Conociendo a: Esmeralda Enrique y su compañía de danza "Spanish Dance Company"
Esmeralda Enrique se prepara para celebrar a lo grande 25 años de su Escuela de Danzas Españolas
Es evidente el amor y la pasión que una persona siente por lo que hace por el brillo de sus ojos y el entusiasmo con que habla del tema cuando uno sostiene una conversación con ellos. Este fue el caso de Esmeralda Enrique, bailarina y maestra de danzas españolas, cuando nos sentamos a charlar sobre estos bailes, el 25 aniversario de la Spanish Dance Company (Escuela de Danzas Españolas), y sobre su vida y el papel vital que el baile español ha jugado en ella desde su infancia.
Ya son 25 años que Esmeralda Enrique y su Compañía de Danza han deleitado a la audiencia canadiense con sus flamencos y sus bailes clásicos españoles. Y este acontecimiento piensa celebrarlo a lo grande con un recital de baile en el Premiere Dance Theatre en Harbourfront, desde el 29 de Noviembre hasta el 2 de Diciembre. Este concierto promete ser un recuento de los 25 años, pero incluyendo nuevas coreografías con lo mejor del baile Clásico Español y el flamenco.
Esmeralda tiene preparadas un par de sorpresas para esta tan importante ocasión, nos cuenta. Traen artistas invitados desde España: el guitarrista José Valle “Chuscales”, Francisco Orozco, “Yiyi”, “cantaor” y percusionista, y el “bailaor” Francisco “Nano” Mesa.
“De bailes,” nos dice Esmeralda, “lo que nunca hago en mis presentaciones anteriores es hacer dos números solos. Nunca hago dos, hago uno. Uno va a ser Clásico Español, un baile que he bailado toda mi carrera pero nunca en la presentación anual.” Se refiere a La Boda de Luis Alonso, una pieza orquestada proveniente de una zarzuela. “Mi segundo número es un ritmo, un palo que he hecho antes, El Suspiro del Moro.” Por este baile fue nominada a un Dora Mavor Award. Esta vez nos ofrece una reinterpretación del exitoso número que presentara por primera vez hace cinco años.
Esmeralda no se esperaba que iba a estar en esto por 25 años. Empezó su vida en la danza cuando era muy niña. Su madre, que era una amante asidua del arte, la crió a ella, a sus 6 hermanas y 3 hermanos, siempre envueltos en la música. Hacían shows en su casa, o en su patio, en Texas, acompañados de sus primos y amigos. “Ha sido siempre una cosa muy natural para nosotros el cantar, bailar, recitar poesía, actuar. En ese tiempo no teníamos juguetes, entonces con eso nos entreteníamos,” recuerda.
Se va a España a estudiar, siendo todavía una adolescente y a los dos meses de estar allá la contratan. El shock de vivir, estudiar y actuar en España fue bastante grande, habiendo bastante diferencia de las cosas que ella había aprendido a como bailaban en España. Un tiempo después le ofrecen un contrato para venir a bailar a Canadá. “Me Salió un contrato en Canadá. Vine con la intención de regresar después de seis meses. Pero conocí a mi futuro marido y me casé aquí.”
Se establece y empieza a entrenar a bailadoras, cosa que no fue nada fácil. “Fue difícil al principio porque no habían sitios para poder presentarse y tuve que empezar una escuela para poder entrenar a gente. Poco a poco la compañía empezó.”
Su intención original no era empezar una escuela de flamenco. “La escuela vino porque, al presentarme en varios sitios, alumnas del flamenco y personas interesadas me pedían clases. Entonces empecé a alquilar sitios por hora en diferentes estudios para dar clases. Y resulta que yo tenía más horas que los dueños de los estudios. Y así surgió que un día, en un estudio donde estaba alquilando la dueña misma me dijo, ‘Mira, tu estás aquí más que yo. Porque no me compras el negocio?’”
Ella aceptó y así se dio la transición para tener la escuela. Era muchísima la demanda, y a veces sentía que no le alcanzaban las horas para darse abasto con la cantidad de estudiantes que deseaban aprender los bailes españoles. Mientras enseñaba, ella también mantenía su creatividad viva haciendo recitales y presentaciones.
Ha sido difícil, reconoce, pero a la vez muy satisfactorio haber mantenido la escuela por estos 25 años que ha estado en funcionamiento. Han sido muchísimos los momentos memorables que ella conserva de estos años.
