abran las puertas ni que uno se pare para darles sitio. La vez pasada, me subí al sabwey, me siento y se comenzó a llenar y llenar, en eso sube una chica bien simpática, así que me paré para darle sitio, incluso le dije "Jaf a sit", pero me miró como bicho raro, no sé que dijo y no se quiso sentar!!! Lo que es ya no le doy el sitio a nadie así vea que se están muriendo.

Estoy yendo a unas clases de inglés muy buenas en un colegio que queda cerca de acá. Hay un montón de chinos y de pakistanies que van también. Soy el único latino hasta ahora lo que es bueno porque tengo que hablar inglés.

Lo que me habían dicho que en Canadá hacía mucho frío es pura mentira. Hace un calor infernal en Toronto, estamos en más de treinta y dos grados hoy día. Figúrese que llegué acá con esos calzoncillos gruesos de la sierra que me recomendó la señora Matilde, la esposa del panadero, y casi me derrito de calor. Me imagino que hará frío cuando llegue el invierno, pero ahorita es increíble.

Bueno Madre, fíjese en el sobre la dirección del remitente para que me escriba. Ya le sigo contando en otra carta.

Un abrazo,

Lucho Latrafé."

Lucho hizo el sobre, apagó la luz, suspiró profundamente y se quedó seco.


* * *



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