|
Queridos amigos:
Ahora que las emociones se han calmado después de la inesperada partida de Carlos Alberto Cuevas, es tiempo de meditar sobre las cosas que su muerte nos puede haber dejado.
Es innegable que la noticia de su hospitalización primero y luego, la de su fallecimiento, impactó a todos por igual, a aquellos que estuvieron siempre cerca de él y a aquellos que a distancia, le seguíamos con sus locuras mañaneras, con sus ocurrencias y con su participación en las diferentes actividades de la comunidad, a la que él tanto quiso y apreció.
Algunas veces criticado, otras reconocido, lo que no podemos negar es que lo que sucedió ése 3 de noviembre, nos despertó de un letargo en el cual hemos estado sumidos por tan largos años.
Personalmente pude escuchar todas esas llamadas a la radio y observar la afluencia de personas a su velatorio. Allí se dieron cita todos aquellos que por muchos años siguieron paso a paso su trayectoria dentro de la comunidad. Nos encontramos con viejos amigos a los que no veíamos por mucho tiempo y esto precisamente es lo que quiero traer a colación.
Por qué esperamos hasta que algo trágico sucede para vernos las caras, para saludarnos, para saber de nuestras vidas.
Por qué no aprovechar la oportunidad que Carlos Alberto nos ha brindado, de unirnos, de acercarnos y de hacer de la nuestra, una comunidad fuerte y unida como tantas otras etnias nos lo demuestran.
Aprovechemos la muerte de éste amigo de la comunidad y hagamos algo en su memoria. Continuemos con su cometido, que sea éste su legado, pero hagámoslo ya! Para qué esperar hasta que alguien más muera. La decisión es nuestra. Formemos un frente común, dejemos de atacarnos unos a otros. Los que trabajan en una misma profesión, ya no se consideren enemigos o competidores. Hagan las paces e intercambien conocimientos, ideas y experiencias. Al final, todos seremos ganadores y Carlos Alberto, de donde
quiera que se encuentre, sabrá que su muerte no fue en vano y se sentirá contento de saber que su anhelo ha sido realizado. Unidos seremos más fuertes!.
Por: Roberto Hernández.
|