”Muchos momentos memorables suceden aquí en el estudio,” comenta, “porque se trabaja con personas muy talentosas. Se ven cosas muy buenas, que no siempre el público lo reconoce. Nosotros, conocemos el arte, conocemos la dificultad que hay en hacer ciertas cosas, lo bonito que sale una cosa y lo que cuesta llegar a ese punto y el trabajo que tenemos mes tras mes tras mes. Eso es lo que me inspira y sé que no hay un fin para seguir aprendiendo. Eso me gusta, que veo a gente quiere aprender, y aunque logran hacer algo bien, siempre están tratando de mejorar y ampliar sus conocimientos.”
A la vez, han tenido tropiezos, como cualquier empresa que inicia de la nada. Cuenta Esmeralda que al principio rentaban otro espacio, el que les pidieron que desocuparan porque a los inquilinos les molestaba el ruido. Les dieron solamente un mes para que dejaran el lugar. Pero como suceden las cosas que convienen, su marido iba caminando un día de casualidad por el edificio de 401 Spadina, miró un rótulo que decía “For Lease” y entró a preguntar.
“Aquí no había nada, nada,” recuerda Esmeralda. “Estaba todo deshecho, cables colgando, no habían ni paredes.” Les dieron un buen precio, un contrato largo, y ellos no querían pasársela mudándose de un sitio a otro. “Nos salió muy, muy bien porque es un edificio muy artístico, la zona muy bonita; los inquilinos también muy agradables.”
25 años más tarde, y habiendo descubierto en el camino que disfruta muchísimo tanto el ser artista como el ser maestra, Esmeralda dice sentir incluso más pasión por enseñar que cuando inició la compañía. Espera con ansiedad cuando es tiempo de iniciar una clase nueva de principiantes. No halla las horas de conocer a los nuevos alumnos, para ver quien de ellos va a llegar lejos en su arte. “Me encanta descubrir esa pasión y ver como lo descubren en ellos mismos.”
Tiene estudiantes para quienes el flamenco se ha convertido en su pasión, y ella disfruta enormemente viendo su progreso y dedicación. Y también tiene estudiantes de todas las edades e incluso de todas las nacionalidades. No es un requisito, dice Esmeralda, ser de origen Español para aprender y disfrutar enormemente de esta danza.
Para los que piensan que no ser Español es un impedimento, Esmeralda comenta, “es una pena porque la de gente que ha entrado por estas puertas y me dicen, ‘toda mi vida, hace años que quiero tomar clases.” Y les digo, ‘pues que pena que no empezó antes porque más tiempo lo hubiera tenido para disfrutar.” “Es un baile difícil. No es fácil. En un año apenas, apenas se empieza a entender y saber algo. Se requiere años, años de práctica. Una vez que después de algunos años uno ya entiende algo, uno dice, ‘Si, ahora entiendo que no sé nada,’ por lo mucho que hay que aprender.”
La compañía de danza, a su vez, se mantiene al día de los cambios artísticos que se van dando en la madre patria gracias a los avances de la tecnología, con la internet y los videos. “Ahora podemos ver como van las tendencias,” dice. Ha modernizado de alguna manera sus bailes, e incorpora elementos en las coreografías inspirados por todo lo que la rodea en Canadá. “A mí me influye todo lo que tengo a mí alrededor. Me inspiro mucho con todo: con el ambiente, las flores, los árboles, las personas, los colores, la música, la comida, los sitios. Me inspira todo: la literatura, la arquitectura, puntos históricos, momentos históricos. Todo me inspira. Y trato de ver como podría yo traducir esto en un baile flamenco, que no sea actuando sino bailando.”
Es una gran admiradora de artistas como Carmen Amaya, a quien dice admirar muchísimo no solo por su arte, que la hizo famosísima por todo el mundo, sino por su humanidad y su humildad. Aunque su admiración no se enfoca solamente en artistas de baile español, nos dice.
“Por ejemplo voy a ver a Peggy Baker, una bailadora contemporánea canadiense,” recalca. “La veo y digo, ‘que bonito, que plasticidad, como se mueve, que fuerza tiene. Eso me alimenta. Aunque no hago lo que ella hace, pero en mi mente veo un movimiento que ha hecho con una cierta música, y el acento en que lo puso, y yo digo, ‘lo puso en un acento que, si yo estuviera bailando allí, yo no lo hubiera hecho. Una forma distinta de sentir un acento.”
