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Entre ropa sucia y ventanas de cristal:
Mientras en los Estados Unidos decenas de miles de personas se
desplazaron por las calles gritando en español “Si se puede!” como una fuerte muestra de unidad y solidaridad a las demandas de los trabajadores indocumentados, gritos que se escucharon en todo el mundo; en nuestro patio, ha resultado penoso, triste y preocupante que, en el afán de obtener el reconocimiento de la comunidad, grupos de un lado y /o de otro, estén echándose tierra entre si, olvidando en medio de esta estéril lucha las verdaderas reivindicaciones y reclamos de los inmigrantes.
Llama tan poderosamente la atención y lleva, a no pocos, a preguntarse:
Es esta la oportunidad precisa para discutir los puntos particulares por encima del bien común (la fuerza laboral)? Están realmente procurando los mismos resultados o están buscando la oportunidad de destacarse como grupos? La batalla de ahora es por ganar el protagonismo gremial o quieren unidos defender los mismos derechos de los trabajadores indocumentados? Si el objetivo básico de las marchas en favor de esta parte importante de la población que contribuye con el desarrollo de esta gran nación es el mismo, entonces, esta no es la oportunidad para dirimir quien es quien, quien representa a quien o quienes tienen menos “pajas en los ojos”.
Este es el tiempo en que todos debemos encaminar nuestros esfuerzos en búsqueda de soluciones colectivas, tiempos en el que ustedes “nuestros líderes” deben suministrar informaciones a nosotros la masa inmigrante, la gente común, los que llegamos como ustedes, con un sueño brillante, llenos de esperanzas, para que encontremos la vía correcta por donde encaminar nuestro destino.
Este es un momento crucial. Hoy mas que nunca se necesita que nuestra voz sea una y que el mensaje sea claro. No permitan que estén o estemos como las partículas de un imán roto, que nos atrae con la misma fuerza con que nos repele, en medio de este provocado limbo inoportuno que nos lleva a la inercia.
Esta no es la ocasión para tirar mas tierra ni piedras a las casas de los vecinos, porque al final de cuentas cada quien tiene algunas ropas sucias que no debe lavar en las calles y algunas ventanas de cristal que cuidar de las piedras que rebotan.
Ustedes protagonistas no olviden que somos muchos los que estamos en las gradas mirando sus movimientos y comentando sus jugadas.
Por: Keiter Feliz.
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