|
Natividad en Museo de Cera Bush de Talibán, Victoria Posh de Virgen, Vaticano de Atarlo
Diciembre. Época paz, de armonía y de festividades religiosas en la fe de los judíos, cristianos y musulmanes. Cada quien celebra en a su todopoderoso como Dios manda ¿no? Decididamente, no. El fundamentalismo cristiano de George W. Bush se empeña en romperle la madre a los musulmanes. Del otro lado del cerco, en la cuna de Cristo, los fundamentalistas israelitas amenazan con borrar del mapa a Palestina y su población. En el Vaticano, el Papa arma tempestad en taza de té inglés. ¡Curiosa modo de conmemorar el nacimiento del Príncipe de la Paz!
La verdad es que en el agitado mundo en vivimos ya no hay espacio ni para bromas. En Madame Tussaud, el famoso museo de cera de Londres, prominentes personajes de actualidad recrean el tradicional cuadro de la Natividad. La estrella inglesa del fútbol David Beckham y su esposa Victoria Posh, la ex- roquera de las Spice Girls, asumen bella y piadosamente los papeles de José y María mientras que la diva Kylie Minogue sobrevuela la escena en sensual representación del arcángel de la Anunciación. Al lado de David y Victoria -o sea María y José- aparecen espléndidos en túnicas y turbantes los Tres Reyes Magos cargando sus ofertas de oro, incienso y mirra para el Niño Dios.
Los reyes magos del museo no son cualquier mequetrefe. Esculpidos en cera los modernos Melchor, Gaspar y Baltasar definitivamente no se asemejan a los reyes de la Biblia. Los tres del museo de cera reproducen exactamente las facciones del príncipe Carlos de Inglaterra, de su Primer Ministro Tony Blair y del presidente Bush. Lucen espléndidos en sus nuevos papeles de monarcas del Medio Oriente. Es de morirse de risa. En suprema ironía del humor negro inglés, los escultores de Madame Tussaud les encajaron lujosos atuendos: reyes musulmanes o príncipes talibanes con todas las de ley.
La reacción fue inmediata. No se juega ni con el santo ni con la limosna. El Vaticano protestó la mundana caracterización en el establo inglés. Aparentemente el Santo Padre ha perdido el gran sentido de humor de su mocedad. No debería molestarse tanto. Por más de dos mil años famosos pintores y escultores se han servido de cuantos modelos tenían a su alcance para plasmar su versión propia y única del magno evento. Es así que según el continente, la época o la idiosincrasia del artista, se solía pintar a José, María y al Niño de ojos azules, verdes, negros o marrones y de tez oscura, blanca, indígena o negra y cabello azabache o rubio. En fin hay tantas representaciones del nacimiento en Belén como hay pintores. Cada uno a su caprichosa y genial manera. El nuevo giro de los ingleses no es inusual. Al contrario, la juventud de hoy, más en onda con la música pop, el fútbol y la guerra en Iraq, probablemente se identifique mejor con la moderna versión en el museo de cera que con las aburridas imágenes de las tarjetas de Navidad.
Bush, por su parte, calla. Sin duda no le caerá en gracia a su fundamentalismo cristiano que se le muestre en el museo de cera en las indumentarias de sus más acérrimos enemigos, por muy elegantes que sean y por mucho que él mismo se considere el más rey de todos los magos del cristianismo. Para peor de males coincide la apertura de la exhibición con el tambaleo de su corona. La mayoría de su corte celestial en Washington renuncia antes de inaugurar Bush la vuelta al reinado en Washington. Para Bush, a pesar del espíritu navideño, esta broma es pesada.
Desde el punto de vista de autopromoción, el novedoso pesebre de Madame Tussaud es genial. Acapara los titulares de prensa y atrae a multitudes de curiosos. Una prueba más de que, contrario a la opinión general, los ingleses poseen un agudo sentido de humor. Muy necesario en estos días de compras navideñas en que tanta falta nos hace reír, especialmente al ver la plata esfumarse en regalos para nuestras parejas, nuestros hijos, nuestros impuestos, empleados y basureros.
Hace unos días en Canadá los ingleses dejaron ampliamente establecido su chispa. Cuando nuestro Gobierno canceló los permisos de trabajo a las bailarinas exóticas extranjeras por un mal paso de la Ministra de Imigración Judy Sgro, un empresario británico de la desnudez inmediatamente ofreció enviar 400 bailarinas a Canadá para que no pasáramos las Navidades y el Año Nuevo privados de diversión adulta. Es más. Según el empresario sus bailarinas salseras son tan buenas como cualquiera, hablan inglés y no necesitan de visa para entrar a Canadá.
Sin embargo Paul Martin, nuestro Primer Ministro, no es tan liberal que se diga. Jamás respondió a la oferta del inglés. Se hace el muñeco de cera, como Bush, Blair y el príncipe Carlos. Quizá esté muy preocupado contemplando la que se le va a armar en el Parlamento en el año nuevo cuando presente el proyecto de ley para legalizar el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Al igual que el Papa y Bush, Martin no debería agonizar por detalles tontos. Hay mayores problemas en su plato político. ¡Qué será! ¡Será!
Después de todo, quizá no necesitemos bailarinas extranjeras. Aquí tenemos canadienses exóticas que hablan inglés, no requieren visa y se pelan la ropa en público sin más ni más. En un partido de hockey de la liga de Ontario para niños de 10 años, una madre alentó al equipo de su hijo removiéndose la blusa y agitando los senos a la concurrencia. El resultado fue mixto: los Toros, el equipo de su niño, resultó victorioso 4 x 0. La liga suspendió a la madre. No podrá asistir a más juegos por un año. ¡Por indecente!
Su acto acaba con la escasez de encueradas, ¿eh? El empresario inglés bien podría contratar a la madre por el año que estará libre de actividades deportivas para que despliegue sus atributos en nuestros escuálidos centros de diversión al desnudo. ¡Quién sabe! Con suerte la señora podría dedicar sus próximas navidades al Museo de Madame Tussaud, en el papel de María Magdalena. El Papa es fanático del fútbol y del jockey. Perdonaría a Beckham y a la madre. En cuanto a Bush, Su Santidad no lo soporta ni en pintura o cera. En el pesebre de Belén, Londres, cualquier cosa es preferible al Presidente.
Escrito por: Pastor Valle-Garay
Profesor, Universidad de York
pastor@yorku.ca
|