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Partir antes de tiempo
En memoria de Sebastián Suárez Barrios
“Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé,
golpes como del odio de Dios…”
César Vallejo
Los heraldos negros
HHay muchísimas maneras de definir la felicidad ya que cada persona tiene su propia forma de ser feliz. Para unos la felicidad reside en la posesión de objetos de valor, de casas, de automóviles de lujo, de joyas. Para otros puede estar en ser capaz de expresarse mediante las artes plásticas, la música, la literatura. Para algunos ser feliz consiste en servir a los demás. Y así debe haber innumerables maneras de definir la felicidad, probablemente tantas como seres humanos hay en el mundo.
Para mí la felicidad se consigue simplemente viviendo cerca de los seres que uno ama y de los que lo aman a uno. Para los que compartan esta sencilla definición de felicidad será fácil comprender lo que sintieron nuestros padres cuando nos alejamos de ellos al venir a vivir acá, y lo que sentimos ahora nosotros cuando nuestros hijos se van a vivir a ciudades alejadas, persiguiendo sus propios sueños, tratando de alcanzar sus propias quimeras. “Tus hijos no son tus hijos, son los hijos e hijas de la vida” es una de las verdades que nos regala Kahil Gibran Kahil en El profeta. Es posible que a todos los que tenemos hijos nos llegue o nos haya llegado ya el momento en que tenemos que afrontar esta verdad. La partida se inicia el día en que la hija o el hijo se da cuenta que es capaz de tomar decisiones sin consultar para nada con sus padres. Y mientras esa separación suceda dentro de tiempos “razonables”, todo va bien, es la ley de la vida.
Mientras que puedo comprender fácilmente el dolor o la infelicidad producida cuando uno de nuestros hijos se aleja de la casa -yo he inflingido y más tarde he sufrido ese dolor-, es imposible poder sentir el inmenso dolor producido en un padre o una madre, cuando uno de sus hijos trágicamente se les adelanta en ese viaje a la desconocida eternidad que todos tenemos que realizar alguna vez como nuestro ultimo paso por este mundo. Es pues un dolor imposible de comprender, ya que, sin que lo discutamos o pensemos en ello, nosotros queremos partir de esta vida antes que nuestros hijos, queremos que ellos puedan desarrollar su ciclo vital completo y, estoy seguro, seriamos capaces de dar nuestras vidas si con ello pudiéramos prolongar la de ellos. Mas la realidad no es así. El destino, el a menudo incomprensible designio divino, a veces nos niega esa capacidad de decisión, y con monstruosa crueldad, alevosía y ensañamiento, nos arrebata como ave de rapiña la preciosa vida de nuestros hijos.
Sebastián Suárez Barrios nació en Lima, Perú. Culminó su Bachillerato de Artes en Literatura en Español y Filosofía en la Universidad de Guelph. Estudió en la Universidad de Málaga, España durante un año. Estudió su Maestría en Literatura Latino Americana en la Universidad de Toronto. Desde 1999 fue profesor de lenguaje, asistente de investigaciones, intérprete y traductor. Estaba estudiando su Doctorado en la Universidad McGill en Montreal, a la vez que enseñaba algunos cursos. Ávidamente interesado en literatura contemporánea y películas de España y Latinoamérica, etnografía colonial y teoría literaria.
Conocí a Sebastián hace varios años y, en las pocas veces en las que conversamos en persona o nos comunicamos a través de la Internet, pude entablar con él una amistad que considero única y diferente a la que tengo con los otros hijos e hijas de mis amigos. Es que con Sebastián podía conversar de literatura en general, de literatura latinoamericana en particular, podíamos discutir de las formas de escribir cuentos que han hecho famosos a tal o cual autor, podíamos hablar del valor del idioma castellano en un medio anglo como el nuestro y fue el único joven, al que le regalé mi libro de cuentos “Una pequeña duda” autografiado, ya que mostró genuino interés en él, y al que pedí que enviara alguno de sus inéditos relatos al concurso nacional de cuentos que organizo ya tres años seguidos. Nunca lo llegó a hacer. Publiqué en canuvian un hermoso poema dedicado a su madre que el había escrito estando en España. Ocasionalmente nos hacía reír mucho con su sentido del humor a veces ruidoso, a veces frenético, pero siempre inteligente, siempre fresco, siempre agradable.
Se ha ido, pues. Ha partido antes de tiempo. Nos ha dejado así, calladamente, sin previo aviso, sin que podamos celebrar sus logros alcanzados ni que le podamos decir lo mucho que le queríamos, lo mucho que le admirábamos. Se ha ido dejándonos recuerdos de su risa y de su sonrisa y el sinsabor de no tenerlo cerca más. Se ha ido cuando no le tocaba irse, antes de tiempo, dejando inconcluso muchísimo de lo que tenía por decir y por hacer.
Y en momentos así de injustos, nos preguntamos coléricos si Dios es cruel o si de repente se distrajo por un momento y permitió que algo así sucediera.
Mas tenemos que seguir. En estos casos el único que puede disminuir poquito a poco esta angustia, esta frustración es ese viejo conocido, en este caso nuestro aliado, que se llama ‘tiempo”. No es posible dejar de sentir dolor por una pérdida tan grande, pero con el paso del tiempo y la cercanía de otros seres queridos nuestros, podemos obtener una especie de bálsamo milagroso que nos ayude a cicatrizar la herida, en este momento en carne viva.
Podemos rezar por el bien de Sebastián en esta nueva vida que ha empezado, recordar sus momentos alegres, su risa franca, de repente es nuestra esperada oportunidad para descubrir y publicar lo suyo inédito. Podemos tener la ilusión que todos inexorablemente partiremos, y consolarnos con la esperanza de que ese simple concepto de felicidad que consiste en tener cerca a los que queremos y a los que nos quieren, podrá lograrse en el futuro cuando nos juntemos nuevamente en esa otra vida que paciente nos espera.
Guillermo Rose es un escritor peruano, reside en Markham, Ontario.
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Escríbale un correo electrónico directamente a Guillermo Rose a guillermo@torontohispano.com
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