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La salsa de la vida
por Guillermo Rose
El simplísimo plan de Lucho Latrafé
Lucho Latrafé se había pasado tres meses practicando en su natal Chesumarca, un pueblito al sur de Lima, dos frases: "I am a refugee", que según un librito que le había conseguido su amigo Pepito Rodríguez de la Jijuneta, se pronuncia "Hay am a refiuyí" y "I don't speak English" que se pronuncia "Hay dont espik inglich". En cuanto llegue a Toronto me declaro refugiado, repasaba su simplísimo plan a bordo del poderoso Canadian Pacific que hacía el vuelo Lima-Toronto en unas siete horas y cuarto.

Lo primero que sus ojos leyeron al llegar al terminal 1 del aeropuerto Pearson, corría el año 1985, fueron las palabras "Excuse the construction". Ese mismo letrero, más de un cuarto de siglo después aún sigue adornando el mismo terminal del aeropuerto el que, al igual que todas las autopistas de Toronto, se encuentra en estado de construcción permanente, con un montón de italianos de un metro cuarenta cada uno dando vueltas furiosamente. Aunque su inglés era casi nulo, se dio pronto cuenta que le sería facilísimo entender algunas palabras. "Excuse the construction", pensó, debe querer decir "Perdón por la construcción". "¡Qué deshueve!", pensó alegremente Lucho, "ni bien estoy llegando a este país y ¡ya me están pidiendo disculpas por algo!". Lejos estaba de imaginar que, con los años, se daría cuenta que los canadienses se pasan sus vidas pidiendo disculpas al resto del mundo por todo.

Aparte del librito "English, a piece of cake" que le había prestado su amigo Pepito, también ciudadano prominente de Chesumarca, Lucho se había matriculado para el primer ciclo de inglés del Instituto Cultural Chesumarquino Norteamericano, una sucursal del Instituto Cultural Peruano Norteamericano, y por espacio de tres meses, había ido todos los martes y jueves de seis a nueve de la noche, para aprender los rudimentos del idioma gringolándico.

Presentó su pasaporte y sonrió nerviosamente ante un individuo de aspecto perruno, que recibió los papeles y los examinó sin mirarlo.

- How long will you be staying? - preguntó el flaquito de pelo corto, sin mirar a los ojos al buen Lucho que seguía sonriendo.
- Hay dont espik inglich - dijo claramente Lucho.
- How long? - ladró el oficial de inmigración.
- Hay am a refiuyí.
- Excuse me, sir?
- Hay dont espik inglich an…Hay am a refiuyí - continuo firme con sus dos frases Lucho, mientras se daba cuenta que era la segunda vez que le pedían disculpas.

El hombrecito finalmente lo miró a los ojos y moviendo la cabeza de lado a lado, hizo una llamada telefónica. El resto de los recién llegados del Canadian Pacific continuaban avanzando por las doce colas que se habían formado.

- Okay mister Latrafé, go to that room - le señaló el Shitzu una puerta que estaba cerrada.

Lucho no estaba seguro si ir hacia la puerta o qué, así que decidió no moverse y repetir en voz alta su frase favorita.

- ¡Hay am a refiuyí!

Menos mal que de la puerta salió una gringa bien altota, con cara de buena gente quien luego de breve charla con el Pomerania, le extendió la mano a Lucho.

- Come with me, sir - dijo la señora, indicación que Lucho comprendió.
- Senkiu, senkiu - replicó sonriente, recuperó su pasaporte y se dirigió al cuarto con la gringa.

La habitación no era muy grande, básicamente entraba un escritorio, dos sillas y un silloncito, todos muebles muy oscuros. La gringa se sentó detrás del gran escritorio y le indicó a Lucho que se sentara en una de las sillas.

- Yo hablo una poquita de español - inició la charla ella - ¿Qué le dijou usted al otro oficial?
- Le dije lo mismo que le digo a usted, señora: Hay am a refiuyí.
- Buenou, conmigou puedes hablar en español. ¿Refugiarou? Refugiarou ¿de quéi?
- Me quieren matar los senderistas, pe.
- ¿Por qué? Y ¿quiénes son los senderistaspé?
- Me quieren matar, pe, señorita, porque creen que yo soy soplón.
- ¿Los senderistaspé?
- No señorita, los senderistas. Sen...de...ris...tas.
- ¡Ah! Si, ya conozcou a esos. Explica porquei tú decir que eres refugiarou - sacó del cajón un cuaderno y empezó a tomar notas.

- Bueno, yo soy de Chesumarca, que está al sur de Lima y el año pasado hubo varios muertos, causado por Sendero. El Mayor Pendejimedio, que es de mi promoción, me interrogó porque uno de los muertos era mi vecino. Igual que interrogaron a todos los del barrio, también me interrogaron a mí, pe señorita, pero yo debo ser bien salado, porque a partir de esa noche, he recibido amenazas de muerte, por teléfono. "Vas a morir, soplón chesurnei", fue lo primero que me dijeron. Yo le contesté que el hecho de ser Chesumarquino no le da a nadie derecho para insultarlo a uno, pero el tipo insistió que yo era un soplón y que me iban a matar, y que me iban a cortar en pedacitos, empezando por mis partes íntimas, pe señorita. ¿Qué quiere que haga? Yo quiero mucho a mis partes íntimas y si las pierdo me muero. Me conseguí que una tía me aprestara para el pasaje y gracias a una monjita canadiense, muy, muy buena la monjita, es una viejecita linda, Sor Giovanna, se llama, es como una Máder Teresa para nosotros, que tiene su misión en el área pobre de Chesumarca que viene ser pues todo el pueblo, ella me aconsejó para que me escapara y me ayudó para la visa. Así que acá estoy, pe, señorita. Por eso es que es que le digo que hay am a refiuyí.

- Ya. No entendidou nada después que decir que eres de Cheisumarco, pero never mind. Firma estos papeles donde te declararte refugiarou.

Lucho tomó el lapicero, vio la equis en el formulario y firmó lentamente "L Latrafé", hizo el garabato y le devolvió el formulario a la gringa.

- Welcome to Canada - sonrió la mujer, extendiéndole la mano -. and excuse us for all the trouble.

Lucho Latrafé sonrió y dijo simplemente "Gracias". Su simplísimo plan empezaba a funcionar.

* * *



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