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La salsa de la vida
por Guillermo Rose
El segundo de esos días
"Hay dos días en la vida para los que no nací, dos momentos en la vida que no existen para mí. Ciertas cosas en la vida, no se hicieron para mí. Hay dos días en la vida para los que no nací."

El chico tenía cinco años y corría por una vereda en Chilca a comprar una Coca Cola. Era el verano de 1953. Llegó solito hasta la bodega, en momentos en que el hombre de bigotes, grandes anteojos y sonrisa blanca terminaba de cambiar el disco.

- Una Coca Cola helada por favor - dijo la criatura.
- ¿qué tamaño?
- Chica, señor.

El mocoso perdió un poco la concentración cuando por los parlantes del tocadiscos llegó la voz de oro, "Dongo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga, le dio a Burundanga, le hinchan los pies".

El calor en el pequeño poblado, que en los años 50 era famoso por sus baños medicinales, era asfixiante. El chico tomó la bolsa con la gaseosa y salió de la tienda. Mientras se alejaba de la bodega, el niño empezó a prestar atención a la voz que emanaba fuerte, pura y límpida de los parlantes. Fue la primera vez en su vida que prestó atención a la voz de alguna cantante. El ritmo de la música era tan alegre, tan excitante, que se fue casi corriendo pese al calor abrumador, mientras la voz a lo lejos repercutía por las arenosas calles de Chilca.

- ¡Mamá, mamá! - gritó al llegar a la casita que habían alquilado.
- ¿Qué pasa? - dijo la joven mujer en ropa de baño, pensando que algo malo había ocurrido
- ¿Haz escuchado la canción de Borondongo? - preguntó con el entusiasmo de los niños de cinco años de edad.
- No hijito, ¿de qué hablas?
- En la bodega, la tocan. Es bien bonita, mami.

"El primero de esos días fue cuando te conocí. Me atraparon tus mentiras y me enamoré de ti. Del camelo, de tus risas, de tus ganas de vivir. De la crueldad de tus caricias por las que creí morir."

El día que conocí a Celia Cruz fue aquella calurosa mañana en el pueblito costero de Chilca en 1953. Cincuenta años más tarde, todo Latinoamérica y el mundo entero llega al segundo de esos días, el día en que perdimos la voz, la presencia, el entusiasmo, el sabor, la sonrisa franca, pero sobre todo la voz de Celia Cruz.

"El segundo de esos días fue justo el que te perdí, se fue tu cara bonita y mis ganas de vivir. Se acabaron las mentiras y de todo eso aprendí, que hay dos días en la vida para los que no nací."

La mujer nació en octubre de 1924, de nombre Celia de la Caridad Cruz Alonso, en la isla de Cuba. A los 25 años, Celia se convirtió nada más y nada menos que en la primera voz de la Sonora Matancera. Desde su primer disco y por espacio de quince años, Celia le dio una personalidad única a la gran orquesta cubana. Estrella del fabuloso Tropicana, y conocida en el mundo bailable del Caribe, de Centro y Sudamérica, apareció en Nueva York en 1957. En 1960 dejó su Cuba querida para radicarse en México y luego en Estados Unidos.

Muchísimas canciones han dejado huella en nosotros, sea bailándolas o simplemente escuchándolas. La vimos en Toronto hace algunos años y disfrutamos de un inolvidable momento, pese a la desastrosísima y pobrísima organización que por acá le proporcionó algún empresario de poca monta. En los últimos años sus grabaciones seguían causando impacto en cualquiera que tenga alma de guarachero, o salsero como le dicen ahora. Celia nos dio últimamente La Guagua, Bembelecuá, El Mundo es un Carnaval y La Negra tiene Tumbao.

En la versión en castellano de la telenovela brasilera "Uga Uga", la gran Celia, canta y emociona con "Hay dos días en la vida", fabulosa canción de Pau Donés, del grupo aragonés Jarabe de Palo. Pau parece que se hubiera remontado en el tiempo a los años cincuenta para escribir la canción. No hemos escuchado "Hay dos días en la vida" por ningún otro intérprete, así que nos quedaremos para siempre con la voz de Celia Cruz como la diva latina, genial y humilde, que nos arrulla y entusiasma.

Curiosamente, Cumpay Segundo, el segundo, pero realmente primero de Los Compadres, se fue dos días antes que ella. Queremos creer que se han juntado por allá para hacer bailar al Cielo entero.

Si bien hemos vertido lágrimas al momento de su partida, nos consuela saber que tendremos para siempre una fabulosa colección de canciones inolvidables que nos harán recordar su alegría de vivir. Ojalá que algo de esa alegría nos acompañe siempre.

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