¡Qué tales pulmones!
Muchos peruanos en el mundo, de diversas maneras, estamos tratando desde hace años de mejorar la imagen del Perú y la de los peruanos. Es una especie de misión, no muy fácil, que nos hemos infringido por el amor que le tenemos a la patria lejana.
Se presentó en Lima la exposición "El cuerpo humano, real y fascinante", del artista alemán Gunther von Hagens, una muestra polémica por utilizar cadáveres humanos totalmente muertos, como piezas de exhibición. A pocos días de iniciarse la muestra en Lima, la compañía Impacto Producciones, cuya gerente general es Susan Hoefken, con una cara de monga única, denuncia públicamente que se han robado un pulmón. Que a ella, como peruana, le da vergüenza que esto haya ocurrido por primera vez luego de decenas de ciudades en el mundo donde los muertitos han ido exhibiéndose completitos, con o sin piel, por partes y cucharadas. Ofreció una recompensa de $2,000 si alguien daba cuenta del órgano en mención que dijo “no vale nada”.
El “robo” del rejodido pulmón, dio la vuelta al mundo dejando al Perú y a los peruanos más cochinos que calzoncillo de microbusero. Noticia mundial, global, comidilla de la Internet, del Facebook. Es el colmo, dijimos. Solo en el Perú, chillamos. No nos extraña, dijeron los extranjeros que se sienten superiores y más civilizados, pues.
Pasan 48 horas del anuncio y ¡zás!, pues hombre ¡qué apareció el pulmón!, intacto, tan horrible como cuando se lo “robaron”, limpiecito me imagino que el anterior propietario no era fumador. Según la misma Susan –no es Susana, sino Susan- el órgano, que parece un pan francés frío, apareció como por arte de magia, en un estacionamiento cerquita al museo. Nadie había pedido la recompensa.
Quince días después de esta mini telenovela a nivel mundial, el programa de la TV peruana Prensa Libre y los diarios peruanos, entre ellos El Comercio, denuncian que el robo es una farsa, un montaje. Que Susan había tenido la idea de anunciar un falso robo del pulmón para publicitar la exhibición y claro, vender más entradas. Hay comunicaciones electrónicas que demostrarían que Susan, cagándose de la risa, habría pues organizado todo esto, mientras tenía el pulmón guardado quién sabe dónde, probablemente en su cartera, lugar donde –ya sabemos- las mujeres guardan las cosas más increíbles y no me llamaría la atención estuviera el pulmón junto con llaves, tijeritas, “tissue paper” 23 tarjetas de crédito, pañuelo, un detente de San Francisco de Asís, un frasquito de perfume, el brevete, el DNI, un rosario en su cajita de metal, y otros objetos indispensables más.
Desde los ministros de Justicia y de la Producción hasta el último peruano común y silvestre han protestado del daño que nos ha hecho nuestra –difícil de creer- compatriota Susan Hoefken, diva del Marketing engañoso.
La policía ha citado a la empresaria, mas ella no acudió. Hoefken, en momentos de escribir este artículo, es investigada por los presuntos delitos de falsa denuncia y falsedad genérica, que llevan una sanción de hasta cuatro años de prisión. Si Susan no se presenta a las citaciones, se le puede declarar “no habida” –como ella declaró al pulmón- y darse orden de captura en su contra.
Espero que, al igual que el pulmón ese, Susan también aparezca en algún estacionamiento cercano a la División de Investigaciones Criminales del Perú. Propongo que le den arresto domiciliario, y que se le condene a ver telenovelas peruanas sin parar por los próximos cuatro años. ¡Habrase visto! ¡Qué tales pulmones!
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