- Al llegar la primavera, millones de sufridos..., perdón, entusiastas padres de familia se preparan para llevar a la familia de "camping". El camping es esa actividad en la que, para estar en estrecho contacto con la naturaleza, llevamos con nosotros toda una serie de materiales aislantes, fierros, calentadores, baloncitos de gas propano, objetos de fibra de vidrio, polietileno, poliéster y otros componentes no muy naturales que se diga.
Lo primero que todo campista debe tener es una buena tienda de campaña. Nunca hay que olvidar los "poles" (pouls), que son esos fierros que forman y sostienen la tienda. Una vez le presté mi tienda de campaña a un amigo que iba a ir de camping por primera vez en su vida. Al sacar de mi sótano las cosas guardadas desde el verano anterior, no me di cuenta que no le estaba dando los "poles". Me contaron, ya que él no me volvió a dirigir la palabra, que a la hora de armar la tienda, los otros campistas no podían creer que mi amigo no tenía los fierros. La parte de arriba la tuvieron que colgar de un árbol para que tuviera cierta forma y pudiera dormir adentro.
La tienda debe ser extra resistente al agua, ya que lo primero que va a pasar la primera noche de camping es que va a llover por lo menos toda la noche, como si el Diluvio Universal se estuviera desatando de nuevo.
Todo avezado campista ha tenido alguna aventura con algún "racoon" (mapache). Ese simpático animalito enmascarado que uno veía antes solo en los dibujos animados es toda una realidad en el camping. ?Y ¡qué realidad! El mapache se pasa primavera y verano robando toda la comida que puede. Durante la noche, mientras los cansados campistas duermen dentro de sus tiendas de campaña, aparece el grupo de mapaches en el campamento decididos a llevarse todo lo que puedan. Los campistas experimentados colocan su comida en los lugares más inaccesibles para prevenir el robo. Pero el mapache sabe más que las cucarachas y, además, tiene unas manos y unas uñitas que le sirven para abrir los cierres de las bolsas de campaña. Viéndolo bien no es tan bonito como en los dibujos animados de Walt Disney. La verdad, la verdad, se trata de una rata grandota con antifaz.
Una noche oscura y silenciosa, ya dormidos, escuché unos ruidos fuera de nuestra carpa. Menos mal que unos amigos habían llevado una tienda inmensa con paredes de malla de nylon, dentro de la cual uno puede tener su mesa, sillas para comer tranquilos sin que la naturaleza interfiera. Bueno, dentro de esa tienda habíamos puesto la comida de todos. Los mapaches, molestos con no poder robar nada, emprendieron la retirada, no sin antes uno de ellos ponerse a rascar furiosamente nuestra tienda de campaña. El ruido de los garfios del mapache no era muy agradable. Me incorporé sin saber que hacer, ya que me imaginaba que estábamos rodeados de todo un "gang" de mapaches esperando a que sacara la cabeza fuera de la carpa. En esto pensaba mientras me incorporaba sigilosamente. Mi señora, que había estado ajena a todo este julepe, sintió el ruido y se despertó.
- ¿Qué pasa? - preguntó sobresaltada, en esa total oscuridad que hay dentro de la carpa, en la que no se ve absolutamente nada.
- ¡Shhhh! Hay un mapache... - contesté tratando de sonar lo más "cool" posible, mientras él seguía, desde afuera, haciendo ese horrible ruidito en nuestra carpa.
- ¿Adónde está? - fue la lógica pregunta.
- Adentro... - dije yo calmadamente, queriendo decir "adentro de nuestro lugar de camping", pero mi señora, con esa lógica tan especial de las mujeres, entendió que yo había querido decir "adentro de la carpa".
- ¿¡ADOOOONDEEEEEEE?!?! ¿ADENTROOO?!?! - fueron los gritos que escuché con tremenda fuerza en esa fría noche primaveral. Lo que es el mapache me imagino que todavía debe estar corriendo, ya que no volvió a hacer más ruiditos ni volvimos jamás a saber de él.
Entre los animalitos con los que vamos a compartir el camping, no olvidemos a los insectos, parte infaltable de este contacto con la naturaleza. Debemos familiarizarnos con la mosca azul (moscus azulis jodíviris), el zancudo (patislargus sanofabitchus canadiensis) y la mosca negra (bichitus malditus caníbalis). Todos ellos friegan de alma, pero he observado que, a diferencia de sus parientes latinoamericanos que son muy "abusados" como dirían los mejicanos, muy vivos, la mosca y el zancudo norteamericanos son los insectos más idiotas que he visto en mi vida.
En Latinoamérica, para matar una mosca, se necesita una pericia increíble, la velocidad del Correcaminos y un cinturón negro de Karateka ya que nuestra mosca latina se mueve incansablemente en todas direcciones, se pone atrás de uno, se queda inmóvil, esta acá, se disfraza de manchita, vuelve a cambiar de sitio, está allá, rapidísimamente. Luego se queda tranquila, y se frota las patitas con una sonrisa de costadito, mientras se soba la cabezota, y cuando uno le pega el soplamocazo confiado, ella vuelve a salir velozmente, escapando con su zumbidito característico, que pareciera que se ríe. El zancudo nuestro, por su parte, ataca en la noche, mientras uno duerme y si prendemos la luz, se desaparece de tal manera que uno pega la cara a la pared para ver si lo distingue en algún lugar, y nada. De patas mucho más pequeñas que sus colegas canadienses (parte del choque cultural, estos bichos), el zancudo latino es mucho más astuto.
Pese a su lentitud, hay cierta hora, en que hay que protegerse de los miles y miles de zancudos que aparecen cual Dráculas cuanto oscurece. El repelente ese que uno se echa en el cuerpo, solamente sirve de aderezo, para darnos más sabor.
Finalmente, quisiera recomendar los parques provinciales que cuentan con baños civilizados. Para los aventureros de corazón, que quieran experimentar con los huecos en el piso, y el abrazo total de la Naturaleza, aún en sus momentos más íntimos, La salsa de la vida les recomienda el libro de Kathleen Meyer titulado "How to Shit in the Woods", de 10 Ten Speed Press, Berkeley, California, edición revisada 1994. Ni siquiera voy a traducir el título, ya que el verbo utilizado por Kathleen puede impactar algunos lectores de estómago débil, o fuerte, no sé. El libro describe cómo (eufemísticamente hablando) "ir al baño," en lugares donde no hay inodoros. Es increíble que un libro con lenguaje tan franco se haya podido imprimir. Por ejemplo el capítulo 6 se titula "For Women Only: How Not to Pee in Your Boots", osea "Solo Para Mujeres: Cómo No Pilarse en Sus Botas". Yo creía que todos los libros habían ya sido escritos hasta que encontré éste. Una joyita.
Pero dejemos de lado los desagradables estudios en los que parece deleitarse doña Meyer. No te pierdas las delicias del camping, de los lagos, de las parrilladas al aire libre. ¡Viva la aventura! ¡Arriba la Naturaleza!
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