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La salsa de la vida
por Guillermo Rose
Publicado: 28/Feb/2008


Un lindo viaje
Capítulo 3
Disfrutando mi Tesoro

Ver a la gente del colegio San Agustín de Lima cuarenta y cuatro años después de haber terminado juntos en la misma promoción es muy emocionante. Aparte de lo agradable que es ver a los amigos con los que uno aprendió a jugar fútbol en el patio del colegio con una pelota de trapo o, en el peor de los casos, con una chapita rellena de barro, este reencuentro también puede ser una experiencia alucinante. Y es que, después de habernos visto envejecer frente al espejo y engordar sobre la balanza día a día por decenios, nos encontramos que, pese a lo sexagenario que está uno, es cierto el dicho: Nunca falta un roto para un descosido. Mientras que algunos de la promo se han mantenido en óptimo estado físico, hay algunos que están más gordos o que se les ve más viejos que a mí.      

- Oye Johnny, ¡cuidado cuando digas que has venido de Canada! – dice el gordo Silvio. Ríen todos.

Es la jerga de la jerga. La ‘cana’ es la cárcel. Mandar a alguien a la cana es mandarlo a la cárcel. De ahí ‘cana’ se convirtió en Canadá. Entonces decir que alguien ‘está en Canadá’ puede querer decir que la persona está en la cárcel y decir ‘vengo de Canadá’ puede interpretarse como ‘vengo de la cárcel'.

- ¡Johnny era honrado antes de irse! ¡Ahora ha regresado hecho todo un cuentista! –bromea la Mosca, con su gran sonrisa, al mismo tiempo que me palmea la espalda con tanta fuerza y entusiasmo que casi me voltea la copa de vino.

Es admirable que nadie haya perdido el sentido del humor. En general parece que los caracteres, con contadas excepciones, siguen por el estilo. Claro no están todos los que deberían estar. De una promoción de más de setenta que egresamos en 1963, solamente unos 30 nos mantenemos en contacto, esa noche seríamos unos quince. Bromas van, bromas vienen, conversamos de lo lindo que está el balneario de La Punta, del tráfico congestionado de la ciudad, de si las cosas han mejorado en Lima o no, de lo deliciosa y extrañable que es la comida peruana, de los curas del colegio, algunos que ya están mayorcitos, no faltaron temas de conversación. Después nos envolvemos en una comilona de chanchito que fue una gloria para el colesterol malo, el cual yo traté de contrarrestar con unos cuantos vasos de vino tinto, que, no me malentiendan, lo tomo solamente por sus propiedades curativas.

De repente Oto, que es una especie de ‘presidente’ del grupo, es el que toma la palabra.

- ¡Atención por favor! ¡Atención por favor! – se hace el silencio en medio de algunas sonrisas de los que saben lo que se viene -Johnny, habiendo cumplido sesenta años este año, la promoción 1963, quiere esta noche homenajearte y entregarte un recuerdo –tomó en sus manos una caja -que la promoción solamente entrega a sus más destacados miembros.

- El buen Oto circulaba entre los miembros de la promoción presentes quienes no hacían el menor ruido a la vez que no soltaban sus respectivos vasos de whisky o sus copas de vino.

- Tengo el gusto de entregarte a nombre de todos los presentes y ausentes miembros de la promoción 63 –abrió la caja- este premio de cristal cortado –se acercó y me lo entregó- al que llamamos “la pre-lápida” -.Pude ver un trofeo en el que se leía “La Promoción 1963 a Juan Arturo Canuvian Zapata, al cumplir sesenta años, nacido el 22 de agosto de 1947” -. Es una lástima que tu señora no se encuentre presente ya que quisiéramos explicarle que aparte de su belleza estética, este trofeo lo puede ella usar cuando se despierte en medio de la noche y no te escuche roncar como de costumbre, para que te lo ponga frente a la nariz. Si emites vaho quiere decir que sigues vivo, sino que ya te enfriaste – esto último causó muchas risas incluidas las mías.

- Queridos amigos de la promoción – creí que me tocaba agradecer públicamente- muchas gracias por este lindo regalo, esta pre-lápida. Yo me encargo de contarle a mi mujer cómo utilizarla. Dado que viene de ustedes, pueden tener la certeza que va a ocupar un lugar preferente en mi casa, probablemente junto a la máscara de Caretas. ¡Les agradezco a todos y salud!

La noche era joven y luego de los discursos continuaron las conversaciones, la chacota y el vicio. No me enteré esa noche de las situaciones personales ni económicas de estos amigos, ni ellos se enteraron de las mías. Nadie me preguntó por mi trabajo ni yo les pregunté por el de ellos y a ninguno tuve que darle mi tarjeta de presentación del Banco ni a ninguno pedí la suya.
Fuimos otra vez por unas horas, un grupo de inmaduros amigos, compartiendo un momento agradable, tomándonos el pelo y riéndonos de los otros y de nosotros mismos, no hubo ni señorones ni arribistas. Solamente un grupo de “patas” compartiendo unos tragos y unas bromas en el Oasis del Camello.
Antes de dejarme en el departamento, el Gringo Pepe me invitó un capuchino en el Haití, donde conversamos por un par de horas, como si nos hubiéramos visto la semana anterior y no años atrás.

Para los lectores que a veces se preguntan qué será de sus amigos de la infancia o de su juventud, les aconsejo tomar la iniciativa y buscarlos. No esperen. Y para los más jóvenes que aún siguen en contacto con sus amigos, aprovechen esa amistad ya que luego en la vida se van a dar cuenta que esa clase de amigo que se consigue cuando uno es muy joven hay que saberlo conservar.  Esa clase de amistad no puede ser adquirida con el dinero y florece cuando niños o cuando jóvenes. Se adquiere compartiendo años de vida en plena formación de nuestras personalidades. Y esto, queridas lectoras, queridos lectores, es un tesoro escaso y valiosísimo que debemos valorar y resguardar.


El capítulo 4 versará sobre manejar en Lima.


* * *




Escríbale un correo electrónico directamente a Guillermo Rose a guillermo@torontohispano.com

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