La salsa de la vida
por Guillermo Rose
Publicado: 12/Agosto/2009
La penúltima mudanza

Nos mudamos de un townhouse de 3 pisos a un bungalow (un piso), dentro del mismo vecindario. Necesitamos el bungalow, ya que a estas alturas del partido subir y bajar esa cantidad de escaleras había pasado de ser un ejercicio cuando teníamos 50 años de edad, a una tortura china ahora que pasamos los 60. Sobre todo que con la pérdida de memoria instantánea, a veces bajaba del tercer piso hasta el basement solo para darme cuenta de que:

a. No sabía para qué diablos había bajado.
b. No tenía mi celular conmigo y lo necesitaba porque teníamos que ir a la calle, y
c. El celular lo había dejado en mi cuarto, o sea ¡en el tercer piso!

Estoy como esa señora –caso real- que iba embalada y el policía la para por exceso de velocidad.

-Señora ¿porqué va tan rápido?
-Ay jefe, porque si no llego pronto, ¡me olvido adonde estoy yendo!

Aparte de esto, mi señora ha desarrollado un problema que le resta equilibrio al caminar, por lo que el asunto escaleras todo el día se había vuelto de miedo.

Así que compramos un bungalow en una comunidad cerrada para mayores de 50. Es un condominio lleno de bungalows por todos lados. Tiene un 'club' central con piscina bajo techo, gimnasio y un gran piano. Además tres otros centros comunitarios con sitios para hacer fiestas o comidas, hay tres piscinas al aire libre, tres canchas de tenis y otras cosas por el estilo. Moza le había echado el ojo a este sitio hace quince años cuando lo empezaron a construir, pero éramos demasiado chibolos para poder comprar algo acá. Esa es la historia de la mudanza.

Dada la cantidad de cosas –empacadas en cientos de cajas- que hemos acumulado, la mudanza ha sido una pesadilla. Empacar fue un infierno y ahora desempacar -pardon my French- es una mierda. No encontramos nada de nada, hemos tenido que mudar paquetes que le pertenecen a mi hija Cecilia quien nos prometió "ya los voy a revisar cuando vaya a Toronto", pese a que ella no vive hace trece años con nosotros, ha venido a Toronto un montón de veces y nunca pierde su tiempo en revisar sus archivitos, cajas de cajas de cajas de cajas, cajitas y cajotas de todos tamaños, formas y contenidos, ¿dónde está el cargador de la batería del destornillador automático? Nos faltan cubiertos, específicamente tenedores, creo que hay que comprar, estamos armando la base del nuevo televisor y usamos unos tornillos incorrectos, ¡se han roto!, la huevada está toda floja, hay que devolverla, maldita sea, dónde está la factura que la acabo de ver hace un par de días, no se han querido llevar la caca de Máximus el perro, ya que creo que usamos las bolsas incorrectas, no las adecuadas estándares pro-caca-de-perro, o de repente en esta comunidad la caca del perro no va en el recipiente verde sino en la pura bolsa de basura, mi hijo Allan perdió la calcomanía de ingreso para el carro que levanta la valla de la puerta al escurrírsele entre la ventana del carro y el dashboard de su Volkswagen, se fue hasta abajo, le costaría unos 300 dólares que la Volkswagen encuentre la calcomanía abre puertas, así que vamos a tener que hablar con Enza la italiana de administración del condominio que siempre me mira como si yo fuera un tarado que no sabe nada, no encontramos donde michi están las cajitas del correo pese a que nos dicen que la nuestra es la casilla 39 pero hay tres sitios donde hay casillas de correo, ¿dónde está la 39 nuestra? ¿qué hago? ¿le pregunto a Enza? Ni hablar, eso le confirmaría que soy nada más que un idiota, seguiré buscando, me duelen las patas y el costado derecho de haber levantado tanta caja, tengo que tomar el Ginko Bilova para la memoria pero no me acuerdo dónde está, claro, si me acordara no lo necesitaría, Moza se cayó en el basement y se araño el costado de la barriga con un fierro que me había dicho que me tenía que deshacer de él (o sea, para variar, es mi culpa), Moza finalmente armó el mueble, ya no hay que devolverlo, no sé donde están los pañales de Máximus, se los ponemos no a él sino al piso para que el perro se haga la pichi en ellos, tienen un atractivo pilófilo tremendo, ahorita se hace la pila en la alfombra de la sala, y su pila es horrible, perderemos 10,000 dólares del precio de la casa por cada pichi que se haga, tengo que encontrar los pañales, hay que ir a la otra casa, la que vendimos a dejar las cosas en orden, que tal suerte de estos muchachos que han comprado la casa nuestra ya que les dejamos muebles del backyard, flores –que me ardió pagar $75 por los 4 rejodidos maceteros colgantes hace un mes, pero no tenemos donde diablos ponerlas en la nueva casa, les dejamos el barbecué ya que ese está viejito y esta es mi única chance de comprar uno nuevo, conocimos a uno de los vecinos, es realmente mayorcito, su placa del carro dice WW2 VTRAN, World War 2 Veteran, así que le pregunté si era veterano de la Segunda Guerra Mundial y me dijo que sí, que en ese tiempo él ¡volaba Spitfires para la Real Fuerza Aérea Canadiense!, me incliné y le dije que un honor conocer a un veterano que era la primera vez en mi vida que conocía en persona a uno de verdad se sonrió, dijo no big deal y siguió regando sus rosas como si nada, el Spitfire es el avión legendario el único capaz de competir con los Messerschmitts alemanes durante la terrible Batalla de la Gran Bretaña, y ahí está el expiloto que imagino se bajó varios aviones alemanes, regando sus rosas, y yo orgullosos de haber trabajado 28 años para un banco, el fax no funciona ya que no hay enchufe de teléfono en ese lado y tengo que ponerlo ahí porque tiene que estar conectado con el computador, recién me doy cuenta que no encuentro mis calzoncillos limpios, mañana lunes tengo que ir a dar un curso y estamos domingo en la noche, las tiendas están cerradas, para qué diablos nos mudamos carijo, el perro me mira como diciendo ¿papá, me cago acá en la alfombra?, corro a buscar la correa del perro para sacarlo, no la encuentro, lo arrastro afuera por el pescuezo mientras le suena un ruido raro en la garganta, no hace nada, maldita sea, vamos adentro de nuevo, nos damos cuenta que no tenemos sábanas King para la cama descomunal que acabamos de comprar, ay, aya, ya, yay, cantaba, lo que es el televisor nuevo no lo conecto hasta que se me quite este dolor de miércoles en el costado derecho, esto es una pesadilla, no hay nada que hacer, decido que ésta es mi penúltima mudanza porque lo que es de aquí al único otro lugar que me mudan será al camposanto.





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