Buscando libros interesantes, de moda, encontré uno por John Gray, Ph.D., autor de "Lo que tu Madre no Pudo Decirte y que tu Padre No Sabía". El libro en cuestión se llama "Los Hombres son de Marte, Las Mujeres son de Venus", cuya versión en inglés ha vendido más de un millón de copias. El motivo de este gran éxito es que, en su obra, Gray - ¡oh, sorpresa! - descubre que hombres y mujeres son seres diferentes, tanto que, según él, parecen venir de dos planetas distintos. Por lo que he leído de su libro, efectivamente los hombres y las mujeres que el doctor Gray debe haber conocido en su vida sor de algún otro planeta. De otra forma no me explico algunos de sus comentarios.
Vayamos al capítulo 10, titulado "Anotándose Puntos con el Sexo Opuesto", título que corriendito me atrajo a ver qué me decía sobre este tema en el que, creía yo, andaba un poco caído.
John nos da una lista de "101 FORMAS DE ANOTARSE PUNTOS CON UNA MUJER", entre las que se encuentran varias dignas de discusión.
"Al regresar a casa, lo primero que debe usted hacer es buscarla y darle un abrazo"
Al llegar a mi casa, primero que nada me quito los zapatos, luego suelto mi maletín -que a esa hora pesa una tonelada- donde caiga, cierro la tapa del inodoro del baño de visita que sin falta está esperándome levantada, apago la luz y cierro la puerta del mismo baño, procedo a apagar la luz de la escalera que está prendida por puro gusto nomás, le hago cariño a mi perrito que si no, le causaría un trauma psicológico irreparable, cuelgo el saco, me quito la corbata y LUEGO busco a mi señora a quien, si no está trabajando, no sólo le doy un abrazo sino su correspondiente besito, cosa que Gray no menciona. Me imagino que con besito uno tiene más puntos.
"Resista la tentación de resolver los problemas de ella. En vez de eso, simpatice".
Esto parece más difícil. A través de su libro, Gray nos dice que los hombres tenemos el complejo de querer arreglar los problemas de la mujer, cuando ella lo único que necesita es nuestra simpatía. Según esta temeraria teoría, después del abrazo, el diálogo propuesto por el doctor Gray sería más o menos así:
- Amor, necesito URGENTEMENTE un vestido para el matrimonio de la flaca Alicia, que ya se nos viene - dice mi esposa.
- Amor, simpatizo contigo - digo yo, siguiendo las recomendaciones del libro, al pie de la letra.
- He visto un vestido liiiiiiiindo, lindo. Pero es un poquito caro...
- Ah carambas, qué problema esto del precio ¿no? Mi simpatía por ti sigue creciendo a cada momento.
- ¿Cómo anda tu tarjeta Visa, amor? Porque el vestido está rebajado. Vale la pena comprarlo ahoritita. Además, ¡NO TENGO NADA QUE PONERME!!!!!
- Mi Visa está bien, gracias ¿y la tuya? Entiendo que vale la pena comprar el vestido. Tienes toda la razón del mundo. Cuanto más me cuentas, más simpatizo contigo, cariño mío - digo yo, acompañando esta frase con una gentil palmada en la cabeza de mi esposa a quien veo tremendamente alterada por este, mi derrame masivo de simpatía incondicional.
- Oye, tú ¿eres o te haces?
Mi solución es mucho más sencilla que la del doctor Gray. Después de la primera insinuación, la respuesta correcta es: "No te preocupes. Cómprate uno y ya vemos la cuenta después".
"Ofrezca prender la chimenea en el invierno"
Ahí sí que voy muerto, ya que pese a la ruma de años que tengo viviendo en el Gran Congelador (léase Toronto), hasta ahora no sé prender chimeneas, artefactos por los que he desarrollado una tirria irracional. Sin embargo, me imagino que si la casa está llegando a los 5 grados centígrados, puedo utilizar una variante: "Amor. Voy a prender la calefacción!"
"Dele cuatro abrazos al día"
Éste sí que le debe al santo. Seguro su señora se contenta con los abrazos. La mía es muuuuucho más exigente. Además ¿de dónde sacó el número cuatro?
"Cuando la saque, estudie por adelantado las direcciones de tal manera que ella no sea responsable de ser su copiloto."
Non guta la forma como el doctor se refiere a la doña (cuando la saque), como si se tratara de un perrito a quien uno le pone su correa, su collar y la saca a pasear.
Además, en mi caso particular, si mi esposa no es mi copiloto no llegamos a ningún sitio, ya que me es difícil admitir esta gran verdad- soy más despistado que un pulpo, así que, por muchos estudios que haga por adelantado, si confiáramos en mis poderes de orientación ya hubiéramos terminado en el Yukón, por lo menos un par de veces.
"Ofrezca arreglar algo en la casa. Diga ¿Qué necesita arreglarse acá, que tengo un poco de tiempo extra"
¡Ni loco! La última vez que dije algo así me pasé tres años terminando el "basement" (sótano). ¡Cómo se nota que John Gray no conoce mis "habilidades" manuales!
"Ábrale las puertas"
¡Uau! Eso no se me hubiera ocurrido nunca ¡Pero qué tal descubrimiento! Te aviso, Johnny, que de donde vengo, todos sabemos esto de abrir las puertas desde chiquitos. Claro, hoy en día hay que tener cuidado porque ahora resulta que algunas se ofenden con estas cosas, pero son las menos.
"Ofrezca cargar las bolsas del mercado y otras bolsas pesadas"
Y yo que creía que a mi esposa le encantaba cargar las bolsas del mercado, a ver si le salía una hernia. Gracias doctor Gray.
"Cuando ella cocine, haga buenos comentarios sobre la comida"
¡Ná! Si este Gray hubiera nacido en el siglo XV hubiera descubierto América mucho antes que Colón.
"Cuando la escuche, reasegúrele que está interesado haciendo ruiditos como ah ha, uh-huh, oh, mmhuh, y hmmmmm"
Dije éste es el acabose y aquí dejé de leer el libro. La impresión es que, según él, así no nos interese lo que la mujer dice, debemos hacer "ruiditos" con la boca como los descritos (los ejemplos son reales; no los he inventado ya que mi imaginación no llega a tanto) para que ella CREA que la estamos escuchando. Si una latina se da cuenta que uno está haciendo algo así, la posibilidad de recibir un zapataso en la cara es de cien sobre cien.
A continuación algunos "fabulosos" consejos más que no vale la pena ni comentar:
- "Si ella ha estado enferma, pregúntele cómo se siente".
- "Dele un beso y despídase cuando salga de la casa".
- "Ríase cuando ella le cuente un chiste".
- "Si ella hace algo por usted, dele las gracias".
Supongo que el libro está dirigido a algunos que no tienen el más mínimo sentido de comprensión ni por las mujeres, ni por la humanidad en general, ya que los consejos son de básicos para abajo. El mejor consejo, sin necesidad de doctorado, es simplemente querer mucho a la señora. Con eso vendrán todos los puntos del mundo sin esfuerzo.
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