Con una carrera tan larga y exitosa, obviamente existen momentos en que la creatividad pareciera truncarse. Esmeralda dice combatir esto viajando a España para refrescar los conocimientos. “Yo viajo a España y veo cosas nuevas y vuelvo con ideas frescas. O invito a personas, maestros, que vengan aquí. O me deshago de aquí, porque a veces hay que deshacerse de todo. Incluso si no es flamenco, pero ir a otros sitios, conocer otras cosas, eso también te influye, me alimenta.
Contrario a lo que yo me imaginaba, Esmeralda comenta que el flamenco en sí no cuenta una historia, sino que transmite emociones a través de la música y el baile. Me intriga saber como interpreta la audiencia y si reciben lo que el artista de baile flamenco les da.
“El baile, la música es universal,” comenta Esmeralda. “El flamenco tiene cierta característica de Español. Pero lo que transmite es una emoción y eso lo siente todo el mundo. Ahora, no a todas las personas les gusta el baile, la música. Pero personas que van a ver presentaciones de esta forma ya están un poco predispuestos a recibir: a ver cosas y querer entender. Si están abiertos a recibir, recibirán lo que nosotros transmitimos.”
Una buena y exitosa recepción la siente el bailador a través del aplauso del público. “Yo también siento cuando el público está allí, conmigo, con nosotros. Aunque no entiendan las palabras, el cante del flamenco llega al alma. Más que al corazón, llega al alma; llega a un sitio muy humano.”
Siendo que Canadá es un país en el que se apoya mucho el arte que traemos todos de nuestros países de origen, este no es un mal lugar para desarrollar a plenitud el talento. Sin embargo, existen elementos que impiden una realización plena y total. En el caso del baile español, lo único que les hace falta es tener cantaores de calidad. “Entonces tenemos que crear ese ambiente que no tenemos,” confiesa Esmeralda, lo cual hacen invitando artistas que vienen desde España. Este elemento es vital, porque los cantaores les dan a la guitarra y los bailarines la pauta para realizar sus movimientos y la intensidad de los movimientos. Es un trabajo en conjunto y de complementación.
Es un poco frustrante, confiesa ella. “Quizás para un público les parezca bonito, pero para los artistas estamos como cojos. Sin embargo, uno hace lo que puede con lo que uno tiene a mano y lo que puede hacer.”
Y en el futuro? “En un momento dado, el cuerpo dice ya no más. Gracias a Dios, todavía no estoy en ese punto,” dice con una sonrisa. Su deseo más grande es continuar difundiendo el arte, ampliando los conocimientos del público en general para que cuando vean buen flamenco, lo reconozcan. Desea llevar a la compañía muchísimo más lejos. “Tengo bastantes alumnos que pueden llegar a un punto muy avanzado, muy profesional.”
Además, todavía siente que le falta mucho camino por recorrer. “En mis más de 40 años de profesión, sé que todavía hay cosas que no he hecho en el baile, bailes que no he hecho, pero porque no ha sido mi tiempo de hacerlos. Hay ciertos bailes que requieren una madurez. Hay bailes que son muy profundos, sentimentales. Una persona sabia te puede decir mucho en dos palabras, te lo dice en dos movimientos. Eso es lo que se aprende en el flamenco: las personas tenemos poderes de comunicación que no siempre hay que gritar.” En el flamenco, al igual que en la vida, dos palabras bastan a veces para llegar al alma.
Me despido cuando ya Esmeralda está en medio de una práctica con sus otras bailadoras. Ya para este momento, la concentración absoluta que mantuvo en nuestra charla se ha traspasado en su totalidad al ensayo que realizan, ya que su celebración del 25 aniversario se les viene encima pronto. Ya ella y sus bailarinas están en otro mundo, y yo prefiero dejarlas, envueltas por la magia del flamenco. Me retiro tratando de no interrumpir y asi empiezo a marcharme, me acompaña el eco del taconeo rítmico por varios minutos mientras poco a poco me voy alejando del edificio que ocupa el estudio de la Compañía de Danza Española de Esmeralda Enrique.
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Publicado 20 de noviembre 2007
Fotos y Reportaje: Alma Sandoval Betancourth alma@torontohispano.com