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La salsa de la vida
por Guillermo Rose

Cuesta arriba es más difícil.

- "Downhill Skiing" es el deporte de esquiar cuesta abajo en nieve. El equipo básico consta de dos palitos para apoyarse, los esquís y unas botas brillantes, las que una vez puestas, ponen rígido el tobillo. Al acoplarse a los esquís, uno termina como si tuviera puestos unos zapatos de yeso de dos metros de suela.

Lo primero que a uno le enseñan es a disminuir la velocidad. Es muy importante no bajar rápido, sobre todo cuando uno no quiere. La técnica llamada "snowplowing", consiste en, abriendo un poquito las piernas, juntar la punta de los esquís sin que se lleguen a tocar, a la vez que se flexionan las patitas hacia afuera forzando los esquís a hacer resistencia con la nieve. El que no aprende está técnica, no debe subir la montaña, porque va a agarrar cada vez más y más y más viada cuando baje, hasta ser detenido por algún otro esquiador o, peor aún, por algún objeto inanimado como un árbol, una roca o la cabaña donde alquiló los esquís.

Recomiendo al principiante estar acompañado permanentemente por su instructor para que éste lo levante del suelo cada vez que se caiga. Así es. La técnica para pararse sin quitarse los esquís consiste en
1) poner los esquís en paralelo sobre la nieve,
2) levantar las rodillas juntas lo más cerca de la cara,
3) apoyado en una mano, levantar el cuerpo en un ángulo de 45 grados y
4) incorporarse.

Bueno, yo siempre llegaba hasta el número 3, pero el 4 no lo pude hacer nunca ya que me volvía a caer en la nieve cual ignominioso costal de papas. Mi instructor me animaba mostrándome cómo él sí lo podía hacer, incluso sonriendo, pero a mí no me funcionó la levantada, así que optamos porque cada vez que me cayera al suelo - lo que solo ocurrió unas 73 veces esa tarde - él me ayudaría a pararme, técnica que él bautizó como "the snow moron".

Hay tres formas de subir la montaña: mediante una soga gorda, mediante una polea llamada la T invertida y mediante la silla voladora. De la silla voladora les contaré en otra oportunidad. La soga gorda es fácil pero solo la usan los niños menores de seis años y los incapaces como yo, ya que te lleva a una colinita chiquitita de aprendizaje, antes de subir a la montaña grande, la Montaña Uyuyuy Cayajo, así llamada ya que todos los primerizos que llegan arriba, dicen:

-¡Uyuyuy, Cayajo! ¿No hay otra forma de bajar??

La T Invertida es una barra movible en forma de T boca abajo, que va dentro de una barra fija sujeta a una gran polea, la que a su vez jala a varias otras barras. Esta barra movible entra y sale de la barra fija, verticalmente. La idea es que uno coloque el trasero de tal forma que la T te empuje colina arriba. O sea uno va semisentado, los esquís en la nieve, reclinado digamos en uno de los bracitos de la T. El aparato este, si uno se sienta en él, se va hasta el suelo. Si uno no coloca el posterior en la posición correcta, la barra se sube hasta la altura del pescuezo. Hay solo una posición precisa para que la barra no se mueva. Si explicarlo es difícil, hacerlo es una tortura. Me puse en la posición que mi instructor (persona a la que empecé a odiar desde ese momento) me había indicado. Al comienzo de la subida, todo fue bien, hasta que no sé que movimiento hice, probablemente respiré, la cosa es que la barra terminó subiéndose hasta quedar yo colgado de la barra fija con el brazo izquierdo, mientras que sujetaba los palitos con la mano derecha. Que me importa, pensé. Que me suban así nomás.

No fue posible. En un acto de crueldad, innecesario por demás, decidieron parar la polea, para que todos me vieran. Una voz que sonó como la de Moisés en Los Diez Mandamientos, dijo:

- El mongonazo que está colgado de la barra. Sí. Usted mismo. ¡Hasta que no se coloque en la posición correcta, no vamos a continuar!

¡Como si lo hubiera hecho a propósito! No me quedó más remedio que tratar de acomodarme, bajando la barra hasta la altura de mis rodillas, para que cuando subiera, con felino movimiento, me reclinara sin sentarme e ir a dar al suelo y por consiguiente cuesta abajo como el tango de Gardel. Con todas esas miradas que me decían "Pero, ¿de dónde han sacado al candelejón este?", pude, menos mal, colocar la barrita de marras en el sitio correcto.

Al momento que la voz reinició el ascenso del grupo, alcancé a distinguir a mi instructor sonriendo y gritándome "Good! good!".

Después de esto, bajar la colina esquiando, fue un juego de niños.

* * *


Continúa

» La cola para subir
» ¡Ajame a Enua e Ají, Adajo!!!



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