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La salsa de la vida
por Guillermo Rose

La baterista

A la entrada del Shamrock, un bar que de hecho no figura entre los más elegantes de Toronto, entregamos nuestros boletos a un individuo de barba blanca tipo Búfalo Bill, vincha multicolor, tremenda melena, unos ojitos rojo conejo y una guata totalmente desproporcionada al resto del cuerpo, todo él de negro, el color oficial de los rockeros. Nos miró de arriba abajo, como diciendo "Estos mongos deben haberse equivocado de sitio". Nosotros, que debo reconocer, estábamos vestidos más como para ir a misa que para concierto de rocanrol, pasamos sin hacerle caso al chivato éste. Entramos al oscuro bar donde ya se desgañitaba a grito pelao el primer conjunto de rock de la noche, apropiadamente llamado Garbage Head, que quiere decir literalmente "Cabeza de Basura". El noventa y nueve por ciento de los asistentes tendrían entre los dieciséis y los veinte años. Nuestra entrada debe haberles parecido increíble. Imagínate estar tranquilamente en tu casa leyendo el periódico y ver de repente ingresando a tu sala una pareja de dinosaurios: Godzilla y señora, pero con camcórder y máquina fotográfica en las manos. ¡Así debemos haberles parecido a estos jovencitos! Sin inmutarnos y pretendiendo inútilmente parecer de lo más cool, buscamos un lugar estratégico desde donde poder observar el show.

Nuestro hijo Allan y sus amigos, quinceañeros ellos, se sentaron lejísimos como si no nos conocieran. Dios, en su infinita misericordia se compadeció de nosotros, ya que en una mesa cercana distinguimos otra pareja de dinosaur..., perdón, de señores a quienes se veía tan desorientados como a nosotros. Nos sonreímos diplomáticamente, de terodáctilo a terodáctilo. De repente vimos entrar un par de roperos de tres cuerpos con bigotes y grandes pelucas, abrigos tipo cowboys asesinos y una andada a lo terminator que remeció el local, los dos dirigiéndose hacia nosotros. "Este es el fin", pensé aterrorizado agarrándole la mano a mi mujer. Felizmente pasaron cerca de nosotros, dándole un besito a la señora de nuestra generación y sentándose tranquilamente a su lado.

- Menos mal, amor. Estos manganzones están de nuestra parte - le grité a mi señora en momentos en que el anunciador presentaba al segundo conjunto de la noche: Zanahoria Rítmica.

Lo de Zanahoria lo comprendí porque el cantante, un chaparrito repulsivo, tenía el pelo rojo y cortado cual si una zanahoria le atravesara la cabeza de atrás hacia delante. Lo de Rítmica sí que no lo entiendo hasta ahorita. El aspecto del pelirrojo no era nada comparado con su "canto". Gritaba como si fuera su primera noche en una prisión turca, y lo peor es que dijo tal cantidad de lisuras, se agarró tantas partes prohibidas de la anatomía, hizo tantos gestos obscenos con y sin el micro y chilló tanto el infeliz, que si no hubiera sido por nuestra misión principal, la de escuchar y ver al tercer conjunto de la noche, no nos hubiéramos quedado ni un segundo más. En la pista de baile, unos doce muchachos, en un ritual extrañísimo, corrían, saltaban y se golpeaban entre ellos, mientras los Zanahorios festejaban estos empellones desde el escenario, con desgarradores y agudos chillidos. Zanahoria Rítmica además se trompeó, nos insultó, se insultaron a sí mismos, dijeron "the F word" -la lisura favorita de Norteamérica- en todas sus posibles conjugaciones, a saber, Yo Efo, Éfete Tú, Nosotros Efamos, Ellos Efan. Francamente, un solo de Efes por todos lados que el conjunto debería llamarse Fa Fanahoria Fítmica en vez de La Zanahoria Rítmica.

Después de estos individuos, a quienes yo hubiera querido que se lleven con sus camisas de fuerza respectivas, llegó el momento que habíamos esperado con ansia y nerviosismo, el debut de Celtic Crone, un conjunto de cuatro chicas guapísimas: Carla, Lisa, Jen y Cici. Mi esposa se encargó de la filmación, mientras que yo fui el fotógrafo del evento. En su debut, la novel banda demostró que cada una de sus integrantes tenía un gran futuro musical. Además, que son valientes, porque hay que serlo para enfrentarse al grupo de energúmenos que pulula por estos sitios. Con perdón de las otras integrantes de Celtic Crone, tengo que resaltar la actuación de la baterista, a quien nunca había visto desplegar tal habilidad, ritmo y seguridad. No hay duda que ella es, de todos los y las bateristas del mundo, mi favorita, mi hija, Cecilia que hoy, 11 de noviembre, cumple veinte años.

- Mami, voy a tocar flauta en la banda de música del colegio - dijo ella con su vocecita tímida cuando hace años entró al High School.
- ¡¿La flauta?! - preguntó mi señora preocupada - ¿Porqué no escoges un instrumento que tenga más vida? La flauta es bonita, pero es tan suavecita...
- Bueno mami - contestó la chiquilla de la vocecita lánguida.

Tres días después, Ceci anunció con voz potente.
- ¡Mamá, mamá! ¡Conseguí que me dieran otro instrumento!
- ¿Sí? ¿Y se puede saber cual?
- ¡La batería, mami! ¡La batería! - sonó la respuesta en una cascada de risas y alegría. Tenia solamente catorce años.

NOTA DEL AUTOR:

Este artículo fue escrito en noviembre de 1994 bajo el título "Celtic Crone". Actualmente (febrero de 2003) mi hija CC Rose vive en Vancouver y es la baterista del emergente grupo de rock The Cinch.

Hasta ahora hay prejuicios machistas con la idea de que las mujeres puedan ser bateristas. Al revisar este artículo con el "Spelling and Grammar Check" en mi computadora, al llegar a la palabra "baterista", me indicó un error gramatical. Según Microsoft en Castellano "el sustantivo baterista es masculino", y no quería aceptar ver escrito "la baterista" . Mala suerte, Microsoft, los tiempos cambian.

Acá algunos links al grupo The Cinch para los que les guste el rock.
• The Cinch on www.justconcerts.com
• newmusiccanada.com
• www.vancouverindie.com/beta/news.cfm

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